SALUD | PADRES | #247
Buenos padres, buenas madres


La paternidad y maternidad generan preguntas y dudas que nos mueven a consultar a expertos en estos temas. Nos angustian y quitan el sueño. Cómo criar y educar a nuestros hijos, que transmitirles, mostrarles o no de nosotros mismos. Son grandes incógnitas que llevan a buscar respuestas en psicólogos y psico pedagogos.

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Al criar a un hijo ponemos en juego deseos particulares que, fantaseamos, se realizarán en nuestros niños. De manera explícita o no, consciente o inconscientemente, depositamos en ellos fantasías que tienen que ver con lo que nos hubiera gustado que nos pasara a nosotros mismos, y también tratamos de reparar los errores que sentimos que cometieron nuestros padres con nosotros cuando éramos pequeños.
Muchas veces actuamos movidos por el desesperado deseo de evitarles sufrimientos, para lo cual debemos tener en cuenta que eso es imposible. Podemos cuidarlos, acompañarlos, enseñarles pero la vida siempre tiene eventos que no controlamos y que pueden generar dolor. Lo importante es aceptar esa circunstancia, para encarar el proceso de adaptación a los episodios inevitables de la vida real.


Debemos saber que aquellos conflictos personales no resueltos,
las frustraciones, traumas y secretos dolorosos, también encuentran
forma de expresarse en la vida familiar.



Juan, un paciente, me contaba que hacía unos días se habían enterado que María, su mujer, estaba embarazada. Coincidentemente su hija Ana, de 6 años estaba portándose muy mal, estaba alterada y enojada. La niña supuestamente, no sabía del embarazo, y ellos no sabían cuando contárselo, ni como lo iba a tomar, porque al haber sido hija única durante tanto tiempo, sospechaban que le caería muy mal la noticia de que iba a tener un hermanito. Este es un ejemplo práctico de como la suposición de los adultos muchas veces no es acorde a la realidad de los niños. Evidentemente la pequeña Ana algo intuía, por eso estaba reaccionando con malestar. Probablemente sentía que le estaban ocultando algo muy importante que les sucedía a las personas más importantes para ella, que son su madre y su padre, sumado a que su mamá estaba frecuentemente esquiva, preocupada y descompuesta. Mi intervención con Juan fue sugerirle que le contaran cuanto antes, con naturalidad y decisión lo que estaba pasando, porque el ocultamiento no tenía sentido, ya que ellos iban a tener otro hijo. Cuando Ana recibió la noticia, contrariamente a lo que los padres pensaban, la niña se puso muy contenta, ante la idea de tener un hermano y ante el alivio de saber que su madre no estaba enferma, como ella había fantaseado.
Debemos saber que aquellos conflictos personales no resueltos, las frustraciones, traumas y secretos dolorosos, también encuentran forma de expresarse en la vida familiar. Cada miembro de la pareja parental, cuando la hay, trae consigo sus problemas que, de alguna manera, se despliegan en esta nueva familia.
Clara es una paciente que vivía esta situación de proyectar en su pequeño hijo los terrores de un trauma infantil no resuelto. Clara había sido abusada de niña por un amigo de la familia, pero nunca hasta ahora había hablado de este tema, tan doloroso, paralizante y atormentador. Estaba notando que sentía obsesiva desconfianza de todos los hombres que podían rodear al niño, sintiendo miedo por él ante la posibilidad que, entre las personas que los rodean habitualmente (abuelos, tíos, padrinos), se escondiera un abusador.
Por su hijo, para encontrar una manera equilibrada de cuidarlo, sin dañarlo con su exagerada vigilancia, tuvo la valentía de comenzar terapia. Con el tiempo transcurrido en el trabajo terapéutico, Clara logró tranquilizarse y comenzar un duelo por su propia historia y separarla de la historia de su hijo .
Y así muchos conflictos, que se van desanudando con el trabajo psicoterapéutico, permite liberarse de fantasmas que limitan y condenan las vidas nuevas. Una vida mejor es posible. ©

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