Caminito

Son apenas unas cuadras empedradas, sin veredas. Forman una callejuela curva por la que alguna vez transitó el ferrocarril. La calle nunca tuvo nombre y la gente la llamó vulgarmente por lo que era: un caminito que unía dos calles. Esta pintoresca calle de mil y un colores es un retazo de la Boca, que en medio de sus chapas coloridas y sus balcones de hierro esconde una larga historia de inmigrantes, artistas y librepensadores.

Dicen que fue en la boca del Riachuelo donde Pedro de Mendoza fundó la primitiva ciudad de Santa María de los Buenos Aires en 1536. Más adelante, en éstas tierras bajas e inundables se asentaron las barracas en las cuales se almacenaban los productos que llegaban y salían del puerto. Durante mucho tiempo, el arrabal porteño fue territorio casi exclusivo de marineros de paso y pulperías. Hasta que a mediados del siglo XIX, la inmigración italiana le cambió la cara al barrio. La mayoría de los inmigrantes eran genoveses, que trajeron con ellos su dialecto (el xeneise),y se afincaron en La Boca con un enorme espíritu comunitario: fundaron clubes, escuelas y editaron diarios. Junto a ellos, también se instalaron inmigrantes griegos, yugoslavos, turcos e italianos de otras regiones, cada uno con sus costumbres, su lengua y su cultura. Y en medio de ese floklore, también surgieron los artistas. Y la gran ciudad vio como los humildes inmigrantes de la Boca se destacaban a través de sus hijos notables, muchos de los cuales se han ganado su lugar en la historia: Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Francisco Cafferatta, Roberto Capurro… Esta porción de la ciudad adquirió características propias, tan disímiles del resto que hasta llegaron a proclamarse como República Independiente (no una, sino tres veces). Y una de las características más particulares era su arquitectura. Las casa de chapa y madera típicas de la arquitectura ribereña le confirieron al barrio su identidad definitiva. Con el paso de los años, las costumbres cambiaron, los hijos de los inmigrantes ascendieron de posición y se mudaron del barrio, los nuevos propietarios cambiaron la estructura de las viviendas y la estética de La Boca cambió para siempre. Sin embargo, hay algunos lugares en los cuales aún puede respirarse ese aire arrabalero de los primeros tiempos, cuando siempre sonaba un tango dentro de un conventillo. Aunque para muchos no sea más que una postal turística, en la calle Caminito hoy vuelven a confluir todas esas tendencias: la arquitectura típica, el tango y los artistas populares. Tiene poco más de 100 metros de longitud y es tan corta como especial. Al principio fue un arroyo y luego un ramal del ferrocarril del Sud, que partía de la estación Casa Amarilla y atravesaba una curva que se formaba entres las calles Lamadrid y Magallanes. Cuando el ferrocarril abandona este terreno en 1954, los vecinos del barrio comenzaron a utilizarlo como un atajo para acortar distancia. Así fue convirtiéndose en el caminito que Juan de Dios Filiberto transitó a diario hasta inmortalizarlo en uno de los tangos más famosos del país. Precisamente por haber sido un paso de ferrocarril, las casas que lo rodean no tienen puertas ni zaguanes hacia esa calle. Solo algunas ventanas y balcones, con ropa eternamente colgada, y paredes pintadas en colores fuertes. El origen de los colores no obedece a una razón estética, sino a los sobrantes de pintura que los marineros traían de los barcos. Como la pintura era costosa y escasa, los ambientes se iban pintando de diferentes colores, comenzando por los marcos de madera y continuando por las paredes, hasta donde alcanzara. Esta estética que surgió de la necesidad, con el tiempo fue adoptada como una costumbre típica de los habitantes de La Boca. Durante algunos años, la callejuela estuvo abandonada, llena de tierra, yuyos y piedra, hasta el desvelo de Quinquela Martín y Juan de Dios Filiberto hizo que Caminito se convierta en una Calle Museo en 18 de octubre de 1959. Desde ese momento Caminito fue una galería a cielo abierto, paseo peatonal y hasta teatro, cuando Cecilio Madanes presentaba sus obras sobre el empedrado y los vecinos prestaban sus balcones a modo de palcos improvisados. Hoy es el único museo peatonal del mundo, en dónde las expresiones artísticas se funden con el pasado no tan lejano de un barrio que se niega a perder su escencia. Recorrida a diario por extranjeros y lugareños, es el lugar más visitado de la ciudad de Buenos Aires, seguido por el casco histórico, Recoleta y Puerto Madero. Todos los días, de 10 a 18 hs., se puede recorrer el tradicional paseo que hoy se llama Calle Museo Caminito, donde artistas plásticos, fotógrafos y parejas de tango, ofrecen todo su arte el aire libre, con el peculiar colorido de las antiguas casas de chapa, de fondo. También se montan ferias callejeras, donde se puede comprar todo tipo de artesanías. En medio de esa exposición, encontramos a Alfredo Lucadamo, quizás el único pintor que hizo de ésta calle su taller y pinta ante la mirada absorta de todos los visitantes. El nombre de “Caminito” En la década del 50, la callejuela se había ganado el nombre Caminito, que el saber popular adjudicaba al famoso tango. Lo cierto es que la letra del tango, escrita por Gabino Coria Peñaloza hace referencia a otro caminito de Olta (en el límite entre La Rioja y San Luis). Sin embargo, Filiberto aseguró que su música estuvo inspirada es éste caminito de su juventud, y fue su amigo Quinquela Martín quién tomo la inicativa de bautizar así al callejón del ferrocarril. Ya sea que el tango le dio nombre al camino o el camino le dio nombre al tango, lo cierto es que estarán asociados para siempre en el inconsciente colectivo. Para ver muy cerca… Museo histórico de cera Del Valle Iberlucea 1261 Una casa de principios de siglo, ubicada en un sitio que condensa lo pintoresco y lo histórico, alberga el único museo de cera del país. Museo Quinquela Martín Pedro de Mendoza 1835 Frente al Riachuelo se levanta el edificio donde vivió y realizó su obra el pintor más representativo de la ribera porteña. Biblioteca Joaquín V González Suárez 408 Una casa de estilo colonial alberga la biblioteca popular más importante y antigua de La Boca. Su patrimonio asciende a 16 mil volúmenes y funciona como centro cultural. Con sabor a milonga… El samovar de Rasputín Del Valle Iberlucea y Caminito Un bar genuino que desde hace años atrae tanta gente por las noches como Caminito por las tardes. El boliche de los Imagineros Del Valle Iberlucea 1158 Con aires de conventillo, este restaurante y bar de La Boca presenta shows de folklore, tango y jazz. Uno de sus dueños, el escultor y pintor Omar Gasparini, le da un toque personal exhibiendo sus obras como parte de la decoración. La Perla Pedro de Mendoza 189 Un bar de 105 años de antigüedad. Está a la entrada del pasaje Caminito. Un lugar pintoresco que se llena de turistas los fines de semana. Calle Necochea Es la calle de las cantinas. Establecida en antiguos comedores portuarios, hoy totalmente renovados donde se puede disfrutar de buenos espectáculos. ©

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