Puerto Madero
El puerto que ya no es puerto

Entre las avenidas Córdoba y Brasil, en la Ribera porteña existe una angosta tira urbanizada que corre entre cuatro viejos diques y se funde con la Reserva Ecológica de la Costanera Sur. Sobre estas tierras ganadas al río se asienta Puerto Madero, unas 170 hectáreas que conforman el barrio más nuevo de la ciudad. Un barrio que se fundó sobre un puerto abandonado, recuperando en parte la escencia de una Buenos Aires que creció mirando al río. Desde la época de su fundación, la ciudad de Buenos Aires utilizaba el llamado “Riachuelo de los Navíos” para el desembarco de mercaderías y pasajeros. Durante muchos años, al no existir un muelle, los barcos fondearan en el profundo canal y los botes acercaban pasajeros y mercadería hacia la orilla. Hasta 1770, se habían propuesto más de 60 proyectos de puertos y malecones fuera de la zona del Riachuelo, sobre la ribera de la ciudad. Ninguno de estos proyectos, ni los posteriores, supieron dotar a Buenos Aires de una infraestructura portuaria acorde con sus necesidades, y la gran mayoría fueron dejados de lado. En 1872 se construye el muelle y los depósitos de Las Catalinas, en la bajada de las actuales calles Viamonte y Córdoba. Una vez superada la etapa de los muelles, el gobierno se propuso la creación de un puerto completo. Entre los diversos proyectos figuraron los de Eduardo Madero y Luis A. Huergo. El proyecto del Ingeniero Huergo fue desestimado, dando paso al de Madero, que comprendía cuatro diques interconectados y dos dársenas, Norte y Sur. Como puerto, tuvo poca vida útil, funcionando poco más de treinta años. Con el paso del tiempo, el puerto proyectado para comerciar cajones y granos fue desplazado por los containers y la carga de granos en puertos de aguas profundas, los que decretaron su salida de servicio y el puerto comenzó a decaer hasta llegar a un lamentable estado de deterioro. Durante años, esa parte de la ciudad le dio la espalda al río y los edificios de ladrillos que conformaron los doques se convirtieron en una especie de pueblo fantasma, deshabitado y abandonado. Por ese entonces se demolieron, por ejemplo, una parte del complejo de silos, depósitos y elevadores de granos del año 1902, de estilo modernista, que pertenecieron a la firma Bunge y Born. En 1989, luego de sancionarse la Ley de Reforma del Estado, se creó la Corporación Antiguo Puerto Madero con el objeto de urbanizar las 170 hectáreas del viejo puerto. La Corporación es una sociedad formada por el Estado nacional y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Una vez que la Corporación escrituró las tierras, se iniciaron los estudios del plan de reciclaje, con el asesoramiento de técnicos del Ayuntamiento de Barcelona y en 1991 se convocó a un Concurso Nacional de Ideas de donde nació el Plan Master del nuevo barrio, con una inversión aproximada de 1.600 millones de dólares. Puerto Madero se transformó nuevamente y surgió un barrio de gran expansión comercial, en el cual lo nuevo y lo viejo se complementan sin contradicciones. Una serie de características particulares hacen de esta zona de Buenos Aires un lugar único para vivir, pasear y trabajar. En medio de sus calles y boulevares arbolados conviven sin estridencias la mayor oferta gastronómica de la ciudad, centros de esparcimiento y convenciones, un yatch club, edificios empresariales, viviendas y hasta una universidad. La reforma de Puerto Madero comenzó por la orilla oeste, se abrieron calles y se reciclaron los antiguos galpones de estilo industrial inglés, de ladrillos rojos y vigas de hierro. Uno de los primeros edificios en ser construido fue el Campus de la Universidad Católica Argentina, frente al dique 2, inaugurado en 1994. Y desde entonces, los dockes de esta orilla fueron recuperando su estilo para alojar más de treinta restaurantes, y una serie de edificios de oficinas y modernos lofts con vista al río. En poco menos de cinco años, se transformó en un paseo para los porteños y turistas, que encuentran en ese sector tan céntrico de la ciudad, un remanso de tranquilidad junto al río. Por una ordenanza de 1995, todas las calles se bautizaron con nombres de mujeres. Desde Alicia Moreau de Justo hasta Juana Manso, las calles nos recuerdan a médicas, maestras, revolucionarias, escritoras, actrices, políticas, y muchas otras que por una u otra razón dejaron huella en nuestro país y Latinoamérica. A partir de esa iniciativa, Puerto Madero tiene cierto toque femenino, acentuado con la construcción del Puente de la Mujer y el futuro Parque de las Mujeres. Contrastando con su origen portuario, éste nuevo barrio se perfila como el único en el cual las mujeres son protagonistas. Puerto Madero también incluye un circuito histórico, que comprende la visita los dos museos flotantes: La Corbeta Uruguay y La Fragata Sarmiento, y el antiguo Gran Hotel, punto de desembarco de millones de inmigrantes. Cruzando las Dársenas del puerto y a orillas del Río de La Plata, la Costanera Sur es el paseo escogido por los amantes de la naturaleza. En este rincón, construido sobre terrenos ganados al río, se levanta una reserva ecológica de características únicas en la ciudad de Buenos Aires. Sus 350 hectáreas protegen, desde 1986, a numerosos ejemplares de la flora y la fauna típicas de la pampa y del delta del Paraná. La urbanización continúa en la orilla este, cuyos edificios de vidrio contrastan con los antiguos galpones, y se están transformando en la mayor inversión inmobiliaria que se haya realizado en Buenos Aires, pero eso será tema para otra nota… ©

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