Floralis Genérica

El Hombre y la Flor.

El hombre estaba sentado en el jardín de invierno de su casa de Cambridge (EEUU), debajo de un enorme árbol que su hija Alejandrina se empeñaba en quitar. En ese momento se puso a observar una flor que cerraba sus pétalos. “Ese movimiento revivió en mí un sueño que tenía como arquitecto: construir una estructura que se abriera y se cerrara representando los cambios del mundo” dijo el arquitecto Eduardo Catalano, un hombre que pasa los ochenta años y hace cincuenta que vive en los Estados Unidos.
Esa flor de acero gigante que todos los días abre y cierra sus pétalos en Figueroa Alcorta y Tagle, frente a Canal 7 en Buenos Aires, costó alrededor de cinco millones de dólares y fue donada totalmente por ese hombre que tuvo la grandeza de concretar su sueño en el país de sus amores. La llamó Floralis Genérica, fiel al latín, como síntesis de todas las flores.
Para Catalano, hay tres factores protagonistas en la arquitectura de todas las épocas: luz, espacio y escultura. La flor que se emplaza en la Plaza Naciones Unidas es quizás el ejemplo más sintético (y popular) de ese criterio: una verdadera “obra ambiental”, que integra el arte del hombre con la naturaleza y exalta el lugar, el movimiento y la luz. Sus caras espejadas, que muestran imágenes en una constante transformación, se convirtieron de la noche a la mañana, en un punto de referencia para todos los porteños… no sin antes ser protagonista de una y mil leyendas. Tal es así que uno de los divertimentos de su creador, durante un tiempo, fue subirse a un taxi y preguntarle al taxista qué era esa flor que estaba surgiendo sobre la avenida, para escuchar las más disparatadas explicaciones.
Lo cierto es que una mañana de Abril del 2002, la flor abrió sus pétalos a la ciudad, al son de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi interpretadas por una orquesta de cámara, y el entonces Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, dió por inaugurada a escultura, después de dos años de arduo trabajo de proyecto y construcción.
La inmensa obra de veinte toneladas fue producida totalmente en nuestro país y financiada por su creador. Aunque el arquitecto expresó que nunca se sabrá su valor, trascendió que el costo osciló entre los cuatro y los seis millones de dólares.
Los seis pétalos, con sus cuatro pistilos, son de una aleación aeronáutica llamada dural, de aluminio y acero, armados en la fábrica de aviones Lockheed Martin Aircraft Argentina, con sede en Córdoba. Los pétalos miden casi 20 metros de alto y pesan más de cuatro mil kilogramos cada uno.
Se abre todos los días a las 8 de la mañana y se cierra al atardecer, mientras los reflectores emanan una luz roja intensa desde su interior. Hay cuatro noches especiales en que la flor permanece abierta: en Nochebuena, Nochevieja, el 21 de Septiembre y el 25 de Mayo. Además, como su autor la concibió como una flor femenina, tendrá sus noches “sensuales” y cada luna nueva, la flor abrirá completamente sus pétalos para ser bañada por la luz de la Luna.
La Flor de Catalano funciona gracias a la instalación de un complejo sistema hidráulico con un control lógico programable que regula sus movimientos de acuerdo a una determinada velocidad, en los horarios establecidos para las diferentes épocas del año.
Pero no todas fueron rosas en el camino de la flor: desde aquel día de su inauguración, pasaron casi dos meses hasta que Floralis logró cerrar sus pétalos, a causa de desajustes en los mecanismos.
También fueron necesarios cálculos muy precisos de aerodinamia y pruebas de resistencia aplicada. El mayor problema de la flor es su altura, ya que sus pétalos están a merced del viento en diferentes posiciones, por lo cual ha sido sometida, entre otras cosas, a ensayos dentro de un túnel de viento. Así, Floralis Genérica está preparada, por ejemplo, para cerrar sus pétalos en 60 segundos ante vientos de más de 80 km por hora.
“Cuando la concebí sentí, por unos instantes, que me había convertido en el arquitecto de la Diosa Naturaleza, creando una nueva flor sobre la tierra.”, dijo el mecenas de la flor, un hombre que concibe su tarea como un goce de la arquitectura como arte. Quizás haya, también, un cierto deseo de perdurar en el recuerdo de la sociedad por muchos años. Tantos, como los que Floralis Genérica perdure abriendo y cerrando sus pétalos sobre la gran avenida. ©

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