MARZO 2007 | Año 10 | Número 100
Clorindo Testa

En el estudio que el arquitecto y pintor Clorindo Testa tiene en un edificio en Callao y Santa Fe hay pinturas, esculturas, fotos, planos; hay un escritorio desbordado de papeles y una casi infinita cantidad de fibras, marcadores y lápices. La arquitectura y la pintura son las expresiones artísticas que este argentino nacido en Italia en 1923 eligió para dejar su marca en la sociedad. Se graduó en 1948 y trabajó durante ese año como dibujante en el equipo que desarrolló el Plan Regulador de la Ciudad de Buenos Aires. La carrera de este hombre que asegura tener “las mismas expectativas de siempre a la hora de encarar una obra”, está marcada por el éxito. Es el creador de los edificios de la Biblioteca Nacional, del Banco de Londres, del Hospital Naval de Buenos Aires y del Centro Cívico de la Ciudad de Santa Rosa La Pampa, entre otras obras. Sentado en su despacho recibe a Metro y comienza una entrevista que recorre su trayectoria y su visión sobre la arquitectura y el arte. “Es muy difícil asomarse por una ventana del centro de una ciudad de Europa y tener esta vista”, dispara.

- ¿A esta altura de su carrera los proyectos que encara le generan las mismas expectativas que en los inicios?
- Yo diría que sí. Cuando te encargan algo... no es que te encarguen constantemente, al contrario, a medida que pasa el tiempo es más lento, pero todos se encaran de la misma manera siempre. Desde el vamos empezás a pensar en el proyecto, lo desarrollás en tu cabeza, pasás a hacer los planos y después comienza la obra.

- ¿Cómo se produce su acercamiento a la arquitectura?
- Todo fue de forma casual.

- ¿Qué es lo que usted ve como casual?
- Y como una casualidad veo que, cuando tenía 14 años y mi padre me preguntó qué iba a estudiar yo dije médico. Mi papá me dijo “de ningunísima manera”.

- ¿Por qué no quería que fuese médico?
- Porque él veía que yo dibujaba. Quizá si papá hubiera dicho “fantástico”, a lo mejor hubiera sido médico. Además, viste que los médicos siempre pintan. Cuando yo estaba en la facultad, una vez por año alquilaban el salón de una galería en la calle Florida y exponían dibujos... eran malísimos pobres. (Risas).

- Así que se decidió por la arquitectura.
- No. Cuando era chico hacía modelos de barcos de madera. Eran enormes. Entonces pensé en estudiar ingeniería naval, pero después empezó la guerra y dije: “la ingeniería naval se terminó”. Estuve un año en la carrera de ingeniería civil en la UBA y ahí me enteré que estaba la carrera de arquitectura y me pasé. Fue una casualidad. Yo de chico no dije nunca que quería ser arquitecto. Yo pensaba que las casas las hacían los ingenieros. En una época, en los años ’40, si vos mirás las casas racionalistas, por lo general están firmadas por ingenieros.

- Usted es reconocido tanto por su faceta de arquitecto como por la de pintor. ¿Cómo conviven el pintor y el arquitecto?
- Yo te diría que conviven sin darse cuenta. Conviven juntos, vos los juntás y los separás al mismo tiempo.

Testa muestra una lámina que tiene sobre la mesa, comienza a explicar su fascinación por ponerle colores a los planos e inconscientemente ilustra de la mejor manera como conviven en él ese arquitecto con ese pintor. “Yo me divierto poniéndole colores”, asegura.


- ¿La de pintor es la faceta que más lo divierte?
- No, la arquitectura también me divierte. Pero cuando vos hacés planos de arquitectura, el hecho de incluirle algo distinto a vos te divierte y te gusta, te pasás horas haciendo esto.

- ¿Cómo lo marcó en su profesión el hecho de haber vivido en Europa?
- Yo terminé arquitectura y entré al Plan regulador de la Ciudad de Buenos Aires, después de un veraneo de cuatro meses en Mar del Plata. Al final del año ‘49 en la facultad dieron becas para ir a Italia. Me quedé más de un año y medio en Europa. Tuve la oportunidad de ver muchas obras de arquitectura clásica.

- ¿En qué año empieza a exponer sus pinturas?
- En el ’52 preparé una exposición en la galería Barriel.

- Usted en más de una oportunidad destacó la influencia de Le Corbusier en su obra.
- En aquella época había tres arquitectos: Le Corbusier, que construía en hormigón y en cemento armado; Miguel Alderrabe, que construía en hierro, y estaba Righ, que se adaptaba al terreno. A mí me gustaba más el trabajo en hormigón, acá era facil encontrarlo.

- ¿Cómo se lleva con la tecnología?, ¿Trabaja con computadora?
- En el estudio hay computadoras. Los planos se dibujan allí, pero yo no lo hago. Nunca tuve esa curiosidad.

- ¿Cómo cree que afectó a la arquitectura de la Ciudad de Buenos Aires la Globalización?
- Siempre las cosas se parecieron. O sea, un teatro romano en Inglaterra era igual a uno que estaba en Asia menor porque Roma impuso una Globalización total, toda Europa era romana. El hombre es igual en todos lados. En la época de las cavernas, yo te diría que todas las cavernas eran iguales, las pinturas de las cavernas son iguales, es difícil decir de qué lugar son las pinturas rupestres, porque son iguales.

