La Casa de la Cultura

Que José C. Paz pensaba las cosas en grande, a nadie le quedan dudas. Digno hijo de la aristocracia porteña del siglo XIX, fue un hombre comprometido con los ideales que defendía, que alguna vez soñó con ser presidente de la República, fue legislador y fundó un diario que se convirtió en un referente indiscutido del periodismo nacional.

La primera edición de La Prensa salió el 18 de Octubre de 1869, desde una redacción ubicada en la calle Moreno al 500. Dos décadas más tarde, el lugar quedaba irremediablemente chico y Paz decide encarar la construcción de un edificio que albergara la redacción y los talleres. Fiel a su estilo, si su diario iba a ser el más importante, su redacción iba a ser la más imponente. Buscó un predio a pocos metros de la Plaza de Mayo, y encargó a París un proyecto que fue completado en nuestro país por los ingenieros Carlos Agote y Alberto Gainza. (Eran los mismos responsables de la construcción del Palacio Paz, pensado por su propietario como futura casa presidencial).
El resultado fue uno de los edificios más lindos y característicos de la Belle Epoque, cuya opulencia arquitectónica y adelantos tecnológicos no podían igualar ni el Morning Post británico ni le Figaró de París.
El edificio, con seis pisos superiores, planta baja y dos subsuelos, se articula en torno a un gran patio central, a cuyo alrededor se sucedían las diferentes oficinas comerciales, periodísticas, de distribución y los talleres del periódico.
Fue construido en tiempo récord, entre 1894 y 1897, con una estructura metálica de 900 toneladas capáz de soportar la carga de la maquinaria impresora. Fue ejecutada por la empresa francesa Moisant, Laurenti, Savey y Cie, quienes contaban con la experiencia de haber hecho las estructuras del Bon Marché y el Grand Palais de Paris.
El acceso principal al edificio, marcadamente francés, permite en ingreso a un enorme salón de recepción donde llaman la atención la marquetería de los techos, y el tratamiento del piso de mármol, en el cual puede leerse el nombre y la fecha de fundación del mítico periódico. La circulación entre los diferentes niveles puede hacerse por las escaleras externas del patio central o por las internas que rodean los ascensores originales, todavía en funcionamiento, provistos por la empresa norteamericana Spargne.
Lo más significativo del diario era su complejo sistema de tuberías neumáticas que recorrían todas las dependencias, (muchas de las cuales aún se pueden ver) a través de los cuales se realizaban los envíos y comunicaciones internas. La correspondencia iba a través de una especie de canaleta de vidrio transparente que se extendía desde el subsuelo hasta el último piso, con sus característicos buzones en cada uno de ellos.
En los subsuelos se encontraban las máquinas de impresión, depósitos y las calderas.
La planta baja, con sus enormes ventanales que dan a la Avenida, estaba destinada a la administración, y los pisos siguientes a la dirección y redacción del diario.
El tercer piso estuvo destinado a alojar aquellos empleados quienes, por su tarea, se veían en la obligación de permanecer todo el día en el edificio. Algunos de estos apartamentos fueron utilizados por visitantes ilustres que arribaban a Buenos Aires, En 1905, se hospedó, por ejemplo, el compositor Giaccomo Puccini.
En los pisos superiores se encontraban las salas de los tipógrafos y una serie de servicios anexos gratuitos, como consultorios médicos, despachos de asesoría jurídica, una biblioteca (actualmente posee 100 mil volúmenes y tiene su entrada por Rivadavia) y hasta un observatorio meteorológico en el último piso.
A la derecha de la entrada principal, una gran puerta daba acceso a la entrada de carruajes, que une Avenida de Mayo con la calle Rivadavia. Por ella ingresaban los carruajes que traían personalidades, así como también los carros que realizaban la distribución.
En su construcción intervinieron las empresas más prestigiosas del momentos, muchas de ellas francesas, que dejaron su huella sobre todo en la decoración interior y el tratamiento de la fachada.
Su famoso reloj fue realizado por Paul Garnier, familiar y discípulo del famoso arquitecto Jacques Garnier, autor de la Opera de París. Se supone que también el diseño de la fachada pertenece a esa firma, ya que las piezas fueron traídas de Paris y armadas aquí como un gran mecano.
La marca registrada del edificio es su gran farola (la primera en la ciudad que utilizaba energía eléctrica) coronada por una estatua de bronce de cinco metros de alto, realizada en Francia por el escultor Maurice Bouval. Fue colocada el 8 de noviembre de 1898, y representa a la diosa Palas Atenea de pie sobre un globo terráqueo, sosteniendo un periódico en la mano izquierda y una antorcha de la libertad en su mano derecha.
Tan típica como la farola fue la sirena con la que el diario La Prensa anunció durante muchos años a los porteños los grandes acontecimientos mundiales. El primero de ellos fue la muerte del rey Humberto I de Italia, el 29 de julio de 1900.
En la decoración interior sobresalía la ornamentación de los techos y muros, que combinaban con los coloridos pisos calcareos, que son diferentes en cada ambiente. Muchos de estos motivos ornamentales fueron tapados por sucesivas capas de pintura, a través de los años, hasta que fueron restaurados cuando el edificio pasó a ser sede de la casa de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires.
La Prensa había pasado por diferentes crisis económico financieras, hasta que en 1992 el diario fue vendido y la exquisita propiedad fue adquirida por el Banco Central, quién lo alquiló a la ciudad de Buenos Aires.
El edificio fue declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad y Monumento Histórico Nacional. En 1998 comenzó una gran restauración, que le devolvió el esplendor a los techos y pisos. Se mandaron a hacer réplicas de los mosaicos y se restauraron los techos y paredes, devolviéndoles su estado original.
Si bien esta ornamentación era característica de la Belle Epoque, los especialistas coinciden en que la cantidad que ostenta el edificio era algo inusual. El más imponente es el Salón Dorado, un exquisito ambiente que se encuentra en el segundo piso, inspirado en los salones de Versalles. El diseño original de los techos pertenece al pintor italiano Nazareno Orlandi, representa a la Diosa Palas Atenea con siete musas.
Un detalle del palco de la orquesta es el bajorrelieve con dos figuras portando la letra “P”, que nunca se supo bien si tenía que ver con Prensa, Periodismo, Palabra… o con el apellido del fundador del diario, que le supo dar su carácter distintivo. No por nada, al periódico que durante un siglo marcó la historia del periodismo nacional, se lo llamaba “diario de los Paz”. ©

 

 

 

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