Chiquín
Buenos Aires

En 1905 la Avenida de Mayo ya había sido inaugurada y un nuevo perfil arquitectónico se dibujaba en la ciudad. Era el perfil de la prosperidad, de las grandes obras, del estilo europeo que dejó su huella marcada a fuego. La gran ciudad comenzaba a tomar la forma que la iba a caracterizar para siempre. En ese entonces, un italiano de apellido Francia y Francisco Borsalino dejaban para siempre el local comedor que habían fundado en el Pasaje Carabelas para trasladarse al edificio construido por Osvaldo Bosisio en Perón 920, donde había funcionado la tradicional fábrica de chocolates y bombonería Godet y luego, en el segundo piso, el renombrado Hotel Génova. Francia y Borsalino cumplieron con el rito soñado por la mayoría de los inmigrantes: se juraron un "para siempre" al colocar las chapas de bronce que decían "Gran restaurante Chiquín, de Borsalino y Francia". Tan contundente como su juramento es la puerta giratoria, es aquel cartel que por suerte aún se conserva, son las sillas Thonet y las de madera de haya, traídas desde Polonia en aquella época y cuyo tramado simula la piel de un cocodrilo, las arañas, la carpintería del mostrador, y la impecable boisserie. Se mantuvo también el piso de granito que ya había sido cambiado pro el original de madera y se realizaron obras de restauración durante 20 meses, donde el viejo depósito de quesos situado en el subsuelo, por ejemplo, fue convertido en una cava y sala de degustación de vinos de guarda. Entre los gourmands, el minestrón de Chiquín era famoso, tanto como lo fueron la suprema Singapur y los tallarines Parisiene, platos que llegaron desde su cocina por primera vez a los paladares porteños. El menú actual, creación del chef César Pereira, cuenta con diversa variedad de entradas frías y calientes, carnes 100% argentinas, aves, pescados, y pastas caseras con un final de dulces que colmarán las expectativas de cada visitante. La carta de vinos acompaña con excelencia la propuesta. En el salón se luce un staff permanente de artistas (bailarines, coreógrafos y cantantes) acompañados por una orquesta en vivo. El actual show, “Sueños de Tango” con la participación de Ricardo “Chiqui” Pereyra, un histórico del 2x4, considerado por muchos como el “último tanguero”. El cantante está acompañado por Mónica Romano (toda una sorpresa por los matices de su voz), una orquesta liderada por Leonardo Marconi, el cuarteto “Los Laikas” y un cuerpo de bailarines de categoría que manejan todos los estilos del tango actual. Chiquín se consolidó en aquella época como referente de la gastronomía local y hoy pertenece al grupo cada vez más pequeño de restaurantes tradicionales que subsisten en el centro. Esos establecimientos que a través del tiempo mantienen un prestigio sin fisuras para dar fundamento a la predilección de las numerosas personalidades vinculadas con la vida de la ciudad. La lista de habitués ilustres habla por sí sola: Carlos Gardel, Enrique Muiño, Sofía Bozán, Elías Alippi, Lola Membrives, José Ingenieros, Horacio Quiroga, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Adolfo Pérez Esquivel, Mirtha Legrand y Mercedes Sosa, son algunas de las personalidades que han disfrutado del espíritu Chiquín. Hoy, declarado "Testimonio vivo de la memoria ciudadana", ofrece un servicio adecuado con los tiempos, y entre las ventajas que propone pueden enumerarse las siguientes: - Salón reservado en el entrepiso con vista al salón principal. - Salón independiente para eventos en el 1º piso. - Show de tango. - Degustaciones o presentaciones de vinos en la cava del subsuelo. ©

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