La recuperación
de los molinos


El complejo Molinos Building, que incluye el Faena Arts Center, es una muestra de restauración
en la que el respeto por la historia puede ser un buen negocio.

E n 1906, Molinos Río de la Plata construyó uno de los edificios más emblemáticos del Puerto de Buenos Aires: dos molinos de acopio y producción de molienda. Esos edificios, de característica arquitectura portuaria, de más de 9 de metros de alto que se convirtieron en un símbolo de la Argentina
“granero del mundo”.
Río de la Plata era uno de los molinos más importantes del país, con una producción diaria de hasta mil toneladas de molienda de trigo. Sin embargo, cuando comenzó la construcción del Puerto Nuevo, el antiguo puerto diseñado por Madero comenzó a quedar obsoleto y sus silos, molinos y docks quedaron en desuso.
Pasaron casi cincuenta años de abandono hasta que en la década del 80 comienza la recuperación del que sería el último barrio porteño. Así como Recoleta tiene reminiscencias francesas, o la Boca es una pequeña Italia, Puerto Madero es el barrio en el que Buenos Aires se parece a New York. A imagen y semejanza de la gran manzana, también tiene su “arts district”, que creció de la mano de Alan Faena.
Faena llegó a esta zona cuando todavía el este del canal era un territorio baldío y desocupado. Compró siete manzanas y proyectó armar un barrio con identidad propia cuya imagen de marca se asocia indefectiblemente al diseño, al arte y un particular estilo de vida. Primero fue el Faena Hotel, con el sello de Phillipe Starck. Le siguieron las residencias de El Aleph, proyectadas por Norman Foster y los magníficos
edificios de arquitectura ladrillera recuperados que conforman La Porteña y La Porteña II.
Finalmente, el hombre de blanco puso manos a la obra con la última joya de Puerto Madero: los Molinos Building, un complejo de lujo de 92 residencias, y 2600 metros cuadrados de locales comerciales, además de centro de convenciones y oficinas.


La restauración de los viejos molinos, a cargo del estudio Mc Cormack & Asociados, tenía como premisa preservar las construcciones que tenían un alto valor arquitectónico, y mantener en líneas generales la arquitectura industrial.


Este mismo complejo contiene el Faena Arts Center, que con una inversión de más de 15 millones de
dólares, logró convertir la vieja sala de máquinas del granero en uno de los más modernos centros de arte y
exposiciones de Sudamérica.
La restauración y reconversión de los viejos molinos, estuvo a cargo del estudio Mc Cormack & Asociados,
cuyo proyecto compitió con otros siete estudios. La premisa era preservar las construcciones que tenían
un alto valor arquitectónico, y mantener en líneas generales la arquitectura industrial.
El resultado son estos dos bloques de edificios, unidos por una gran estructura de vidrio, y un paseo peatonal abierto al público en Paine y Juana Manso. En la entrada, dos monumentales murales de Pablo Siquier marcan el espíritu artístico de este proyecto.
El Faena Arts Center cuenta con dos salas de exposición: Molinos y Catedral, que fueron reedificadas respetando las alturas, los detalles de época, los grandes ventanales y los arcos de medio punto.
La Sala Catedral, en planta baja, tiene 635 metros cuadrados y 4 metros de alto que permiten exhibiciones tradicionales tanto como montajes de stands.
La Sala Molinos, en el primer piso, tiene nueve metros de altura y está pensada para exhibir grandes proyectos de arte contemporáneo y diseño industrial .
Cuando se inauguraron las unidades residenciales, a fines del 2009, su mentor cerró con una frase que
simplifica el espíritu de sus proyectos: “Estas son propiedades para heredar. Queremos que nuestros
edificios formen parte del patrimonio de la ciudad”
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