- ¿Y hoy qué es lo igual?
- Lo que es igual es la arquitectura. Es igual en el sentido que un edificio de acá es igual a uno de Shangai.

- O sea que hay una pérdida de identidad arquitectónica.
- Es que nunca hubo. Es así, en la época del Barroco toda Europa era barroca, pero, además, el Barroco vino a América, las iglesias jesuitas del norte son edificios barrocos. Ahora es lo mismo. Con la pintura pasa igual

- Usted afirma que, en Latinoamérica, tanto los emprendimientos artísticos mexicanos como los brasileros, tuvieron apoyo de Estado. ¿Acá no es así?
- Sí, tuvieron apoyo independientemente de las posturas políticas. Cuando estuve en Italia, en la Bienal de Venecia lo primero que vi fueron los emprendimientos mexicanos. Acá nunca existió ese apoyo, siempre depende de un tipo y cuando se va ese, el que viene no sabe nada de lo que hizo el anterior. No hay una política de Estado. Por lo pronto Argentina nunca compró un edificio para hacer un edifico en la Bienal de Venecia, siempre pedimos prestado.

- Apelando a los años que lleva en su profesión, ¿Cuáles son los cambios radicales que experimentó la arquitectura en este último tiempo?
- La arquitectura cambia como todas las artes. No es lo mismo una obra arquitectónica de ahora que una de los años ’50.

- ¿Cómo ve el desarrollo de Buenos Aires desde el punto de vista urbanístico?
- Buenos Aires es una linda ciudad. (Testa se asoma a la ventana de su estudio). Es muy difícil asomarse por una ventana del centro de una ciudad de Europa y tener esta vista. Desde acá vemos el hotel Intercontinental que está a tres kilómetros de distancia. Esta es una ciudad linda porque es abierta, y eso es porque existen terrenos bajos y casas altas. Va a ser distinto cuando la ciudad se complete en altura. Los terrenos bajos van a ir creciendo.

Testa muestra las dos fotos inmensas que tiene en su estudio. Son retratos de la esquina de Santa Fe y Callao. En la primera, de 1895, se ven carros tirados por caballos en plena avenida y las casas no superan las dos plantas. La Plaza Rodríguez Peña tiene sus árboles muy jóvenes. “Aquella es la iglesia Del Carmen y aquel el Colegio El Salvador, de todas las otras casas que se ven allí no queda nada, cambiaron todas, lo único que queda son las iglesias”, explica. La otra foto, de la misma esquina, muestra al Buenos Aires actual, colmado de edificios y con las avenidas atestadas de tránsito. Testa asegura que prefiere la imagen más reciente.

- ¿Cree que Buenos Aires experimentó un crecimiento muy vertiginoso?
- Hay una descripción de la segunda invasión inglesa, en 1807. O sea menos de cien años con respecto a la imagen de la foto más vieja. La descripción, que fue hecha en 1905 con los nombres de las calles de esa época, dice que una de las columnas británicas vino desde el Once. Los ingleses bajaron por Tucumán y Viamonte y, al llegar a Callao, no pudieron cruzar porque había un cerco de higos de tuna que bordeaba toda la avenida Callao. Entonces desde Viamonte y Tucumán vinieron por Callao hasta Arenales, porque allí las tunas se terminaban. Quiere decir que menos de cien años antes todo eso que muestra la foto de 1895 no existía, ni la Iglesia del Carmen ni nada. No hay ninguna otra ciudad de Europa en la que se pueda hacer esa descripción. Hay que pensar que apenas pasaron doscientos años desde la descripción de las invasiones inglesas a la foto de abajo (la imagen actual).

- Ahora, si tuviera que optar por una obra arquitectónica que identifique a Buenos Aires, ¿Cuál elegiría?
- Cuando hablaba me acordé del Cabildo, que es un edificio de 1700 que sigue estando. Es como el recuerdo del Buenos Aires de aquella época.

- ¿Por qué define a la arquitectura de los barrios cerrados como “triste”?
- Es triste porque está totalmente fuera de época. Es como una imagen atrasada. El estilo inglés, el francés. Hay unos amigos que tienen una casa en un country en Pilar, entrás y es un horror. (Risas). Es como que no se dan cuenta de que pasaron 150 años desde aquel estilo, parece que no conocen la evolución del arte.

- ¿Cree que se puede construir una ciudad ideal?
- Bueno, los brasileros lo hicieron, porque Brasilia es una ciudad ideal.

- ¿Buenos Aires no es una ciudad ideal?
- No, Buenos Aires no, pero por ahí es mejor, porque no partió como una ciudad ideal.

- ¿Qué proyectos tiene planeados para este año?
- Estamos en un proyecto de construcción de un auditorio y un museo sobre las actividades del campo para el INTA. Además, se van a demoler tres edificios abandonados que están sobre Las Heras y que pertenecen a la Biblioteca Nacional. Allí se va a construir un Museo del Libro. ©