La Iglesia Rusa

Desde algunos puntos de San Telmo, cuando uno eleva la vista, pueden verse entre los edificios, unas cúpulas azules con estrellas doradas que no parecen pertencer al contexto colonial del casco antiguo de la Ciudad. Se trata de las cúpulas moscovitas de la Iglesia Católica Ortodoxa de la Santísima Trinidad, ubicada en la calle Brasil al 300, frente al anfiteatro del Parque Lezama.

Conocida por casi todos como “la Iglesia Ortodoxa Rusa”, es el primer templo ortodoxo de Latinoamérica, y encierra en su interior una larga historia ligada a los inmigrantes de distintos pueblos que practicaban el culto más antiguo de la primitiva Iglesia Cristiana: griegos, dálmatos, montenegrinos, servios, sirios, rumanos y rusos.

El aporte de la Madre Rusia
Hacia fines del siglo XIX, estos inmigrantes, preocupados por su situación religiosa, comenzaron a impulsar la instauración de una Iglesia Ortodoxa en la Ciudad de Buenos Aires.
El 1 de octubre de 1887, un grupo de rusos, eslavos y griegos liderado por Miguel Vuccassovich, elevó un petitorio al Cónsul General de Rusia en Buenos Aires, Pedro Christophersen, para que por su intermedio el Zar Alejandro III enviara un sacerdote ortodoxo a Buenos Aires. El 14 de Junio de 1888, un decreto imperial ordenaba la instauración de una capilla ortodoxa en la capital metropolitana, agregada a la Delegación Imperial de Rusia en nuestro país. Ese mismo año llegaba a Buenos Aires el sacerdote Miguel Ivanoff, quién instauró la capilla en una casa particular, celebrando por primera vez la liturgia ortodoxa para todos aquellos que profesaran esta religión, sin importar su nacionalidad.
Para esta primera y humilde capilla, todos los elementos tradicionales del culto habían sido traídos desde una antigua capilla de Madrid: el altar, el ikonostas, el vestuario, los cálices, las cruces…
Para 1890, la religión ortodoxa greco-rusa era muy poco conocida en estas latitudes, y la pequeña capilla instalada en una habitación alquilada no contribuía mucho a difundir su presencia. Con el tiempo, se hizo necesaria la fundación de un nuevo edificio, pero la situación económica de los inmigrantes no era lo suficientemente holgada como para financiar su construcción.
Para ese entonces, el padre Ivanoff había sido llamado nuevamente a Rusia y le sucedió el reverendo Constantin Izrastzoff, quién se tomó la construcción del nuevo templo casi como una cuestión personal. El primer intento fue el de gestionar un crédito ante el Banco Hipotecario, sobre un proyecto inicial del arquitecto A. Christophersen. La gestión resultó negativa, a pesar de todos los esfuerzos del Cónsul General de Rusia en nuestro país, razón por la cual el propio Izratstzoff decidió volver la mirada hacia su madre patria.
El primer aporte se realizó durante el reinado del Zar Alejandro III, cuando el Sínodo envió la suma de 18.100 rublos para financiar la Iglesia de Buenos Aires. La compra del terreno (una parcela de 10 x 40 m. en pleno San Telmo) se llevó las dos terceras partes de ese dinero. A pesar de que el arquitecto Christophersen había ajustado el plano a un nuevo presupuesto, proyectando una iglesia de una sóla cúpula, seguía siendo necesario conseguir nuevos fondos para comenzar con la construcción. Esta vez, el reverendo Izrastzoff dirigió sus llamados al pueblo ruso, peregrinando por varias ciudades hasta detenerse en Moscú. Pronunció sermones, escribió columnas en los periódicos y publicó gacetillas sueltas aludiendo a la caridad del pueblo ruso. Las donaciones no se hicieron esperar: llegaban a las redacciones de los diarios, o al se remitían directamente al Santo Sínodo.
Nuevamente, la corona rusa realizó su aporte: el Zar Nicolás Alexandrovich, su madre la Emperatriz María Teodorovna, y sus hermanos, realizaron sendos donativos en dinero y materiales.
Gracias a todos esos aportes, el plano fue reformado por tercera vez. Esta vez fue el arquitecto del Santo Sínodo de Rusia, Mihail Timofevich Probrazensky,, el encargado de proyectar un templo del estilo de las antiguas iglesias moscovitas del siglo XVII, ejecutado en Buenos Aires por Christophersen.

