Construyendo historia

El Museo del Ladrillo en La Plata, ubicado en la vieja fábrica Ctibor, entrelaza en sus salas la historia de la industria ladrillera, la de la familia creadora de la empresa, y el nacimiento y crecimiento de la histórica ciudad donde se encuentra emplazado.
Cuando el Camino Centenario llega a su intersección con la calle 514 en Ringuelet, una gran estructura de ladrillo con chimeneas se alzó ante nuestra mirada. Enfrente, una hermosa casa con una enredadera llamó nuestra atención. A pocos metros de ese lugar, se halla el “Museo del Ladrillo Ctibor” en la Calle 514 entre Camino Belgrano y Camino Centenario, en el partido de La Plata, un espacio en el que se busca “rescatar del olvido el espíritu pionero del Ingeniero Francisco Ctibor, poner al resguardo su historia familiar y su legado, y exhibir en sus salas la evolución del proceso de producción del ladrillo en el último siglo”.
El Museo se encuentra emplazado en el sitio en el que se fundara la fábrica en 1880, instalada en Ringuelet para proveer de ladrillos a la nueva capital provincial, fundada en 1882. Luego de la crisis de 1890 la fábrica fue cerrada y adquirida en 1905 por Francisco Ctibor, un ingeniero nacido en Tabor, hoy República Checa, el 30 de septiembre de 1857, que había trabajado para Gustave Eiffel en la construcción de la Torre parisina y en la primera etapa del Canal de Panamá.
La historia de la familia fue una de las razones de la creación del Museo. Casado con Ruzena Zeis y ya establecido en Quilmes, Ctibor ganó la licitación internacional para la construcción de los desagües pluviales de la ciudad de La Plata. Los ladrillos que necesitaría para la construcción del conducto maestro que correría por debajo de la calle 66 hasta el Río de La Plata fueron provistos por su fábrica, que contaba entonces con lo más avanzado -en términos tecnológicos- de la época. La fábrica ocupaba originariamente 52 hectáreas, de las que quedaron 19.
Poco a poco, comenzó a complementarse hasta ser un establecimiento industrial con viviendas para obreros -muchos de los cuales eran inmigrantes-, almacén de ramos generales, enfermería y destacamento policial. La familia se trasladó, entonces, a una casa ubicada en la esquina, y comenzó a ser parte activa de esa comunidad.
El paso del tiempo hizo que aquel sistema revolucionario de fabricación que poseían a principios del siglo XX dejara de ser competitivo en el mercado. Entonces, con la necesidad de implementar una nueva tecnología, a mediados de la década de 1990 se mudaron a un nuevo edificio en el parque industrial, pero reservaron el espacio en el que hoy se encuentra el Museo.
En 2005 y a poco de celebrarse los cien años de la adquisición de la vieja fábrica por el primer Ctibor, el Ingeniero Jorge Ctibor, tercera generación, decidió crear la “Fundación Espacio Ctibor”. Formada por los integrantes de la familia, la fundación se concibió con tres pilares: el Museo, el empresarial y otro relacionado con patrimonio y educación. El sueño se concretó en 2009, tras cuatro años de investigación, restauración y puesta en valor del edificio y montaje museográfico, con intervención de diseñadores gráficos e industriales, museólogos, historiadores y arquitectos.

Así, en el Museo no sólo se puede adquirir conocimientos relacionados con la fabricación de ladrillos y la historia familiar, sino que también se brindan charlas de y para empresarios, se realizan exposiciones y muestras de distintos artistas locales, y se ofrecen visitas a estudiantes de escuelas primarias, técnicas y de arquitectura, entre otros.

Se llegó a la actual obra contemporánea tras la restauración y puesta en valor que se completó con la construcción de un sector sobre la base del viejo edificio, construido mayormente en ladrillo -la estructura original- y se reutilizaron vigas, herramientas y madera recuperadas de la antigua fábrica. En su interior pueden recorrerse seis salas. La primera, que se preservó completamente, muestra el escritorio en el que trabajaron todas las generaciones de Ctibor, con muebles de madera oscura, una vitrina que guarda fotos familiares y objetos antiguos y teléfonos usados por sus distintos moradores. En la segunda se puede observar el paralelismo existente entre la historia de la fábrica y la fundación de la ciudad de La Plata, imágenes del barrio Ctibor, la evolución de la fábrica, un libro de registros y distintos tipos de piezas de su producción. Las salas siguientes muestran las etapas de producción del ladrillo, una historia que ha sido repetida durante siete mil años, desde la época de la Mesopotamia hasta la actualidad; allí conservan las máquinas que Ctibor utilizó desde sus comienzos y una gran foto del horno Hoffman, algo que dio a esta fábrica la posibilidad de una producción mayor, continua y más económica. La última sala nos transporta al presente de la empresa, los controles que realizan los profesionales sobre las materias primas y los procesos empleados para lograr un producto de excelencia.
La historia de la familia Ctibor se materializa en el Museo del Ladrillo, donde existen diversas muestras del trabajo sostenido por más de cien años, ejemplos que también pueden encontrarse como testigos silenciosos, en las paredes de edificios como la Catedral de La Plata, Molinos Campodónico, el Faro Cabo Blanco en Puerto Deseado, la Escuela de Policía Juan Vucetich de Buenos Aires, el Museo Raggio de Buenos Aires o el Edificio Kavanagh.
A través de la “Fundación Espacio Ctibor”, con el Ingeniero Jorge Ctibor como presidente, Marieta, Eugenia y Victoria Ctibor, y Andrea Pochou, esa historia se mantiene viva y es presente y futuro. “Esta empresa familiar y centenaria rescata para la sociedad la obra de Francisco Ctibor y reaviva al calor de sus recuerdos todo lo aprendido sobre este noble material; el ladrillo, símbolo de identidad del patrimonio cultural heredado, en los orígenes de la ciudad de La Plata”, rescatan los miembros de la tercera y cuarta generación. ©
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