ARQUITECTURA INTERNACIONAL | HIGH LINE, NEW YORK | #169 DIC 2012
Un buen ejemplo
de reciclaje urbano


En la ciudad de New York, la conservación de una antigua vía de ferrocarril utilizada para transportar mercadería hacia los frigoríficos fue el eje sobre el cual se recuperó
uno de los barrios más abandonados de la ciudad.
Desde que el “renacimiento de Harlem” cambió la cara del vecindario más peligroso de la gran manzana, los neoyorkinos se ufanan en decir que ya no quedan barrios feos en la ciudad. New York fue convirtiéndose en los últimos veinte años, en una urbe cada vez más amigable para sus habitantes. Los distritos de Chelsea y Meatpacking son una buena muestra de ello, sobre todo este último, que cuenta con el orgullo de tener el primer parque público del mundo elevado sobre las antiguas vías de un ferrocarril.
A principios del siglo XX, el área comprendida entre la Séptima Avenida y el Río Hudson, a la altura de la calle 12, concentraba la venta, distribución de carne y derivados. Más de 200 mataderos funcionaban en esas pocas cuadras sucias y malolientas. En 1930, se construyó una línea ferroviaria destinada exclusivamente al transporte frigorífico, con la finalidad de eliminar el tránsito de animales y mercadería por las calles. Se la llamó vulgarmente la “High Line”, por estar elevada sobre el nivel del suelo.
Durante cincuenta años, el Meatpacking District fue un vecindario peligroso, casi marginal, en el cual convivían los mataderos con prostitutas, travestis y algún que otro mafioso. Así continuó hasta los ochenta, cuando por cuestiones de política ambiental la industria frigorífica debió mudarse a las afueras de la ciudad, con el consiguiente deterioro del barrio y su ferrocarril. La vías, abandonadas desde 1980, estuvieron a punto de ser demolidas en medio de un plan de reconversión del área. Fue entonces cuando el periodista Joshua David y el pintor Robert Hammond, habitantes del Meatpacking, comenzaron una cruzada por salvarlas de la picota, y dieron origen a un grupo llamado “Friends of the High Line”. Imprimieron panfletos, elevaron petitorios, hicieron manifestaciones y hasta editaron un periódico en pos de reconvertir este lugar en un espacio público.
La movida dio sus frutos. En 1999 el estado de New York decidió recuperar ese espacio, y en el 2003 llamaron a un concurso público de ideas. Se presentaron 720 propuestas, entre las que resultó ganadora la del equipo de arquitectos de James Corner Field Operations & DIller Scofidio + Renfro.
Después de diez años de obras, el más nuevo de los parques de New York se abrió al publico. El primer tramo se inauguró en junio del 2009, y la segunda sección en junio del 2011.

En total, la High Line es un parque elevado que avanza casi cinco kilómetros, sobre el corazón del Meatpacking hasta Chelsea.

La idea básica fue crear un corredor verde, utilizando la estructura de los rieles sobre los cuales se suceden diferentes espacios de uso público, que fueron pensados con el criterio de “reciclaje urbano”.
Para llevar a cabo este proyecto fue necesario retirar toda la estructura existente. Se quitaron los rieles, las bases de cemento y las maderas a fin de asegurarlos nuevamente ya que la corrosión había hecho mella en toda la línea férrea. Una vez asegurada la estructura sobre la que se apoyaría el parque, el tendido volvió a montarse exactamente como estaba, y luego se añadieron todos los elementos de mobiliario, y comenzaron con el cultivo de las más de 210 especies que conforman el diseño paisajístico.
El mobiliario es obra de la diseñadora Lisa Switkin, que proyectó bancos de madera de irupé (con certificación FSC) elegida por ser una de las más resistentes a las inclemencias del tiempo. La forestación empezó en el otoño del 2008, proyectada por Piet Oudolf, el mismo que había diseñado el parque del Battery Park, quien puso especial énfasis en poblar el espacio con especies que aporten belleza y colorido, pero sean resistentes, perennes y no requieran un continuo mantenimiento. El diseño paisajístico intenta recrear la naturaleza original de la vera del ferrocarril, en la cual la vegetación nace de los huecos entre rieles. Así, se combinan senderos de cemento, trozos de rieles de hierro y plataformas de madera, con una vegetación natural “cuasi” salvaje.
Otro detalle que se tuvo en cuenta fue el de aprovechar las visuales teniendo en cuenta los diferentes momentos del día. La vista del Río Hudson hacia un lado, y de la ciudad hacia el otro cambian completamente a medida que transcurren las horas del día, por eso se han creado espacios miradores, con gradas en madera y frentes de vidrio, que crean la ilusión de ser teatros de un escenario cotidiano.
Rápidamente, el proyecto captó la atención de diseñadores y artistas que vieron el potencial del entorno para crear un nuevo distrito retro y vanguardista a la vez. Este contraste se ha convertido en uno de los mayores atractivos de un barrio en el cual las antiguas carnicerías hoy alojan lo más selecto de la moda y el diseño de Manhattan. Las vías son una estructura industrial “chic”, que foma el marco perfecto para una movida en la que conviven contrastes permanentes. Las galerías de arte y las librerías tradicionales de Chelsea se funden con restaurantes de moda del Meatpacking: Pastise, que mantiene la estructura de un local de despacho de embutidos, o el Standard Plaza, que se encuentra a los pies del Hotel The Standard, uno de los hoteles boutiques más exitosos de New York. Alrededor, las grandes marcas de tecnología como Apple se mezclan con lujosas tiendas de Emporio Armani o Calvin Klein, en la misma vereda en la cual se pueden ver tiendas de diseñadores under.
A lo largo del recorrido de las vías, y en las calles adyacentes, las propiedades se revaluaron y las rentas treparon por las nubes. Los habitantes de este otrora mugroso barrio abandonado ven con buenos ojos a los miles de turistas tomando fotos de sus ventanas, y a los intelectuales y artistas que encuentran en este sector de Manhattan un oasis a pocas cuadras del bullicio del Midtown.
La High Line es hoy el caballito de batalla de un movimiento americano llamado Rails to Trail, que intenta convertir todas las vías en desuso en espacios de recreación y uso público. Es también un ejemplo de cómo un reciclaje urbano responsable y respetuoso del medio ambiente repercute en beneficio de todos los habitantes. ©
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