Galerías Pacífico

El arquitecto Juan Carlos Alaimo, de la gerencia de Mantenimiento y Operaciones del actual edificio, se lo ve ansioso por contarnos cómo el presente de mezcla con un pasado repleto de vivencias. Nos atiende cálidamente en una sala con cuadros y leyendas en las paredes salpicadas con historia. En la mano lleva un libro con las postales de un siglo inolvidable.

El proyecto original

Buenos Aires miraba hacia Europa, Argentina vivía momentos de prosperidad económica a causa de su ingreso en el mercado internacional como exportador de productos primarios y el entusiasmo rebalsaba sobre las calles.  En ese contexto nacía, sobre la calle Florida, una obra imponente desde el punto de vista arquitectónico, con calles cruzadas, bóvedas de vidrio y una cúpula central espaciosa y elegante.
En aquellos tiempos, el Bon Marché Argentino creado por Emilio Bunge y Francisco Seeber estaba en marcha. Luego, se decidió que el edificio de las actuales Galerías Pacífico fuera la primera sede del Museo de Bellas Artes.  El clima de celebración que existía en aquella época se materializó en la realización de obras de gran envergadura.
Pero como todo gran proyecto, esta creación sufrió diversos avatares parejos a los acontecimientos del país. Primero fue la crisis institucional-económica del 1890. Luego, en 1908, la necesidad de vender un sector de la construcción al Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico. Recién en 1945 los arquitectos Jorge Aslan y Héctor Ezcurra proyectaron la remodelación del edificio, separando la Galería de Comercios del resto, que servía a las tareas administrativas del ferrocarril.
A fines de la década del ’60 las antiguas Galerías Pacífico se encontraban sumidas en un estado de decadencia, por lo que en 1970 se hizo inevitable su clausura. Esta decisión acentuó aún más el deterioro de las instalaciones. Tiempo después, y a pesar de la restauración de los murales en 1978, durante la década del ’80 existieron varios proyectos para poner en venta el inmueble sin tener mayormente en cuenta su convservación. Esta situación provocó un hondo debate público sobre la preservación del patrimonio histórico y la crítica de la época se encargaba de difundir. La opinión pública se hizo escuchar y, finalmente, se aplazó cualquier decisión sobre el futuro de las galerías, al tiempo que éstas permanecieron cerradas.
Luego, en el año 1989, se declaró al edificio Monumento Histórico Nacional y un año después fue entregado en concesión a Galerías Pacífico S.A.
A partir de la década del 90 se iniciaron nuevas tareas de refuncionalización y puesta en valor del edificio. Las obras estuvieron a cargo del estudio de arquitectos López y Asociados. Se trataba de una tarea monumental que requirió de una gran sincronización y planificación, que hoy reluce en la actual imagen que podemos ver de Galerías Pacífico.
El camino de la recuperación se desarrolló en torno de dos ejes principales: la restauración del patrimonio cultural y la modernización y ampliación del edificio. Es realmente singular la integración actual de un centro comercial y un centro cultural en un mismo edificio, tal como se ha logrado con la incorporación del Centro Cultural Borgues en 1995, considerado en la actualidad como uno de los espacios culturales más importantes del país. El arquitecto Alaimo, sostiene que “se está invirtiendo mucho esfuerzo para mantener la magia de este edificio que realmente tiene una historia impresionante para la Ciudad de Buenos Aires y para Argentina. Todos trabajamos muchísimo para el mantenimiento de esta obra de arte. Es difícil inculcarle a toda la gente que este edificio es un patrimonio, que lo tiene que cuidar, pero estamos logrando que todo el mundo esté involucrado. Estamos para eso, para que la historia de los que construyeron esta ciudad sea respetada”.

Los murales

En paralelo a la remodelación de 1945 de los arquitectos  Adlan y Ezcurra,  cinco pintores muralistas argentinos: Lino Spilimbergo, Demetrio Urruchua, Manuel Colmeiro, Juan Carlos Castagnino y Antonio Berni, plasmaron sus obras en los 450 m2 de superficie que ocupa la cúpula central. La exhibición revela el trabajo apasionante de una de las obras de arte más importantes del patrimonio cultural argentino, desde los primeros bocetos hasta la pincelada final de los grandes maestros.
Los murales debieron ser restaurados en dos oportunidades: la primera en 1978, bajo la dirección de Antonio Berni y la segunda, en 1991, por un equipo argentino-mexicano dirigido por Manuel Serrano Cabrera. 
La recuperación de los murales fue un trabajo muy delicado. A pesar de que sólo trece años antes habían sido restaurados, las filtraciones de humedad habían hecho que parte de la capa pictórica se desprendiese, de modo que corría peligro la integridad física de las obras.
Para enfrentar el complejo desafío se contrató a un equipo internacional profesionales conformado por expertos de distintas especialidades, en el que trabajaron restauradores e historiadores del arte
Además, se realizaron una nueva serie de murales a los ya existentes.  La galería pictórica se completó con cuatro visiones de fin de siglo XX de Guillermo Roux y Josefina Robirosa, Carlos Alonso y Romulo Macció.  “Actualmente los frescos tienen un cuidado mantenimiento comandado por el Ingeniero Carlos Gaset, que constantemente trabaja en el cuidado de estas obras de arte que enmudecen a los turistas y público en general que a diario visitan el lugar”, continúa Alaimo.



El presente

Desde 1992, más de un siglo después de la iniciación del proyecto original se concretó finalmente aquel ambicioso sueño de instalar en Florida, la calle-vidriera de Buenos Aires, una galería acorde al espíritu de una ciudad cosmopolita, materializándose con ella el anhelo original del proyecto Bon Marché. “Buena parte del funcionamiento del edificio está centralizado en un sistema automatizado que garantía la operación óptima de todas las áreas…” explica Alaino
La climatización del ambiente, la ventilación y extracción de aire, las escaleras mecánicas, los ascensores, la música y la detección de incendios son elementos bien supervisados desde un mismo centro de control.  Las distintas variables están programadas según horarios y días de la semana, pero también son controladas permanentemente por medio se sensores colocados en varios puntos del edificio. Así se hace posible un grado de eficiencia mayor que permite un ahorro de energía.  “Creo que al caminar por los pasillos de Galerías Pacífico uno puede transportarse a un pasado que representan los cimientos de esta fabulosa Buenos Aires”, finaliza Alaimo.  En resumen, un lugar digno de ser visitado. ©

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