El Congresito

Sede de la Academia Nacional de la Historia

Pocos imaginan que detrás de la fachada del Banco Hipotecario (digno exponente de la arquitectura brutalista) se esconde un edificio del siglo XIX, impecablemente mantenido hasta hoy.
Se trata del antiguo Congreso de la Nación, conocido como “el Congreso de la calle Victoria”, y más familiarmente llamado “el Congresito”. Hoy, alberga la sede de la Academia Nacional de la Historia y sobrevive al paso del tiempo y el afán demoledor de la modernidad, detrás de un bloque de mármol y hormigón.
El año 1862 encuentra a una Argentina unificada, bajo la presidencia del general Bartolomé Mitre. Por ese entonces, las cámaras sesionaban con total incomodidad en el mismo recinto que ocupaba la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, en la calle Perú al 200. Por ese motivo, Mitre eleva un proyecto al Senado para destinar la suma de “cincuenta mil pesos fuertes para acondicionar un local adecuado para las reuniones del Congreso Nacional”, a fin de dotar de la autonomía suficiente a los poderes nacional y provincial, después de años de luchas entre la Confederación y Buenos Aires.
El proyecto es aprobado por ambas cámaras y el Estado Nacional encara la construcción de su primer congreso en 1863, diez años más tardes de la promulgación de la Constitución.
El lugar elegido es un predio ubicado frente a la Plaza de Mayo, en la esquina de las calles Balcarce y Victoria (hoy, Hipólito Yrigoyen). El proyecto es encargado al arquitecto Jonás Larguía, recientemente graduado de la Pontificia Universidad de San Luca, en Roma, dónde había sido becado por el gobierno de Paraná. Larguía se enfrentó a dos dificultades: el corto tiempo con el que contaba y la disposición del terreno, con frente diagonal. Ambos problemas, al parecer, no hicieron mella en su tarea y en 12 de mayo de 1864, el presidente Mitre inugura las sesiones ordinarias del Congreso en su nueva sede: un edificio austero con un frontis clásico y algunas reminiscencias coloniales.
El Congreso sesionó allí hasta 1905, cuando fue inaugurado el edificio del Congreso de la Nación, mucho más grande y acorde a los nuevos tiempos. El antiguo Congreso se convirtió en sede del Archivo Histórico de la Nación. Durante años, el recinto en forma de herradura fue transformado en una especie de biblioteca y sala de consulta. En otras dependencias funcionó también la Junta de la Historia y Numismática Americana (gérmen de la Academia de la Historia, fundada por el mismo Bartolomé Mitre).
El característico edificio en ochava permaneció allí, a la vista de la Plaza de mayo hasta la década del cuarenta. Para es entonces, el afán modernista que marcaba la urbanización de la Capital, hacía estragos con varios edificios históricos. En cabildo había sido cercenado, y la vieja recova ya no existía en vistas de aggiornar el aspecto de la Plaza.
En 1942, una ley dispone para uso público la manzana conformda por las calles Irigoyen, Balcarce, Alsina y Defensa, para construir la casa matriz del Banco Hipotecario Nacional. Cuando comienza la construcción, parte del antiguo congreso fue demolido, al igual que muchos otros edificios adyacentes. Su catalogación como Patrimonio Histórico Nacional logró que se salven de la picota, el hall central, el pórtico de las rejas y la sala de sesiones.
Un hall de entrada, un frente de tres arcos y pórticos de rejas, una sala de sesiones y varias dependencias administrativas. La sala de sesiones, en forma de herradura, es una verdadera joya: rodeada por dos niveles de balcones, que se apoyan en columnas de hierro.
El frente, que se erige sobre la ochava, está simétricamente proyectado en diagonal con la cada rosada. Si cualquier visitante se paraba en medio del hall, veía que la alineación de las columnas, el peristilo e incluso el farol central, llevan la vista hacia esa esquina de la Casa de Gobierno. Hoy, sería necesario demoler la gruesa pared que transformó la ochava en un ángulo recto.
El conjunto fue restaurado en el año 1848 por el arquitecto Estanislao Pirovano, quién le devolvió la imagen primitiva al recinto. Se volvieron a colocar las bancas, tapizadas en cuero verde y gris, en las que hoy sesionan los miembros de la Academia de la historia. Se restauraron los frisos, los cuadros y las paredes. Y aunque se restauró completamente la cúpula transparente, es prácticamente imposible que por su diseño alegórico se filtren los rayos del sol. Sobre ella se erige el monumental edificio del Banco Hipotecario, como una paradoja de la economía por encima de la política. ©

 

 

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