MUSEOS | EL BRITANICO | #255
El desafío del tiempo libre

Visitar el British Museum es hacer un viaje a través del tiempo y del espacio, y explorar la historia a partir de sus detalles. Es experimentar y descubrir los orígenes de la humanidad.

Si están de visita en Londres y solo tienen tiempo para visitar un museo, sin pensarlo entren al Museo Británico. No sólo es uno de los museos más antiguos del mundo, sino también uno de los museos más grandes de Inglaterra, y atrae a más de 6 millones de visitantes cada año, lo que lo convierte en el tercer museo más visitado del mundo, por detrás del museo Louvre de París y del Metropolitan Museum de la ciudad de Nueva York.
El museo se creó en 1753 y abrió definitivamente al público el 15 de enero de 1759. Los orígenes del Museo Británico van unidos al físico y coleccionista Hans Sloane, que deseaba que su colección de más de 80.000 artículos perdurase tras su muerte. Entre los objetos de la colección estaban incluidos más de 40.000 libros y antigüedades procedentes de Grecia, Roma, Egipto, Oriente Medio y América. Hoy en día y más de 250 años después de su creación, los millones de años de historia alojados en el British Museum se concretan en más de ocho millones de piezas.


El museo siempre ha estado abierto, con excepción de las dos guerras mundiales, en las cerró por miedo a posibles daños en sus obras.


Originalmente, la colección del Museo Británico consistió en manuscritos, libros, material etnográfico, varios especímenes naturales y antigüedades (como monedas, medallas, grabados y dibujos); pero con el tiempo el museo se expandió.
Su biblioteca ha existido desde el año 1860 y se compone de 24.000 artículos diferentes (uno de estos artículos se remonta al año 1636); E incluso posee colecciones de Asiria, los cuales ayudaron a investigadores a descifrar la escritura cuneiforme (una antigua escritura del Oriente Medio).
El Museo está dividido en diferentes galerías de acuerdo a distintos períodos de tiempo en la historia, lugares específicos o países en el mundo (como Britania, la Antigua Grecia e Irán por nombrar unos pocos).
Algunos de los artículos que ningún visitante puede dejar durante su visita al Museo Británico incluyen la piedra de Rosetta, la cual fue descubierta en 1799 y ayudó a descifrar varios jeroglíficos Egipcios; los Mármoles de Elgin, procedentes del Partenón de Atenas; una de las colecciones más completas de momias y ataúdes egipcios; el Hombre de Lindow, el cuerpo conservado de un hombre de la edad de hierro que fue descubierto en un pantano cerca de Cheshire en 1984; o el Ajedrez de la isla de Lewis, un grupo de piezas de ajedrez del siglo XII que se hicieron de marfil de morsa.
Aunque no está entre las obras maestras que ver en el British Museum, no puedes dejar de admirarse la cúpula de Norman Foster. Es la plaza circular cubierta más grande de Europa que rodea al Atrio. Por cierto, en el centro del Gran Atrio se encuentra la sala de lectura, que hasta 1973 formaba parte de la Biblioteca Británica. Por dicha sala pasaron personajes como Gandhi, Karl Marx, Oscar Wilde, Bernard Shaw, Kipling, H. G. Wells, Virginia Woolf o Isadora Duncan.
El tiempo de visita recomendado es de tres a cuatro horas, pero si deseas formar parte en alguna de las charlas y distintos recorridos por el museo, tenéis que prepararte para estar todo el día en el museo. ©



TXT & Fotos: GEM



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