DIARIO DE VIAJE | RABAT Y FEZ | #246

Ciudad de reyes

Cualquier viajero que busque un destino diferente que lo asombre llegará a las puertas
de Marruecos en algún momento de su vida.


La puerta a África, un increíble y diverso continente, saciará la sed de aventuras de hasta los más intrépidos. La oferta marroquí es tan basta que hasta el más decidido le costará seleccionar que ciudades visitar primero, pero en esta oportunidad le presentaremos dos de sus más icónicos destinos: Fez y Rabat.
Fez es famosa por su antigua ciudad amurallada, muchas veces comparada con Jerusalén. De las primeras ciudades imperiales de Marruecos se remonta al siglo VIII, pero esto no es en lo único que es pionera, ya que además es una de las primeras en adoptar el culto musulmán en el país y en tener una de las universidades más antiguas del mundo. Todas estas características hacen de esta ciudad atractiva para aquellos viajeros inquietos mentalmente: con una cultura viva e influyente, es principalmente conocida por ser el centro espiritual, artístico y de la ciencia de Marruecos.
Muchos dirían que Fez suele ser eclipsado por las grandes ciudades del país como Casablanca, Marrakech o Rabat, pero este punto del país ha sabido adaptarse a la vida moderna sin perder sus tradiciones ni el estilo de vida característico de su cultura, que se puede
respirar en cada una de sus calles.
Uno de los paseos más interesantes para los viajeros es deambular por las calles para admirar las increíbles construcciones arquitectónicas que integran la vida diaria de la ciudad. Con sus paredes de adobe y ladrillo, patios de diferentes alturas, pilares revestidos de azulejos, Fez permite al turista sentirse abrazado por la cultura local.
Conformada por tres ciudades a orillas de los ríos Fez y Zitu, este punto turístico le permitirá al viajero empaparse de una cultura diferente a la suya, conociendo lugares como La Medina de Fez el-Bali (o antiguo Fes) uno de los mayores emplazamientos medievales que existen en el mundo. Las mezquitas Karaouine y de los Andaluces son una parada obligatoria para aquellos que disfrutan de las construcciones eclesiásticas.
Karaouine es la segunda mezquita más grande del país, uno de los lugares más sagrados de la ciudad que los viajeros simplemente podrán admirar por fuera al no ser practicantes musulmanes. Su construcción data del año 956 y es el monumento islámico más antiguo de Fez, escondida profundamente en el corazón de la medina, su estructura puede contener a unas 20.000 personas por día.

Los artesanos se destacan por su trabajo en cerámica, madera y cuero. El famoso color azul cobalto es símbolo de la alfarería de esta Ciudad Imperial a la que se le suelen aplicar adornos plata.



Pero si el viajero es fanático de ciudades más grandes, Rabat será el mejor destino que pueda elegir. Conocida como la capital política y principal centro administrativo de Marruecos, cuenta con una curiosa mezcla de tradición y modernidad. Fundada por Abd al Mumin en el siglo XII, su fortaleza fue usada como base para luchar contra los españoles. Fue durante este período que se construyeron sus edificios más emblemáticos: como la Torre Hassan y la Kasbah des Oudaias.
Situada en la costa atlántica del país, en la desembocadura del río Bu Regreg, está ciudad se divide en dos partes gracias al río que la cruza: Rabat y Salé. El viajero que decida conocer este destino no pueden dejar de conocer, como mencionamos anteriormente, la Torre de Hassan: uno de los tres grandes minaretes construidos por los almohades. En el siglo XII, el Sultán Yacub Al-Mansur decidió construir la mezquita más grande del mundo, con la torre más alta. Al fallecer unos años después, las obras se detuvieron, quedando inconclusa, con solo una torre de 44 metros, y no de 86 metros de altura, como estaba previsto. Años después, el terremoto de Lisboa dañó la mayor parte de las columnas y las paredes del monumento. La torre tiene un gran parecido a la Koutoubia de Marrakech y a la Giralda de Sevilla, que no es casualidad, pues ambas construcciones son del mismo arquitecto.
Otro de los puntos que un turista no puede perderse en Rabat es el mausoleo de Mohamed V donde descansan los monarcas alauís Mohamed V y Hassan II, abuelo y padre respectivamente del actual rey Mohamed VI. Más allá del valor histórico que representa para la cultura marroquí, está construcción de arte moderno realizado en mármol, con una refinada decoración maravillará hasta los ojos más viajados. El proyecto está compuesto por una mezquita y una Kubba, tumba cubierta por una cúpula construida en mármol blanco italiano.
Pero si el viajero cuenta con poco tiempo para pasar en Rabat, simplemente dejarse maravillar por sus calles repletas de azul, las vistas al atlántico y su cultura lo deslumbrarán más que cualquier visita turística. ©

 



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