CĂ­rculo Italiano

Hubo un tiempo en que la Argentina surgió como una tierra de oportunidades ante una Europa desahuciada. Desde mediados del siglo XIX, las sucesivas oleadas inmigratorias trajeron a nuestro país millones de inmigrantes que adoptaron a esta patria como suya e hicieron carne el lema de que “los argentinos somos hijos de los barcos”. Muchos de eso barcos que llegaban al puerto de Buenos Aires provenían de la península itálica.
Alrededor de 1870, la ciudad de Buenos Aires contaba con 200 mil habitantes, de los cuales el treinta por ciento eran inmigrantes, y de ellos, casi la mitad eran italianos, que trajeron consigo las bases del fomentismo y el gremialismo en una nación que contaba con menos de un siglo de vida. La comunidad Italiana creó más de 400 instituciones, entre ellas el Hospital Italiano, la academia Dante Alighieri y la Sociedad de Unión y Beneficencia. En ese marco, la comunidad italiana fundó en 1873, el Circolo Italiano. Pensado como un centro de reunión de las familias pudientes oriundas de la Península Itálica, el Circolo funcionó como lugar de encuentro de distintas personalidades de la vida social, económica, política y cultural que se estaban integrando a la vida porteña.
El Circolo actuó como bisagra entre ambas cultura. Varias familias se relacionaron gracias a los eventos que allí se organizaron. De aquellas tertulias y reuniones surgieron empresas italico9 argentinas como las fundadas por las familias Canale, Macri, Zanella y Di Tella.
Sin embargo, los integrantes de la entidad debieron esperar 51 años para acceder a la primera sede propia ubicada sobre la calle Florida, esquina Corrientes. Se inauguró en agosto de 1924 con la presencia del heredero de la Corona de Italia, el Príncipe Umberto de Savoia y el por entonces Presidente de la República Argentina, Dr. Marcelo T. de Alvear. Esta primera construcción estuvo a cargo del arquitecto Luis Broggi. La obra tardo 14 años y fue finalizada por Gino Aloisi, cuidando las líneas italianizantes del proyecto original. Actualmente, en esta esquina se puede apreciar …(que hay hoy acá)

Veinte años más tarde se compró la sede actual de la calle Libertad, a la Sra. Adela Unzué de Leloir. El nuevo edifico resume como pocos las características de la arquitectura privada del Buenos Aires de principios del siglo XX. Fue producto de la transculturación del modelo francés del hotel particulier a las condiciones urbanas porteñas.
La casona fue proyectada por el arquitecto noruego Alejandro Christopersen, y su diseño particular no se levanta sobre la línea de la vereda sino algunos metros atrás para crear un patio jardín. El frente tiene composición simétrica, con un pabellón central y rematado por relieves entre las columnas o la marquesina de hierro y vidrio.
Los interiores están organizados alrededor de un espacio central del hall de doble altura coronado por una claraboya. Sus cuatro pisos albergaban servicios en el subsuelo, salones de recepción en planta baja y los cuartos privados en el primer piso.
Los salones están decorados de acuerdo a cánones de la época: las paredes y los cielos rasos están moldurados, los pisos son de mármol y maderas nobles con ornamentos y herrajes de bronce.
En esta institución se realizaron grandes galas de la elite de entonces. Fue muy común que artistas famosos que llegaban al país, además de presentarse en teatros como el Colón, actuaran en el Círcolo, como Enrico Caruso, Tito Schipa, Tita Ruffo y Beniamino Gigli. Otra figura notable de la vida nacional que integró el círculo fue Carlos Pellegrini, quién durante varios años se reunió todos los lunes con sus colaboradores para almorzar.
Actualmente es un lugar de encuentros donde se puede disfrutar de la privacidad y calidad de su restaurante especializado y de su exclusivo bar. En sus salones se realizan en forma continua eventos empresarios y sociales, además de actividades promovidas por la misma institución. ©

 

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