Estancia Bella Vista

Al sur del Río Salado, a ambos margenes del actual trazado de la ruta 2 se extienden los campos que alguna vez pertenecieron a los Guerrero, una de las familias más acaudaladas de la provincia de Buenos Aires.

En realidad, estas tierras fueron otorgadas por Rosas a Don Félix de Alzaga por su desempeño como Jefe de Regimiento después de la Conquista del Desierto. Fueron heredadas por su hijo Martín, quién se casó a pesar de tener cuarenta años años de diferencia, con una jóven de 16 años que era considerada la más bella de la época: Felicitas Guerrero.
El matrimonio tuvo dos hijos que fallecieron a corta edad. Poco tiempo después falleció Don Martín convirtiendo a Felicitas en una millonaria viuda de sólo 26 años.
En este punto, la historia se mezcla con el mito: cuenta la leyenda que Felicitas, quién nunca había deseado su matrimonio con el maduro Alzaga, se enamoró perdidamente de su primo Samuel  Sáenz Valiente. Pero su fortuna y su belleza le traerían el despecho de Enrique Ocampo, un eterno pretendiente. Lo que parece una simple historia de amores cruzados, terminaría en una tragedia una mañana de 1872, cuando la Felicitas partía desde su casa de Barracas con destino a su campo de Castelli. En un dudoso episodio, dos tiros terminaron con la vida de ella y de Enrique Ocampo. Algunos biógrafos dicen que el amante despechado la mató y luego se suicidó, otros que el tiro se escapó en un forcejeo entre Ocampo y Sáenz Valiente, pero lo cierto es que ella falleció siendo muy jóven y muy rica.
Su fortuna fue heredada por sus padres Carlos Guerrero y Felicitas Cueto, hasta que en 1909 pasó a manos de sus siete hermanos y posteriormente se desgranó en sucesivas ventas y divisiones. La propiedad de Castelli fue partida en cuatro estancias: La Postrera, la Raquel (la única que aún continúa en manos de la familia Guerrero), la Pelada y Bella Vista.
Esta última fue adquirida por sus actuales propietarios en los años 90, con el fin de utilizar sus 850 hectáreas  para la producción agrícola-ganadera y dejar el casco de la estancia como casa de campo. Pero el afán conservacionista de Ana Pusiol (arquitecta de profesión y amante de la historia) pudo más, y decidió restaurar íntegramente el edificio principal y todas las instalaciones anexas. En 1998, decidieron transformarlo en un hotel de campo, en el cual los visitantes puedan, además de pasar una estadía de ensueño, tomar contacto con la historia, la naturaleza y la escencia del lugar.
“Tuvimos que traer la electricidad desde Castelli para que sea habitable. Después, no modificamos nada. Mantuvimos el estilo original a pesar del terrible estado en el que se encontraba cuando la compramos”, aclaró.
El imponente casco, en el cual predominan elegantes líneas normandas, fue construido en 1859 y la primer reforma importante data de 1916, cuando se modificó la estructura original agregando un ala lateral.
Se necesitaron más de cinco años para restaurarlo tal como se encuentra hoy.
Los antiguos recintos de la estancia fueron remodelados para que cada huésped disfrute de distintas comodidades como restaurantes, asador, y sala de juegos. Las diecisiete habitaciones (trece en el casco principal y cuatro en la casa de campo) fueron recicladas y equipadas con una acertada combinación de muebles antiguos y modernos, donde el silencio es placentero y la calidez que emana del lugar invita a pasar más de una noche.
Una recorrida detallada basta para descubrir que la idea de convertir a Bella Vista en una estancia de primer nivel se cumplió y no solo en sus aspectos hoteleros. Por propia iniciativa, Ana y un amigo, armaron un Centro de Interpretación en lo que fue, alguna vez, el monturero de la estancia.
“Para armarlo juntamos todas las especies mientras hacíamos la restauración, y pasamos días en el Archivo General de la Nación para averiguar la historia del lugar, y ver las escrituras de la casa”. En esta investigación descubrieron que en la primera mensura, realizada en el año 1804 figuran estas tierras como parte de la Ruta de las Carretas de Don Ramón Santamarina, quién producía ganado ovino junto a la familia Guerrero.
En este Centro de Interpretación no solo puede recorrerse la historia de la casa y de la familia Guerrero sino que pueden conocerse las plantas, especies, insectos, caracoles y semillas autóctonas, restos fósiles de un gliptodonte y una colección de mariposas en la que se destaca Mariposa Argentina por ser allí uno de los pocos montes argentinos en la que puede verse esta especie de alas celestes y blancas.
Las instalaciones de Bella Vista se completan con pileta de natación, cancha de tenis, caballeriza, muelle de náutica y de pesca, Bussiness Center, sala de juegos para niños y adultos, salón de relax que funciona a modo de Spa, sala de lectura y de estar, Lobby bar (llamado El Encuentro), dos restaurantes (De Las Flores y La Matera) y del Café Índigo.
Está dividida en cuatro circuitos para que quién se hospede pueda disfrutarla al máximo y vivir los paisajes que guarda en su interior: El Monte, en el que se recorre el monte nativo; El Parque, para recorrer la exuberante arboleda que rodea a la casona; El río para ver las maravillas que esconde El Salado y El Campo en el que se exhibe una ganadería de ciclo completo y una agricultura tecnificada.  ©

 

 

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