Santa Rita

Recorrer las habitaciones y el campo de la Estancia Santa Rita es un paseo por la historia de Buenos Aires. De los indios hasta su actual propietario, son muchos los personajes que habitaron ésta histórica estancia ubicada a ciento sesenta kilometros de la Capital.

A mediados del 1700, el Virrey Vertiz decidió crear una especie de línea defensiva a lo largo del Río Salado, para proteger a Buenos Aires de los ataques de los indios. Así se instalaron muchos fortines, algunos de ellos con una vivienda y una capilla que con el tiempo darían origen a los cascos de las futuras estancias.
A ciento sesenta kilómetros de la Capital Federal, después de recorrer más de veinte por un camino de tierra, llegamos a la estancia Santa Rita que guarda, entre muchos otros detalles de su historia, el orgullo de haber sido uno de esos primeros fortines del siglo XVIII. De esa época son las primeras construcciones, muy sencillas y pensadas para satisfacer las simples necesidades de aquellos milicianos que se instalaban en aquella zona.
En 1790, las tierras pasan a manos de la familia Ezcurra. Por ese entonces, era una estancia “de frontera”, que cubría 16.000 hectáreas. Fueron los Ezcurra, quienes construyeron el casco principal con su capilla, las casas de los peones, la matera y las cocheras para los carruajes. La construcción original era de estilo criollo, en tonos ocre, crema y rosado, con amplias galerías, patios y columnas, tan característicos de la época de la colonia. La llamada “casa grande” tenía diecisiete habitaciones y siete baños (una exageración para la época) Posteriormente, el casco fue ampliado y reformado en numerosas oportunidades, hasta que en 1840, Doña Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas, hereda el campo.
Para ese entonces, era un imponente castillo que se levantaba sobre la planicie de la pampa, dedicada a la producción agrícola ganadera. Quizás por eso y por haber sido una estancia de frontera, el casco de Santa Rita sea tan diferente al de otras estancias de la pampa bonaerense, más europeizadas. Aquí, las casas de la peonada, por ejemplo, están muy cerca de la casa principal y las demás dependencias. Por un lado, para optimizar la funcionalidad de la producción, y por otro, por motivos defensivos ante posibles ataques de los indios.
En 1890, Santa Rita pasó a ser propiedad de Don Antonio Carboni, el senador provincial que fundó el puebli- to que lleva su nombre, a escasos dos kilómetros de la estancia.
De aquella gran extensión de tierras de la época de los Ezcurra, ahora le quedan a Santa Rita un frondoso bosque de cuarenta hectáreas y su casco perfectamente mantenido y restaurado por sus nuevos propietarios, la familia Nüdemberg.
Franklin Nüdemberg es médico y con su esposa Isabel Duggan y sus seis hijas han vivido en Estados Unidos, Brasil y Alemania, hasta recalar en este recóndito lugar de la pampa argentina que los atrapó, según ellos, para siempre. Amante de la pintura y la escultura, su pro- pietario es el autor de muchas de las esculturas que hoy se pueden ver en los huecos de las escaleras, y las pinturas de los entrepisos.
Los Nüdemberg incorporaron la tradicional estancia de Lobos al circuito turístico rural, aprovechando no sólo sus generosas dimensiones y el magnífico entorno natural, sino también la riqueza de su historia.
Aún se conservan, de la época colonial, algunas gruesas paredes de ladrillos achatados asentados en adobe, las cenefas recortadas de los techos, las gruesas puertas de madera de entrada a los cuartos y algunos enrejados característicos de la colonia.
El gran casco tiene un original estilo, fruto de las sucesivas modificaciones, con un estilo ecléctico de los palacetes del siglo XVIII, que combina una alta torre vidriada, con las figuras de Baco y Neptuno que custodian desde los alto, con muros de ladrillo y molduras blancas típicas de la arquitectura criolla argentina.
En el interior, el estilo barroco fue respetado por sus nuevos dueños, quienes restauraron columnas y frisos, para devolverles el esplendor de antaño. Las habitaciones fueron recicladas para la nueva función de hotel-estancia, respetando el estilo tradicional, con camas con baldaquino, hogar a leña y baños privados. ©

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