El Obelisco de Buenos Aires


Los primeros obeliscos de los que se tiene conocimiento, son los creados por los egipcios. Eran construcciones monolíticas, es decir formados a partir de un solo bloque de piedra, y tenían un carácter religioso. Posteriores civilizaciones, le agregaron otras significaciones, como recordatorios de batallas, triunfos de guerra, o diferentes hitos históricos. Son muchísimas las ciudades del mundo que tienen un obelisco en alguna plaza, aunque no debe haber ninguna que se identifique tanto con este elemento como lo hace la ciudad de Buenos Aires.

Corría el año 1936. La municipalidad de la ciudad de Buenos Aires ya había abierto la que sería la avenida más ancha del mundo. En el cruce de la Avenida 9 de Julio y la calle Corrientes, derribando la vieja Iglesia de San Nicolás de Bari, algunos viejos cafetines y teatros de varietes, se había construido la llamada Plaza de la República, por entonces un enorme vacío en medio de la populosa ciudad.
Para el año del cuarto centenario de la Primera Fundación de Buenos Aires, el intendente Mariano de Vedia y Mitre encargó al arquitecto Alberto Presbich el diseño de un obelisco que se construiría en esa plaza. Cómo elemento, el Obelisco tenía muchas significaciones. Por un lado, representaba el precario y grueso madero sobre el cual apoyó su espada el Adelantado Don Pedro de Mendoza. Por otro lado, el Obelisco se instaló en el sitio exacto en el cual flameó por primera vez la Bandera Nacional en la ciudad de Buenos Aires (sobre la torre de Iglesia de San Nicolás el 23 de agosto de 1812).
A pesar de toda la significación histórica que tenía el nuevo elemento al momento de cuatricentenario, nadie imaginaba que se transformaría, para el resto del mundo, en “el símbolo” por excelencia de la ciudad de Buenos Aires.
Desde que se dio a conocer la noticia con el proyecto, el Obelisco de Buenos Aires fue objeto de múltiples manifestaciones en su contra. Tal como pasó con la Torre Eiffel, el Obelisco contó con numerosos detractores entre los habitantes de la ciudad y el periodismo del momento, provocando un gran movimiento de repudio que fue desoido por los impulsores del proyecto. El clamor negativo se acalló luego de su inauguración, el 23 de Mayo de 1936 y desde entonces se amalgamó al paisaje del centro de la ciudad, como si siempre hubiese estado allí. Con el tiempo, los ciudadanos de Buenos Aires (y por que no los habitantes del todo el país), comenzaron a sentirlo como algo que los identificaba y lo hicieron propio. Su presencia majestuosa fue imponiéndose como el corolario de la avenida 9 de Julio y adquirió un protagonismo indiscutido como punto de reunión y manifestación de los argentinos.
La Plaza de la República sufrió algunas modificaciones desde que se levantó el Obelisco hasta hoy. En 1936, tenía una forma circular, coincidente con el ensanche de la avenida Corrientes. En los años 60, la plaza se volvió una elipse de 200 metros para facilitar el cruce peatonal de la avenida. Diez años más tarde, a ésta elipse se le abrieron cuatro surcos para permitir el paso del tránsito vehicular.
Hoy, el Obelisco presenta una ridícula (pero necesaria) reja que lo rodea a fin de evitar las inscripciones y graffitis. Una vez al año es iluminado de rosa, en adhesión a la campaña contra el sida, varias veces es testigo mudo de festejos deportivos, actos políticos y manifestaciones artístico culturales.
El Obelisco fue construido por la empresa Siemens Bauunion en un tiempo récord de sólo cuatro semanas, salvando las dificultades que significaban los túneles del subterráneo durante la construcción de las bóvedas del fundamento.
El edificio mide 67.50 metros de alto y su base tiene 49 metros cuadrados. Para su construcción se utilizaron 680 metros cúbicos de cemento u 1360 metros cuadrados de piedra blanca traída de Córdoba. Al momento de su inauguración, las cuatro caras del Obelisco estaban cubiertas por piedras lajas, pero en la noche del 20 a 21 de junio de 1938, se desprendieron varias de éstas piedras. Por eso, la edificación se revistió con el revoque actual. En su base, sólo tiene una pequeña puerta, y en el ápice cuatro ventanitas a las cuales se accede por una escalera recta de 206 escalones que se encuentra en el interior. También sobre la cúspide, está instalado un pequeño pararrayos que casi resulta invisible desde la base.
Las cuatro inscripciones de sus fachadas recuerdan: la primer fundación de Buenos Aires en 1536, la segunda fundación en 1580, el sitio donde se izó por primera vez la Bandera en 1812 y la designación de Buenos Aires como Capital Federal en 1880.
MAS FOTOS