Calle Lanín

Las fachadas industriales y la arquitectura urbana de principios de siglo le dan a Barracas un aspecto irremediablemente gris. No tan irremediable para el pintor que un día soñó su calle de colores.

Marino Santa María nació en Barracas, en un hogar con un padre pintor y ceramista que quería que su hijo estudiara otra cosa para no morirse de hambre. Pero como lo que se hereda no se mama, Marino estudió en la escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y luego en la Pridiliano Pueyrredón, y se dedicó al arte con una visión muy particular de su expresión urbana. Todo comenzó hace unos años, sobre el muro del ferrocarril de la calle Lanín, cuando Santa María montó la instalación “Huellas en el aire”. Estos particulares cuadros del cielo eran veinte espejos apoyados en el piso que reflejaban un cielo celeste y puro, impensable en los años en que Barracas era una zona industrial. Durante 700 días los espejos se colgaron y descolgaron, mientras se gestaba una transformación mucho más perdurable: la idea de convertir la calle Lanín, entre Brandsen e Icalma, en una muestra de arte público. Fue así como Santa María pintó primero la fachada de su taller, en Lanín 33, como si se tratase de una tela más. La idea causó revuelo pero no oposición y uno a uno los vecinos le pidieron que transformara sus fachadas en cuadros al aire libre (sólo tres propietarios prefirieron sus frentes sin pintar, pero no se opusieron a la iniciativa). Al poco tiempo, el proyecto cubrió cuarenta fachadas que hoy son una explosión de color. Para eso fue necesario un trabajo en equipo, ya que los frentes de las casas estaban tan deteriorados que hubo que lavar los muros, sellar las paredes, revocarlas, retocar molduras dañadas y solucionar problemas de humedad. Pero de una en una, las fachadas de la calle Lanín fueron reproduciendo obras de Marino, pintadas y revestidas con mosaicos. Las molduras, en cambio, fueron pintadas con colores lisos, ya que Marino sólo cubrió con sus obras las partes lisas de las paredes. El proyecto de Santa María es tal vez la única propuesta de arte público de esas características de la que se tiene referencia en la ciudad de Buenos Aires. Fue posible gracias al apoyo de la Fundación Banco Ciudad, la Secretaría de Cultura porteña, y la empresa de pinturas Alba. Esta callecita es el comienzo de una especie de corredor artístico de casi cuarenta cuadras que une la Boca con Barracas. Desde los murales pintados por Pérez Celis y Rómulo Macció en la cancha de Boca, continuando por la calle Caminito, la Fundación Proa, los murales sobre Pedro de Mendoza realizados por la Universidad de La Plata, los murales de Barraca Merlo, el edificio de Barraca Peña y la torre junto al Riachuelo, donde vivió el escultor Juan Carlos Vergottini, hasta llegar a la calle Lanín. Además de la expresión artística, este pequeño mundo aparte de apenas tres cuadras coloridas fue como el puntapié inicial para la cambiarle la cara a una de las partes más grises de Buenos Aires. © "Me interesan las ideas para la calle y que de la misma se desprenda una obra pictórica. La calle promueve otras circunstancias, otro contacto con los materiales y con la gente." La frase proviene de Marino Santa María, el artista público más conocido de Argentina, quien, fiel a sus convicciones, busca en calles y fachadas el lugar de comunicación que le permita expresarse a través de la pintura. Nació en 1949 en Buenos Aires y de su padre heredó la pasión por la pintura, estudiando bellas artes en la Escuela Nacional Manuel Belgrano y profesorado de pintura. Luego siguió los pasos tradicionales de todo artista: participación en los salones, exposiciones en museos nacionales y en el exterior. Además, fue rector del Instituto de Arte Prilidiano Pueyrredón durante siete años. Sin embargo, Santa María no estaba conforme con su carrera, el trabajar a solas en el taller lo aburrió y surgió la necesidad de ocuparse en un megaproyecto: pintar la calle Lanín. Este fue el punto de partida para un camino que se abrió hacia el arte público, las intervenciones urbanas y una manera distinta de concebir la creación artística. "El objetivo no es convertir esto en un museo al aire libre ni hacer peatonal la calle, al estilo de Caminito. El arte público no tiene que tener funcionalidad, es simplemente para que esté al alcance de la gente que no va a los museos." Fue Vice Presidente del Club Amigos de la UNESCO, Buenos Aires 1981/ 82. Durante su gestión como Rector de la ENBAPP, durante el período 1992/98, fue creada la Carrera de Profesor Nacional de Dibujo y el área de Extensión Cultural. Profesor Titular de la cátedra de Pintura del último año del Profesorado de la ENBAPP 1984/1999. ©

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