La Iglesia de la Santísima Trinidad
La piedra fundamental del nuevo templo se colocó en 18 de Diciembre de 1898, día de San Nicolás Taumaturgo, (onomástico del Zar Nicolás II), y tres años más tarde se consagró la que sería la primera Iglesia Ortodoxa de América del Sur. La ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 6 de Octubre de 1901, con la presencia del entonces Presidente Julio A. Roca, varios ministros, el cuerpo diplomático de Rusia y representantes de la comunidad griega.
Inspirada en los templos moscovitas de los siglos XVII y XVIII, posee cinco cúpulas acebolladas azules, con motivos de estrellas doradas. El cuerpo principal de este templo fue proyectado de dos pisos de altura al frente, con salones para uso escolar en la planta baja y el templo en la parte superior; mientras que sobre el fondo del terreno se ubicó una vivienda de tres niveles para los clérigos. La nave tiene planta de cruz griega, con pinturas murales realizadas en su mayor parte por Mateo Casellá.
En la iglesia hay dos altares: el mayor, dedicado a la Santísima Trinidad y otro más chico, puesto bajo la advocación de los santos Nicolás Taumaturgo y María Magdalena (protectores del Emperador de Rusia y Madre)en agradecimiento por el apoyo brindado.
Entre los objetos donados, el más noble y valioso es el ikonostás de mayolica, donado por una acaudalada dama de San Petersburgo, Eudokia Y. Kogevnicoff, y ejecutado, según los planos del arquitecto señor M. Nikonoff, en la escuela de Mirgorod (Poltava).
Sobre las ventanas de la Iglesia, se había colocado unos “transparentes” (pinturas sobre tela finísima), que imitan los antiguos vitraux, donados por la moscovita Julia J. Bazanoff. Las imágenes representaban varios momentos de la vida terrestre de Nuestro Señor Jesucristo. Lamentablemente, un incendio destruyó estas telas, que fueron reemplazadas por los actuales vitrales, realizados en nuestro país.
Otro objeto importante es el grandioso mosaico veneciano que representa a la Santísima Trinidad, que se halla colocado en el frontispicio del templo. Fue donado por el académico Froloff, realizado en sus propios talleres de San Petersburgo:
Los techos fueron pintados con frescos: en la cúpula central, “La gloria en los cielos”, y en los demás en los cielorrasos están pintados los días de la creación.
Pero la donación más preciada de todas es la ikona de la Santísima Virgen María. enviada por el célebre Monasterio del Monte Athos, que contiene muchas reliquias de santos, que se conservan en un tabernáculo sobre el altar, exponiéndose algunas veces a la devoción de los fieles. Existen además: cálices, cruces y lámparas de plata dorada, estandartes (jorugvi) y arañas de bronce dorado, ikonas, candeleros, vestidos, campanas, además de una importantísima colección de pinturas procedentes de Rusia. Los nombres de los donantes de cada uno de estos objetos se encuentran inscriptos en las paredes del gran vestíbulo.
Ya hace más de cien años que la Iglesia de las Santísima Trinidad eleva sus cinco cúpulas al cielo desde este rincón de San Telmo, y está considerada Monumento Histórico Nacional por la Dirección General de Patrimonio de la Nación.
Hace unos años, las representaciones de los techos fueron removidas por haber sido afectadas por el tiempo y la humedad, con la intención de restituirlas en su momento.
En el año 2001, especialistas del grupo de restauradores y conservadores del Museo Histórico de Moscú estuvieron restaurando parte de los iconos, y durante el 2003 y el 2004 se realizaron restauraciones en las cúpulas y la fachada, gracias a la donación de la Empresa Capitol City. ©


 

 

 

 

 

MAS FOTOS