EN LA RUTA | CARHUE | #247

Recuerdos mojados

Ubicado a 512 kilómetros de la Capital Federal y a orillas de la Laguna de Epecuén,
Carhué se levanta hoy como la ciudad termal por excelencia de la provincia de Buenos Aires, tomando la posta que dejó, hace tres décadas, la desaparecida Villa Epecuén.


La ciudad de Carhué es un "lugar estratégico", o al menos así lo define su nombre en idioma mapuche. Se encuentra situada al oeste de la provincia de Buenos Aires, distando 512 kilómetros de la Capital Federal, muy cercana al Lago Epecuén, cuyas aguas tienen propiedades curativas. Problemas como la artritis, artrosis, psoriasis y diversas enfermedades de la piel, fueron tratadas allí con asiduidad a lo largo de casi más de un siglo. Estudios realizados desde 1886 en adelante explican que la altísima concentración de minerales, que la hace hipermarina, lo hacen comparable únicamente con el Mar Muerto asiático.
A mediados del siglo pasado, el poder curativo de sus aguas comenzó a atraer turistas. La llegada del ferrocarril hizo el resto. Para los años setenta, la Villa y su lago eran un paraíso turístico plagado de hoteles con baños termales y piletones de barro con propiedades curativas. Pero de aquel oasis turístico solo quedan los recuerdos y algunos edificios en ruinas. Han pasado ya casi 30 años desde que un simple terraplén de tierra y piedras, construido a fines de los setenta, cedió ante el enorme caudal de agua. El 1 de noviembre de 1985 la ciudad termal de Villa Epecuén, la de las "aguas buenas" en el idioma de los ranqueles, se convirtió en una Atlántida bonaerense.
La Laguna Epecuén es la última de las Encadenadas, un sistema cerrado en el cual el agua de una laguna drena sobre la siguiente. La desidia institucional, la ignorancia política, el egoísmo de algunos y los intereses enfrentados de otros, hicieron que las cíclicas crecidas de las encadenadas, aquella vez, se transformara en un desastre.


Pablo Novak, de 88 años, regresó a su hogar en 2009 y ha estado viviendo allí desde entonces como su único residente. "Mientras pueda caminar y contar la historia de mi vida, me quedaré aquí en mi ranchito".


Hoy en día los árboles muertos y endurecidos a causa de la sal, marcan el antiguo trazado de las calles. A sus lados, están los restos de lo que fue una ciudad: las casas, la iglesia, el castillo, los paseos, el balneario, el cementerio… son todos restos, pero cada resto tiene grabado, debajo de la sal que dejó el agua, la historia de quienes habitaron este pueblo.
En aquel entonces la posta de las aguas termales la tomó Carhué. La ciudad es como casi cualquier otra ciudad "del interior". Calles anchas con boulevares, veredas prolijísimas, la plaza principal con la Parroquia Nuestra Señora De Los Desamparados y el edifico municipal; y una tranquilidad pueblerina que sólo se ve afectada en los meses de verano, cuando las hordas de turistas ganan la laguna.
El auge turístico desatado en Carhué, ha fomentado que se desarrolle en la zona una infraestructura totalmente adaptada para tolerar a una gran cantidad de visitantes. Además del ya mencionado Lago Epecuén, Carhué cuenta con una amplia oferta para toda la familia.
En los próximos meses se inaugurará el Parque Termal Mar de Epecuén, que contará con piletas termales, seis gabinetes de spa, con servicios diferentes, como fangoterapia, masoterapia y estética.
con servicios diferentes, ya que uno de ellos estará dedicado a fangoterapia, y los otros a masoterapia y estética. Así, será posible tomar un baño termal con hidromasaje, masajes generales, localizados y tratamientos.
Para aquellos que busca conocer un poco más acerca de la trágica historia de estas ciudades, el Museo Regional Dr. Adolfo Alsina se encuentra abierto todos los días.
Además, Carhué cuenta con campings y diversos spa que invitan a un momento de relax y paz física y mental. ©




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