Museo de Tigre

Dicen que nadie escapa a su destino. Tal vez fue un capricho del oráculo que el señorial edificio que alguna vez albergó a un casino se convirtiera, un siglo más tarde, en un museo de bellas artes. Aunque quizás sea más lógico atribuir el cambio a la visión de aquellos que creyeron que reciclarlo podía ser un buen juego y redoblaron la apuesta por el lado del arte.

Son pocos los que podían recordarlo tal como era… El imponente edificio de estilo academicista sólo estuvo abierto 21 veranos a principios de siglo. Había sido construido en 1909 por la sociedad del Tigre Club para ser la sede de un casino selecto. El proyecto había sido encargado a la firma de los arquitectos Pablo Pater y Luis Dubois, ejecutado por el ingeniero Emilio Mitre, hijo de Bartolomé Mitre. Las obras fueron financiadas en gran parte por el banquero Ernesto Torquinst, Luis García y el mismo Emilio Mitre. Fue el primer casino del país. Inauguró en el verano de 1913, abriendo sus puertas cuatro días a la semana, de diciembre a marzo. Por sus veinticinco mesas de ruleta y punto y banca, desfiló lo mejor de la sociedad porteña de esa época dorada. Personajes como el presidente Julio A. Roca, o el poeta Rubén Darío, se dieron cita en esa mansión del paseo Victorica, cuya espectacular pasarela daba al Río Luján. La madrugada del 6 de Enero de 1933, un juez lo clausuró por considerarlo un lugar clandestino, en el marco de una nueva ley que erradicaría los casinos cercanos a Buenos Aires. El casino nunca más volvió a funcionar y el palacete iría perdiendo su encanto a medida que iba siendo abandonado a su suerte. El entorno empeoró cuando un incendio, y su posterior demolición, terminaron con el mítico Tigre Hotel, emplazado en el predio vecino. El solar se transformó en la terminal de la línea 60 de colectivos. Durante muchos años, los habitantes de Tigre vieron como el casino se iba poniendo gris al ritmo de los colectivos que pasaban bajo los arcos de su señorial pasarela. En 1978 pasó a ser propiedad municipal, y fue declarado monumento histórico al año siguiente. Con la vuelta de la democracia, el antiguo casino se transformó en la sede del Concejo Deliberante. El paso de los años, el abandono y el mal uso, habían hecho mella en su estructura y dejaron al edificio en un estado calamitoso de deterioro, a punto de colapsar. Hasta que a principios de los noventa, Ricardo Ubieto (quién ya era intendente de Tigre) tomó la iniciativa de recuperar el edificio y el área circundante, como parte de un centro cultural. La decisión inicial fue mutando y finalmente derivó en la instalación de la sede del Museo de Arte de Tigre, dedicado a la pintura rioplatense. A cargo de las obras estuvo el arquitecto Hugo Maciñeiras, quién tomó la puesta en valor del edificio casi como una cruzada personal. El extenso plan de restauración comenzó por la consolidación estructural del viejo casino. La estructura metálica de las columnas se oxidó por falta de mantenimiento y filtraciones, rompiendo el revoque de piedra parís. Hubo que llegar hasta el alma de las columnas, sacar lo oxidado, consolidar y rehacer los revoques. En una segunda instancia, y como parte de la recuperación de la cubierta y de la cúpula central, se tomó la decisión de cerrar la calle al tránsito vehicular, para evitar una mayor degradación del edificio. El solar se transformó en una gran plaza cercada, que vincula al Museo con el nuevo edificio del Concejo Deliberante. Restaurar la terraza sobre el pasaje Victorica llevó más de dos años, ya que fue necesario levantar más de cien mil baldosas hexagonales originales de mármol de carrara, pulirlas y volverlas a colocar una vez reparada la losa. Para recuperar las fachadas, se llevó a cabo un estudio para obtener la granulometría exacta del material del revestimiento. El proceso comenzó con un hidrolavado y la colocación de un puente de adherencia simil piedra con la misma granulometría que el original, para luego aplicar el revestimiento tipo neo-parís natural. En el interior, se restauraron pisos, mármoles, cielorrasos y escaleras. En el primer piso, se llevó a cabo la reconstrucción del salón oval, rescatando el marouflage original que el artista Vila Prades había realizado para el cielorraso. En el Foyer se repusieron faltantes, se recuperaron premoldeados y se realizó el estucado consolidando las superficies. Cuatro años llevó el trabajo de restauración de los pisos de roble de eslabonia. Para conseguir los faltantes, se recurrió a madera de la misma época obtenida de toneles de vino. La escalera principal, de mármol de carrara, tuvo que ser desmontada para reparar la estructura metálica. Una vez terminada la reparación, se volvieron a revestir los peldaños. Un párrafo aparte merece la enorme araña central de cristal de roca y bacarat, una de las únicas tres que existen en el mundo. La iluminación exterior se llevó a cabo de acuerdo a un proyecto realizado por el mismo grupo de ingenieros franceses que realizaron la iluminación de la Torre Eiffel y la Embajada de Francia. Hoy, los 1600 metros cuadrados del edificio lucen impecables. Las obras llevaron más de quince años de trabajo y casi cuatro millones de dólares. A esto hay que sumar las remesas destinadas a la compra de las obras de arte, todas propiedad de la Municipalidad de Tigre, sin aportes privados de ningún tipo. Hay que recordar que la comuna de Tigre se vio beneficiada en las últimas décadas con el desembarco de un centenar de countries y barrios privados, que sumaron prosperidad aún en los momentos de crisis. Aunque, nobleza obliga, es bueno reconocer los méritos de una buena administración. La colección está integrada por 155 obras pertenecientes a la historia de nuestro país, en una estructura temática que abarca desde los primeros artistas extranjeros y nacionales que inauguraron una tradición pictórica en nuestro país, hasta el paisaje, la figuración humana o la naturaleza muerta como grandes tópicos de la historia visual. Así, se distribuyen siete salas, en las cuales el puerto y el Tigre tienen su capítulo aparte. Cuando el Museo de Arte de Tigre (MAT) inauguró a fines de octubre pasado, los habitantes de esa ciudad estaban orgullosos de haber sumado el arte a su larga lista de atractivos. Fue, también, uno de los últimos actos públicos del intendente Ricardo Ubieto, quién falleció el 16 de Noviembre a causa de una enfermedad que lo aquejaba hace varios años. Más allá del lugar político de cada uno, nadie puede negar el legado que dejó a su cuidad. ©

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