Estancia La Figura

Como muchas de las estancias que se encuentran
desperdigadas a lo largo y a lo ancho de nuestra pampa,
La Figura se esconde al final de un camino alejado de la ruta,
en uno de esos parajes en los que el tiempo parece
haberse detenido. Más allá de su impresionante arquitectura,
el casco encierra un trozo de la historia de nuestro país.

A simple vista, cualquier visitante más o menos entrenado podría darse cuenta de algunas cosas. El casco blanco e imponente tiene un estilo ecléctico que deja claro que fue construido en etapas. El parque está cuidadosamente diseñado, con algunas especies exóticas y un espejo de agua, indica que algún paisajista metió mano en él. Los ornamentos de la torre de la primera construcción de la casona, quizás sea el capricho de algún artista. Todo eso es cierto, pero el verdadero valor patrimonial de esta estancia fueron los hombres que la habitaron: Carlos Enrique Pellegrini y Miguel Nemesio de Uribelarrea, dos personajes emprendedores, comprometidos con la sociedad de su época.
El fundador de La Figura fue Don Carlos Pellegrini, el padre del futuro presidente. Era un ingeniero y artista, nacido de Francia pero con nacionalidad suiza, que llegó al pais casi por casualidad. Los Pellegrini eran ocho hermanos, uno de los cuales (Claudio, también ingeniero) había sido contratado por el gobierno de Rivadavia para venir a trabajar al país. Al momento de firmar el contrato, Claudio decide no viajar y ofrece el trabajo a su hermano Carlos Enrique. Para cuando Carlos arriba a Buenos Aires, en 1828, el gobierno de Rivadavia había caído y el pais se hallaba en una de sus tantas convulsiones internas. Sus proyectos profesionales quedaron momentáneamente frustrados y el joven Pellegrini se ganó la vida esos primeros años como pintor y retratista. No lo hizo nada mal: entre 1830 y 1835 pintó cerca de 500 retratos, algunos de ellos verdaderas obras de arte que se conservan actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Como ingeniero, Pellegrini fue autor del proyecto del primer teatro Colón (que se encontraba en la Plaza de Mayo) y diseñó los planos para dotar de agua corriente a la cuidad de Buenos Aires.
Para 1837, había logrado una posición consolidada que lo llevó a formar parte de la burguesía porteña. Sus diferencias con la política de Rosas lo llevaron a alejarse de la cuidad y dedicarse a la actividad agrícologanadera. Fue entonces cuando adquirió esta estancia en las tierras de Cañuelas, construyendo el primer casco de mampostería de ladrillos cubierto por palmas, con barandas de hierro forjado. Tenía tres habitaciones en tira y una inmensa torre, infaltable en los grandes campos del 1800, dónde el ingeniero colocó un busto romano que le dió nombre a “La Figura”. En 1940, Pellegrini se casó con María Bevans Wrigth, y seis años más tarde nacería su hijo Carlos, que pasó los primeros años de su infancia en el campo de Cañuelas.
Después de la batalla de Caseros, los Pellegrini deciden volver a Buenos Aires, donde consideraban que podían brindar una mejor educación a sus cinco hijos. Con el correr de los años, el gerenciamiento de la estancia queda en manos de Carlos (h). Después de la muerte de Don Carlos, sus hijos venden la estancia que pasa a manos de Don Miguel de Uribelarrea, el fundador del pueblo que lleva su nombre.
El “vasco” realiza las primeras ampliaciones del casco, que prolongaron su volumen en tira original, con una arquitectura netamente colonial.
Tras la muerte de Uribelarrea la estancia pasa a ser propiedad de don Silvano Crotto. Fue él y su refinada esposa, la Sra. Valeria de Crotto, dueña de un exquisito gusto, quienes le encargaron la construcción del gran casco nuevo al destacado arquitecto Martín Noel , graduado en 1909 en la “Ecole Speciale d´Arhitecture” de Paris.
En 1924 Martín Noel, construye el nuevo casco, un gran castillo a la española.
En la construcción pueden encontrarse elementos de su eclecticismo español y criollo, en una exquisita mezcla.
Fue una obra titánica ya que todos los materiales y mobiliarios fueron traídos en barco desde Francia, España, Portugal e Inglaterra.
El interior atesora muebles tallados en Mallorca, techos artesonados, hogares, mayólicas españolas, y frisos cerámicos con paisajes de Talavera de la Reina. Los ambientes se suceden: sala de música, biblioteca, salón de fumar, un bar mágico con cerámicas españolas de morisco azul, el enorme salón comedor con pisos en damero y arañas de caireles, hasta el jardín de invierno por cuyos vitreaux se filtra el paisaje circundante.
El casco se encuentra implantado en 50 has. de parque, diseñado por el prestigio paisajista Charles Thays, donde se pueden ver un sin numero de plantas de diversas especies, lagos artificiales con peces de colores y una isla donde anidan gansos, patos, cisnes y demás especies de la fauna autóctona.
Como en todas las grandes estancias, en La Figura también
hay una capilla, donde descansa la imagen de la Virgen de los Milagros.
Avanzado el siglo XX la estancia pasa a manos de sus actuales propietarios. Ellos conservan la estructura original, dedicando el casco al turismo rural, conservando cada espacio con el respeto que se merece esta histórica estancia. ©

 

 

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