Club Español

La ciudad tiene partes que parecen haber sido construidas con retazos de otras. Si la calle Arroyo se parece a Paris, Catalinas a New York y La Boca a la vieja Italia, nadie puede negar que la zona de Avenida de Mayo es un pedacito de Madrid en Buenos Aires. Sin embargo, hay una construcción muy cerquita de la gran avenida que nos remite a la otra España, la de los árabes, la del esplendor de Al-Andalus. Su fachada está tan ornamentada que no logra perderse en el tumulto de la avenida 9 de Julio y hace que más de un transeúnte sorprendido la confunda con una embajada de algún país del lejano oriente. Pero el palacio que se levanta sobre Bernardo de Irigoyen al 100 alberga la sede del Club Español en Buenos Aires, una entidad que tiene una historia tan larga como la de la misma ciudad. Una vez declarada la Independencia Argentina, la comunidad española se vio relegada a un lógico ostracismo político, pero siguió teniendo una intensa actividad social y comercial. En 1852 se creó la efímera Sala Española de Comercio que fue disuelta cinco años más tarde. Sin embargo, sus asociados siguieron reuniéndose en un centro en la calle Victoria, que en 1866 se oficializó con el nombre de Casino Español. Desde esa sede, la comunidad ibérica desarrollaba diversas actividades sociales y benéficas. El 8 de Septiembre de 1872, el casino pasó a denominarse Club Español, nombre que sigue hasta hoy, transformándose en una de las sociedades de españoles en el extranjero más antiguas. A principios del siglo pasado, el Club necesitaba una nueva sede y sus socios iniciaron la recaudación de fondos para comprar el predio en cual se levantaría el nuevo edificio. En Mayo de 1907, bajo la presidencia del Dr. Fermín Calzada, adquirieron dos terrenos sobre la calle del Buen Orden (hoy, Bdo. De Irigoyen) y llamaron a una licitación internacional para encarar su construcción. El proyecto ganador fue el del arquitecto Enrique Folkers, a quién se le encomendó también la dirección de obra. Folkers, de origen holandes, diseñó un palacete que combina diferentes estilos, como era común en la ecléctica arquitectura del 1900. En el trazado pueden verse influencias románicas, neo renacentistas y algunos rasgos de la arquitectura flamenca en la volumetría y las líneas exteriores. Pero en el interior y la ornamentación predomina una marcada tendencia neo-mudejar (y algo del modernismo catalán) que le confieren ese aspecto árabe tan característico. El palacio tiene cuatro plantas. En el subsuelo se instaló el Salón Alambra, que como su nombre lo indica es el más árabe de todos. En la planta baja se instalaron los billares. En el primer piso, un salón principal de estilo imperial cuyo techo fue pintado por el maestro Julio Borrell. El en segundo piso se instalaron dos salones que fueron destinados a juego, reunión y recreo. En el tercer piso se montó el restaurante, otras salas de recreo y oficinas administrativas. La azotea fue proyectada para transformarse en un comedor de verano. Con el paso del tiempo, los usos y costumbres cambiaron y obligaron a realizar algunas variantes, pero el palacio del Club Español se conserva casi como estaba en 1911, cuando fue inaugurado. En 1996, la comisión directiva del Club decidió encarar una restauración que volviera a darle al palacio el brillo original. Se restauró la fachada principal, el hall de entrada y la escalinata de acceso. Se renovaron paredes, techos, pisos, arañas y adornos de los salones Alambra, Imperial, Mayor y sala Roja. En el tercer piso se ha procedido a la reapertura de la biblioteca y la pinacoteca, que tiene un inconmensurable valor patrimonial. La biblioteca tiene más de 15.000 volúmenes, algunos de ellos ejemplares únicos, ordenados en estanterías construidas en madera de roble tallada. La Pinacoteca cuenta con obras de grandes maestros de la pintura española y argentina: Sorolla, Julio Romero de Torres, Quinquela Martín, Pradilla, Cordero Villegas, Llorens, entre otros. El cuarto piso fue renovado en toda su extensión, creando el Salón de las Autonomías, que aparece adornado con las diecisiete banderas de las comunidades españolas. La Fachada presenta esculturas de Tasso y Nadal, y se remata con una de las cúpulas más bellas de todo Buenos Aires, con su geniecillo alado, que se encuentra en perfecto estado de mantenimiento. Hace unos años, las espléndidas barandas de bronce de tres metros que protegen el balcón del primer piso fueron robadas, en plena avenida 9 de Julio. Ocurrió una madrugada del 6 de Enero del 2003, cuando cuatro hombres engancharon las barandas a una camioneta y las arrancaron de cuajo, rompiendo también los mármoles de la base. Ellos se llevaban 300 kilos de bronces, pero para todos los socios del Club Español de Buenos Aires, (y para el resto de los habitantes de la ciudad) se estaban robando un pedacito de historia. ©

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