Rosario

“Rosario, obra de arquitectos”. El cartel que cuelga del Colegio de Arquitectos engloba más que un argumento de marketing profesional. La arquitectura es uno de los ejes que conforman la idiosincrasia de esta ciudad mediterránea. El otro es, sin dudas, ese río al que los rosarinos dieron la espalda durante años y un día se decidieron a recuperar.

Los rosarinos dicen ser comerciantes de cuna.
“Desde los primeros tiempos de la colonia, el Río nos dio la posibilidad del comercio, y como no podía ser de otra manera, también del contrabando”, aseguran entre sonrisas los rosarinos de hoy, orgullosos de esta ciudad que se extiende cuan larga es, sobre el margen izquierdo del Paraná.
Lo extraño de esta tierra capitalista hasta la médula es que lleva más de veinte años de un gobierno socialista que impulsó un plan estratégico a largo plazo que hoy está dando sus frutos. Dentro del plan estratégico de Rosario, el urbanismo cumplió un papel fundamental. Por un lado, en 1995 comenzó una descentralización administrativa que llevó a crear seis distritos, con sus correspondientes municipios, más allá de la intención de generar un gobierno más eficaz, cada uno de estos municipios promovió un desarrollo más armónico y democrático de la ciudad.
Por otro lado, se puso manos a la obra en el rescate de los edificios de valor patrimonial, que en esta ciudad se encuentran cada dos pasos que uno camine. A través de estos edificios uno puede rastrear la historia y el crecimiento de la ciudad que guarda el mérito de ser la cuna de la Bandera y alguna vez soñó con ser la capital del país.
Mucho antes de eso, esas tierras eran habitadas por los indios Calchaquíes, hasta que fueron reducidos en misiones franciscanas. Cuando las reducciones fueron destruidas por el ataque de los indios del Chaco, una parte de estas tierras fueron cedidas por merced real al capitán Luis Romero de Pineda, y otra parte integró la estancia jesuítica San Miguel. El rastro de la historia se pierde tras la muerte de Pineda, y para el siglo XVII, esta zona estaba poblada pequeñas estancias y una escasa población estable.
Hasta 1725, la ciudadela era conocida como Pago de los Arroyos, y no tenía autoridad propia. Ese año, por primera vez, en Santa Fé se elige un Alcalde de la Hermandad para el Pago de los Arroyos y el distrito de Coronda.
Es así como comienza el proceso de formación de una ciudad que no conoce fundador ni tiene fecha de fundación. Rosario es el resultado de una privilegiada ubicación geográfica sumada a la visión de algunos hombres, como Santiago de Montenegro, un explotador agroganadero que fue nombrado Alcalde en 1751. El fue quién diagramó el basamento de la futura ciudad y mandó a construir de material la antigua capilla.
El desarrollo de la ciudad siguió el plano típico: primero la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, frente a ella la plaza, luego la escuela, la comisaría, el banco, el correo… Más lejos las residencias de los notables destacados, y en el tercer anillo las viviendas de los obreros y empleados.
El aumento de la producción agrícola y la intensificación de las actividades portuarias, le dieron a Rosario el puntapié inicial para transformarse en la segunda (o tercera, según los cordobeses) ciudad del país. Para 1880, era el primer puerto exportador de la Argentina. Ese mismo río que trajo trabajo y bienestar también les trajo inmigrantes, dándole un notable cariz de ciudad gringa. Las raíces españolas e italianas de los rosarinos se verían, años más tarde, reflejadas en el rol protagónico que tomaron las embajadas de España e Italia en la reconstrucción del casco histórico de la ciudad.
Para esa reconstrucción crearon en 1996, un Programa de Preservación de Patrimonio Urbano y Arquitectónico, en el cual se inventariaron minuciosamente todos los puntos dignos de preservar y se realizó un plan de obras. Pusieron mano a la obra en conjunto con la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de Rosario, la Dirección de Turismo y una serie de instituciones y empresas públicas y privadas a las que se convocó bajo la figura del “padrinazgo”, a colaborar económicamente en la restauración de los diferentes espacios.
