Museo de Arte Hispanoamericano
Isaac Fernandez Blanco

En pleno corazón de Buenos Aires es posible detenerse y echar una mirada varios siglos retroactiva de la cultura de nuestros pueblos. De eso se trata el Museo de Arte Hispanoamericano "Isaac Fernández Blanco", que alberga 400 años de historia en innumerable cantidad de objetos.

Desdeñados durante muchísimo tiempo en detrimento de la cultura europea, el arte, la ciencia, la literatura y demás expresiones del intelecto latinoamericano no poco debieron luchar para ser reconocidos como elementos esenciales. Inicialmente esto se logró a partir de las voluntades individuales y es allí donde surge con enorme fuerza el nombre y la obra de Isaac Fernández Blanco, quien durante su vida se dedicó a coleccionar todo tipo de objetos de arte colonial de la América hispánica. Hacia 1910, su casa se convirtió en un museo privado aunque abierto para aquellos que estuvieron interesados en lo que allí se exhibía. Así fue hasta finales de la década del 40, cuando donó todo lo acopiado a la Municipalidad de Buenos Aires, la cual lo sumó a la colección del Museo Colonial, provista por el arquitecto Martín Noel e instalada en la que fuera su casa. El Palacio Noel se sitúa al 1422 de la calle Suipacha, entre Arroyo y Avenida del Libertador, y abonando la simbólica suma de un peso se lo puede visitar de martes a domingos de 14 a 19 horas. Un gran trabajo de selección y organización dividió el material en tres ejes temáticos: Área Sur-Andina, La Cultura de la Selva (Misiones Jesuíticas) y Buenos Aires “Puerta del Atlántico”. Asimismo, el hay diez salas temáticas: Cocina Hispanoamericana del siglo XVIII; Reflejos del Plata (platería, mobiliario, textiles en el Río de la Plata); Sala Federal; María en América; Cuzco, los maestros de nuestro arte; Potosí. Villa Imperial; Buenos Aires, Capital del Virreinato; Maestros del Arte Criollo; Misiones Jesuíticas de Moxos y Chiquitos; y El Contacto con Oriente. Al ingresar por la plata baja, lo primero que aparece es el hall de introducción, en el cual se hace referencia a los diferentes aportes para el arte colonial hispanoamericano. La influencia portuguesa se dio gracias al comercio legal y al contrabando, por lo que la imaginería, el mobiliario y la platería luso-brasileñas se convirtieron en elementos de lujo entre los porteños mejor acomodados. Además de la mayoría española, el Nuevo Mundo también fue tierra fértil para flamencos, italianos alemanes, moros y judíos conversos, quien ocuparon diferentes posiciones e influyeron en los distintos modos de expresión. Y, lógicamente, también estuvo la influencia de los nativos, inevitablemente mixturada con la cultura colonizadora. En el área Sur-Andina, paraíso de la explotación minera para los colonos, se presenta la influencia de La Orden de Predicadores, fundada por Santo Domingo de Guzmán, que se instaló en Perú hacia 1540, procurando la comprensión de la doctrina por parte de los aborígenes. También llegaron representantes de Los Agustinos, quienes se abocaron a la población europea y los originarios ya convertidos al cristianismo. Además, en este sector del museo se hace referencia a influencia del Concilio de Trento en la evangelización hispanoamericana y a los concilios limenses que referían específicamente a la conversión de los nativos americanos. La Cultura de la Selva es el espacio que remite a la zona geográfica delimitada por las sierras bolivianas hasta los cordones de cerros del Brasil, y desde la Selva del Amazonas hasta el inicio de las llanuras del Río de la Plata. La inexistencia de explotación minera, las costumbre nómades de sus habitantes y la difícil supervivencia en el bosque tropical vieron rendirse al avance colonizador. Así se explica en buena parte el desarrollo de la cultura guaraní. Sin soluciones, la Corona Española asignó ese inmenso corazón de la naturaleza a la Compañía de Jesús, que logró un enorme grado de convivencia entre ambas culturas para insertar a los aborígenes en el sistema colonial. Buenos Aires “Puerta del Atlántico” remite a los ingenieros, retablistas, entalladores y escultores que se dedicaron a las monumentales construcciones de la cristiandad. Erigieron así iglesias y catedrales que aún despiertan admiración por su el barroco trabajo realizado. Ya en el primer piso, la sala “Buenos Aires, Capital del Virreinato” expone los vicios y ruidos de una cabecera colonial, lugar abierto donde lo privado casi no existía. Su movimiento atrajo a unos pocos pintores y más artesanos, cuyas realizaciones se exponen. Se pueden ver, además, cajas, cofres, espejos, braseros, taburetes que constituían los “estrados”, ámbitos femeninos para leer, rezar o conversar. “El Contacto con Oriente” exhibe esculturas de Esteban Sampzon, utensilios mexicanos y elementos llegados de oriente, como abanicos y biombos, además de otras obras realizadas por esclavos asiáticos traídos a Hispanoamérica como artesanos. El piso superior se completa con las salas “Maestros del Arte Criollo”, “Cuzco, los maestros de nuestro arte” y “María en América”, en las cuales puede observarse la pintura cusqueña, el arte del calado y la filigrana, tallas y pinturas de ángeles, topos y textiles de las mujeres andinas y medallones pinturas y esculturas con distintas figuras de la Virgen. Finalmente, en el subsuelo se encuentran las salas “Reflejos del Plata” y la “Sala Federal”. En la primera se exhiben objetos de platería logrados por distintas técnicas (cincelado, repujado, burilado, calado, etc.) y por la diferente impronta de los plateros lusos, españoles, porteños y arequipeños. La segunda muestra la pintura del siglo XIX en el Río de la Plata (con la fuerte influencia de lo que fue la Confederación Argentina), y en la que se destacan dos acuarelas sobre papel de Carlos Enrique Pellegrini, la serie de litografías del grabador francés César Hipólito Bacle y un óleo de Juan Manuel de Rosas pintado por el italiano Cayetano Descalzi. Con innumerable cantidad de objetos de las distintas culturas coloniales, el Museo de Arte Hispanoamericano "Isaac Fernández Blanco" permite un recorrido por el arte que da cuenta de la configuración de la identidad argentina y de toda Latinoamérica.©

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