SEPTIEMBRE 2006 | Año 08 | Número 94
Felipe Miguel Angel Dobal

El humorista gráfico se entrevistó con Metro. Recorrió su amplia trayectoria, desde sus comienzos en Bahía Blanca, su etapa con Lino Palacios y sus 45 años en Clarín. “Me hubiese gustado tener un personaje como Clemente, pero soy feliz con lo que hago”, asegura.

En las bibliotecas que rodean a la mesa de trabajo del humorista gráfico, Felipe Miguel Ángel Dobal se encuentran encuadernados y celosamente cuidados los últimos años de la historia argentina y del mundo. El dato no sorprende, hasta que el propio Dobal aclara que se trata de una historia contada a través de sus tiras cómicas y con su particular interpretación de la realidad.
Empezó a incursionar en el oficio de contar a través del dibujo cómico desde muy joven, en su Bahía Blanca natal (es oriundo de Puán). Durante más de cuarenta años trabajó en Clarín y sus recuadros de actualidad titulados “La crónica diaria” –cerraban la contratapa humorística del diario- ofrecieron una mirada diferente de la actualidad. A los 83 años, con seis hijos, 18 nietos y tres bisnietos, Dobal continúa satirizando el acontecer cotidiano. En esta entrevista con Metro el dibujante, que desde hace mucho tiempo vive en Temperley, recorre su amplia trayectoria de la mano de sus dibujos.

- Me imagino que de chico dibujaba mucho.
- Siempre me gustó dibujar. Cuando era pibe con mis hermanos teníamos una revista que se llamaba “El ojal” , era de un sólo ejemplar. Yo hacía las caricaturas, las tapas en color y las páginas centrales. Imitábamos a la revista Patoruzú y Rico tipo. De chiquito ya dibujaba muy bien.

- ¿Y cuándo decidió vivir de este oficio?
- Fue un poco de casualidad, fue la mano de Dios. Yo había terminado 6° grado y estaba por ingresar al secundario, cuando a mi hermano menor (hoy Monseñor José María Dobal) le dio por hablar con el dibujante Alejandro Francini que tenía una agencia de publicidad y me recomendó como aprendiz. Al otro día llevé mis dibujos y comencé a trabajar de esto en lugar de estudiar.

- Después pasó a trabajar en el diario El Atlántico.
- Sí, mi hermano mayor, Esteban, ya trabajaba con los fotógrafos del diario y me entusiasmó con la idea de hacer dibujos deportivos para la edición del domingo. En esa época era muy usual identificar a los equipos con un determinado personaje... Boca era el pizzero, River el millonario. La cosa es que los empezaron a publicar. Después empecé a trabajar en el archivo del diario y seguí haciendo los dibujos. Hasta que llegó un nuevo director y me preguntó si me animaba hacer dibujos de actualidad y así fue que comencé a publicar uno por día (Llevaban el título: “Actualidad por Dobal” y él aún los conserva). Pero eso lo dejé cuando un amigo me recomendó para ingresar en la publicación de Lino Palacio.

- Lino Palacio era una especie de referente para muchos caricaturistas jóvenes ¿Cómo fue su primer encuentro con él?
- Yo cuando trabajaba en El Atlántico copiaba a Lino, me encantaba “Don Fulgencio”. Cuando estaba en Bahía Blanca jamás me hubiera imaginado que iba a trabajar 15 años con él y que iba a ser mi testigo de casamiento. Yo lo admiraba tremendamente, era un hombre enorme, jugaba al rugby... tenía una pinta bárbara. Cuando llegué a Buenos Aires comencé a hacerle las historietas... hacía a Don Fulgencio y otros dibujos. Trabajaba también Jorge Palacios, el hijo de Lino, que es como un hermano para mí. Yo siempre digo que Lino fue mi patrón, mi amigo y mi papá.

- Usted siempre se caracterizó por hacer humor de actualidad, no por crear a un personaje determinado.
- Siempre me gustó tomar cosas de la realidad y hacer chistes con eso. Yo de lo que me puedo jactar es de haber acostumbrado a los diarios de Buenos Aires a tener dibujantes de actualidad. Ni La Nación, ni La Prensa, ni Clarín tenían dibujantes de actualidad. Un día llevé dibujos a Clarín y el 14 de abril de 1958 empecé a publicar en el diario, en un suplemento dedicado a los eventos sociales.

- Su trabajó lo obliga a satirizar a muchos políticos ¿Nunca tuvo problemas con ninguno?
- Afortunadamente no. Muchos presidentes pedían reuniones con los humoristas gráficos, pero no hubo problemas. El 30 de abril del 58, (el presidente Pedro Eugenio) Aramburu llamó a todos los humoristas gráficos para desearnos suerte. Al otro día le entregaba el poder a (Arturo) Frondizi. Fuimos todos, Lino (él lo dibujaba a Aramburu como una vaca) y Jorge Palacios, Landrú, Carlos Garaycochea, Medrano y otros. Yo era el único que trabajaba para un diario, los demás eran todos de revistas. A Frondizi lo usé muchísimo para los chistes, a él y (al ministro de Economía Álvaro) Alzogaray. Un día Frondizi me llamó a Casa de Gobierno porque me quería conocer. Alzogaray me quiso conocer también. Más para acá dibujé a Raúl Alfonsín, a (Carlos) Menem... dibujé a todos.

- ¿En qué año nace La crónica diaria?
- Yo fui durante 15 años el único dibujante de Clarín. En el ’73 cuando se crea la contratapa con humor se agregaron otros. Ahí nace “La crónica diaria. También dibujé para La Razón, el diario de habla hispana de mayor tirada en el mundo. Yo en Clarín fui muy querido. Siempre pienso que voy a volver... ¡total 83 años no son nada!

- ¿Cuál fue la mejor etapa política para hacer humor gráfico?
- No sé. Durante la dictadura no hacíamos política sino actualidad. Sin embargo, yo hice a muchos ministros de Economía. A (Domingo) Cavallo lo usé mucho. . Alzogaray me llamó un día para pedirme un dibujo. Era una caricatura de él vestido de boxeador en un ring, el manager era Frondizi y en el otro rincón había un monstruo todo musculoso. El título decía Álvaro vs. presupuesto.

- La última ¿Le hubiese gustado tener un personaje?
- ¡Si claro! Como el Clemente de mi amigo Caloi o el Inodoro de mi amigo (Roberto) Fontanarrosa. Es una frustración, me hubiese gustado tener un personaje como Clemente, pero soy feliz con lo que hago. ©