El resultado es una ciudad paradigmática, digna de recorrer de punta a punta. El casco histórico fue declarado Conjunto Urbano Arquitectónico de Interés Nacional, algunos edificios fueron declarados patrimonio histórico nacional y se crearon áreas protegidas dentro de la ciudad, con el fin de resguardar el estilo arquitectónico.
Por ejemplo, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, se definieron tres recorridos por el centro de la ciudad, que integran el proyecto de la “Ruta Latinoamericana del Modernismo”.
Los capitales del estado español también pueden verse en varios edificios, y sobre todo en la reconstrucción del área de la ribera del Parque España y la estación del ferrocarril adyacente, en la que se instaló un centro de estudios, una galería de arte y un espacio abierto a las actividades culturales de toda la comunidad.
La descentralización administrativa llevó a recuperar la Villa Hortensia, para alojar al municipio del distrito norte, en la zona de pueblo Alberdi. La mansión construida a fines del 1800, es una casona de estilo academicista italiano, que fue remozada totalmente, respetando los materiales y espacios originales.
Otros lugares afectados a esta reconstrucción fueron los edificios ferroviarios en desuso legados al municipio, que a su vez los cedió a empresas privadas o instituciones, para su refuncionaliza- ción. El mejor exponente de ellos es el actual centro comercial Alto Rosario, instalado en lo que fueron los antiguos galpones del ferrocarril, incorporando la típica arquitectura ferroviaria inglesa en el diseño comercial. Además del paseo de compras y el hipermercado, el shopping instaló en el predio un Museo Ferroviario.
En el centro de la ciudad, el Paseo del Siglo merece ser recorrido para ver los mejores exponentes de la arquitectura rosarina de principios de siglo: el edificio Bola de Nieve, que alguna vez fue el más alto de la ciudad, el edificio del Jockey Club, la emblemática tienda La Favorita (hoy sede de Falabella), los edificios de La Inmobiliaria y la Bolsa de Comercio con sus características cúpulas…
Sobre el río, al finalizar el paso del siglo, el área protegida comprende la plaza principal, con la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, el Edificio Municipal, el Palacio de Correos, el Palacio Vasallo, hoy sede del Consejo Deliberante, y el complejo arquitectónico del Monumento a la Bandera, con las esculturas de Lola Mora.
Del otro lado de la ciudad, el Boulevard Oroño se extiende hasta el Parque de la Independencia, desparramando a sus lados las mansiones de la rica burguesía industrial y agrícola de principios del 1900. Un siglo más tarde, el boulevard con sus característicos bancos con forma de mujer-león, sigue siendo el paseo obligado de la alta sociedad rosarina.
Como todas las ciudades argentinas, Rosario no estuvo ajena a las diferentes crisis sociales y económicas que asolaron el país, pero encontró en el campo, sobre todo en la soja, el mejor aliado para salir de ellas.
Hoy, la ciudad de Newells y de Central, detenta el orgullo de ser uno de los más interesantes polos socioculturales del país. Es la ciudad en la que el negro Fontanarrosa reunió su mesa de los galanes, en el mítico café El Cairo. La que vio nacer al otro negro, Alberto Olmedo, y al Che Guevara. La que escuchó los primeros acordes de Fito Páez y Baglieto. La ciudad de las cofradías, las logias y las sociedades secretas, como la de los Notables Enófilos. La ciudad de Antonio Berni y Libertad Lamarque, la de Messi, Bielsa y Menotti.
También es la gran urbe que alberga 6 universidades con más de 18.000 estudiantes pululando por sus calles.
Con el perfil de una gran ciudad, Rosario se mueve al ritmo tranquilo (pero no lento) de las ciudades del interior, en las que el respeto por el tiempo de uno y de los demás aún no sucumbió al paso avasallante de otros grandes centros urbanos. Rosario tiene su propio lenguaje y una idiosincrasia que guarda el aire distinguido de la época dorada, que los rosarinos se han preocupado en preservar. ©

MAS FOTOS