Teatro Colón

El teatro en el Río de la Plata tenía algunos antecesores. Primero fue el Teatro de la Ranchería, que se quemó en 1792, y el teatro Coliseo que se inauguró en 1804, y después el primitivo Teatro Colón, que se encontraba frente a la Plaza de Mayo. Construido en 1857, apenas tres décadas más tarde debió cerrar sus puertas para dejar el predio en el que se levantaría el edificio del Banco Nación. En esas tres décadas, el Colón se había destacado por la calidad de sus temporadas y al cerrar dejó un espacio vacío que exigía una pronta reparación. Así, el Estado Nacional encaró la construcción de un nuevo teatro, en los terrenos que por ese entonces ocupaba la estación Parque del Ferrocarril Oeste. Desde el decreto que llamaba a licitación, en 1888, hasta la finalización de las obras transcurrieron veinte años y cuatro arquitectos. El proyecto original es del arquitecto Francisco Tamburini, quién falleció inesperadamente a poco de comenzar las obras. La tarea recayó en su colaborador y amigo Víctor Meano, quién le introdujo apenas algunos cambios al proyecto original. En el transcurso de las obras, también fallecieron Meano y Angel Ferrari, que lo había sucedido. Finalmente, el Teatro fue terminado por el arquitecto belga Jules Dormal, quién le puso su sello definitivo. Su mano se nota, sobre todo en el estilo francés de la decoración. El resultado final fue sorprendente. El edificio es un claro exponente del eclecticismo de la época, con una acabada síntesis de diversos estilos que ensamblan, sin embargo, de una manera armoniosa y coherente. El 25 de Mayo de 1808, el Teatro Colón de Buenos Aires inauguró su primera temporada con la Opera Aída, de Verdi, y desde entonces se ubica entre los teatros más famosos de las grandes capitales. Con más de 58.000 metros cuadrados cubiertos, entre el teatro y sus dependencias subterráneas, el Colón alberga una de las salas con mejor acústica del mundo, además del Instituto Superior de Arte, la Biblioteca, y los talleres de maquinaria, escenografía, utilería, sastrería, zapatería, tapicería, mecánica escencia, escultura, fotografía, maquillaje y peluquería. Cien años más tarde, el viejo Teatro está a punto de lucir como nuevo. En el 2001 se puso en marcha el Master Plan para la remodelación y puesta en valor del edificio en vistas a su centenario, cuyo valor final ascenderá a los 25 millones de dólares. La primera etapa se cumplió entre 2001 y 2003, la segunda entre 2004 y 2005 y ahora se está llevando a cabo la etapa final de las obras de restauración, que terminarán para principios del 2008. Según la premisa de Telerman, que al principio de las obras era secretario de cultura, el objetivo fundamental es el respeto de los rasgos originales del edificio, la inalterabilidad de la acústica y la proyección contra incendios. Las refacciones comenzaron con la cubierta de zinc, la consolidación de los balcones de la fachada, y las instalaciones sanitarias y eléctricas. Después se trataron las cubiertas planas, sobre todo sus problemas de humedad, filtraciones y grietas. Se restauraron vitrales y claraboyas y se inauguró el paseo de Carruajes. La construcción de la Plaza Estado del Vaticano, en el lugar que se encontraba el antiguo estacionamiento sobre la calle Viamonte, abrirá un espacio público nuevo ganado a la ciudad, además de permitir la realización de espectáculos al aire libre. Finalmente, en Noviembre se cerrará al público hasta el 2008 para restaurar la sala principal. Si todo acontece como está previsto, el remozado teatro estará listo para festejar su centenario y el 25 de Mayo de 1908, los asiduos concurrentes al Colón podrán escuchar Aída como si fuera la primera vez. ©

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