Hotel del Casco

En San Isidro, a metros de la Catedral, una casona de 1892 se mantiene intacta, convertida en hotel.

San Isidro fue, desde sus comienzos, una inmensa llanura en la que solo se destacaba la vegetación. Con el tiempo se fue poblando y empezaron a aparecer las casas de verano hasta llegar a formar la ciudad que hoy visitamos y que aún conserva vestigios de la original.
En la parte en que la Avenida del Libertador se convierte en una calle angosta, en plenos casco histórico de esta ciudad, se erige una mansión construida como casa de veraneo en 1892, (pocos años antes de que se terminara la Catedral). Por ese entonces, San Isidro estaba conformado por casas quintas, el río estaba más cerca de la barranca, y el tren era el medio de transporte más importante.
Fue le primer terreno documentado de la cuidad, que figura en los catastros como Lote 1. El proyecto original de la casa de verano fue un encargo de la familia Mayol, una aristocrática familia de abogados, que la bautizó como Villa San Juan y la ocupaban únicamente de noviembre a marzo. El resultado fue un palacio neoclásico construido con paredes de adobe, y 14 habitaciones que desembocan en el patio central y se comunican entre sí. Hoy se encuentra casi intacto… convertido en el señorial Hotel del Casco.
“Los Mayol decidieron construir su casona acá porque el tren te permitía estar en el centro de Buenos Aires en media hora, un avance para la época”, cuenta Betina Ruzal, gerente del Hotel. “Luego de la familia Mayol, la casa pasó a manos de un industrial que uso la casa como depósito y que vivió con su familia en las pequeñas habitaciones traseras, que hoy son las habitaciones de servicio del Hotel”.
La circulación está proyectada de manera tal que toda la casa tiene pasillos perimetrales, lo que garantiza una adecuada ventilación y permite que la luz natural llegue a cada una de las habitaciones. La atmósfera que crea la luz natural es única, sobre todo en el patio central. “El patio no tuvo techo hasta que la casa se restauró en 1930. Ahí, se realizó un cerramiento con el vidrio en forma de nido de abejas, y con un sistema de guías que permite su apertura para ver el cielo”, continúa Betina, “También hay un sótano debajo de la casa que permitía la ventilación de los pisos de madera”.
Con los años, las modificaciones siguieron. En 1970 se construyó un galpón de hormigón armado cuya estructura fue tan importante que todavía quedan algunos restos en la pared que linda con la casa próxima. A medida que pasó el tiempo, la casona se convirtió en pensión, agencia de publicidad y geriátrico sucesivamente, hasta que en el 2003 se inauguró el Hotel del Casco.
Tras una intensa restauración que fue fiel al estilo de aquella época, el Neoclásico, se mantuvieron los pasillos de la década de 1890, los  pisos originales de 1930, y los vidrios antiguos. Como pasa en la Catedrales europeas, los vidrios son anchos abajo y finos arriba porque se derritieron con el tiempo.
Cuando uno entra al Hotel, la atmósfera impacta. Desde la recepción, pueden verse las habitaciones y el patio central, que lleva por un pasillo hacia el jardín. Los espacios permiten intimidad y, en el parque el verde se mezcla con el sonido de la cascada, del agua en constante movimiento y la calidez de la pileta. Si uno se sienta en el jardín de invierno, que también esta rodeado de vegetación, puede ver todo el paisaje que ofrece el parque.
Por otra parte, la restauración que hicieron los dueños del Hotel del Casco fue tan fiel a la construcción original que las nuevas instalaciones se hicieron por el sótano. Allí se construyeron: una pequeña sala de lectura con una bibiloteca y computadoras con Internet para los huéspedes que no deseen usar la conexión Wi-fi que existe en todo el Hotel. Además, se mantuvieron los pisos, puertas, techos, columnas y los detalles neoclásicos, sin poner demasiados elementos modernos, como alfombras en las habitaciones, que cambiarán la atmósfera.
Como la historia es una parte importante del hotel, “hace 3 años, cuando decidimos agrandarlo, compramos el terreno de atrás, ubicado sobre la calle 25 de mayo. Compramos la casa, que fue una oficina de correos, en donde estuvo el primer telégrafo de San Isidro”, explicó Ruzal. Así, extendieron el hotel por el jardín e imitando con los últimos detalles el estilo neoclásico, construyeron nuevas habitaciones y un Salón de eventos (construido en lo que fue una antigua casa de correos lindante) . De esta manera, en el jardín que perteneció a la familia Mayol, se construyó una pileta con desborde finlandés y un jardín de invierno en el lugar de la antigua pérgola de cemento, en colores verde-negro y crema. “Tratamos de rescatar la estética de esa época y eso es lo que nos diferencia de otras restauraciones. Los pisos de la parte más moderna son de pinotea reciclada  y tienen una cámara de aire para que la sensación al caminar sea la misma que en la parte de adelante, que es la casa original”, detalló Ruzal.  “Claro que instalar un hotel en una casa con paredes de adobe no es tarea sencilla, requiere mucho mantenimiento. En el equipo hay dos pintores trabajando todo el tiempo”.
Tanto es así que el Salón de eventos que rescata la casa de correo, tiene el techo de ladrillos con tirantes a la vista, como en las casas más antiguas de la ciudad, además, de los pisos originales.
El pasado y el presente se conjugan en este Hotel, que recuerda la casa de los abuelos o las casas de verano en el campo, en el que muchas familias construyeron su historia. ©

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