Estancia
La Benquerencia

Una estancia centenaria, transformada en un club de chacras, demuestra que el desarrollo urbano no siempre está reñido con la protección del patrimonio histórico.

Son dos mil hectáreas de campo en San Miguel del Monte, a ciento veinte kilómetros de la Capital Federal. Hace dos siglos, cuando los querandíes eran amos y señores de las pampas de Buenos Aires, estas tierras formaban parte de la frontera del dominio español sobre el Río de la Plata. Con la Campaña del Desierto, la pampa se integró definitivamente al territorio argentino y las estancias que se instalaron en ella fueron un pilar fundamental para el desarrollo urbano, social y económico.
La Benquerencia fue una estancia de lujo, que perteneció originalmente a la familia Videla Dorna, una de las familias pioneras y fundadoras de San Miguel del Monte. Más tarde, pasó a manos de la familia Staudt, quienes todavía son propietarios de parte de las tierras. Históricamente dedicada a la cría de ganado fino, la estancia fue un motor del crecimiento económico de la zona.
Hoy, en esas tierras se en los que se está desarrollando el emprendimiento urbano de más alto nivel de la zona. Se trata un club de chacras que combina el esplendor de una antigua estancia tradicional, con la mejor infraestructura urbana y deportiva que exige la vida moderna.
El casco de la estancia, es una importante casona de 1890 que respeta algunos lineamientos básicos de la arquitectura colonial, con sus muros blanco y techos de tejas, una enorme galería e imponentes columnas. Fue restaurado y convertido en un club house con un restaurante de categoría y una posada de uso exclusivo para propietarios.
El interior guarda algunas reliquias que aún se conservan en excelente estado, como la chimenea importada de Florencia, las columnas de antiguas iglesias jesuíticas y una serie de objetos de cerámica de diseños precolombinos.
También se puso especial cuidado en conservar los más de 12.000 azulejos coloniales que decoran el casco, que habían sido adquiridos por Guillermo Staudt en demoliciones de Buenos Aires y Montevideo.
El casco está rodeado por un gran parque de treinta y cinco hectáreas, cuidadosamente diseñado por el paisajista Carlos Tays, que combina árboles centenarios, especies exóticas, jardines con rosas, azaleas y jazmines, y la infaltable presencia del agua (la Benquerencia tiene cuatro lagunas en la cuales sus propietarios pueden practicar pesca deportiva).
El trazado del club responde a un criterio rural: está dividido en 450 chacras, con más de veinte kilómetros de senderos ecuestres en las que no está permitido el tránsito vehicular. Los sectores residenciales están rodeados de 650 hectáreas de espacios comunes. Las áreas verdes incluyen con un link de golf, cuyo diseño lleva la firma del estudio Caprile Capdepont, y ocho campos de polo. Además, tiene una pista de salto al aire libre, picadero y caballerizas con capacidad para doce boxes.
La infraestructura deportiva se completa con las canchas de tennis y dos piscinas de natación. ©

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