PROA

La Fundación Proa, un referente cultural porteño, restauró su edificio de La Boca para ofrecerle a sus visitantes nuevas comodidades, renovados espacios y mayores servicios.

Forma y contenido son indisolubles en cualquier expresión artística. De este modo, un museo debe ser, también, una obra que a la vez mixture su propia identidad en tanto objeto singular con los diversos elementos culturales que abriga. Así lo entendió la Fundación Proa cuando encaró el ambicioso proyecto de renovar y expandir su edificio de La Boca, tarea que se le encargó al estudio de arquitectura Carusso-Torriccella, de Milán, el mismo que había realizado el proyecto original 12 años atrás. El resultado fue una maravillosa combinación de modernismo y funcionalidad, sin dejar de lado la sobriedad e historicidad de la construcción original.
Habituado a recibir una gran cantidad de visitantes con distintas inquietudes y búsquedas, la reforma se propuso un aprovechamiento pleno de la reflexión, la creación, la exposición y el disfrute artístico. El hecho de ser un espacio para difusión del arte actual abrió las puertas a un proyecto que sin dejar de cuidar detalladamente la identidad características de los museos se permitiera innovar con modernas líneas y toda la tecnología para brindar las mayores comodidades.
La Fundación Proa comenzó a funcionar en 1996 como un espacio destinado al arte contemporáneo y la exposición inaugural fue una muestra del pintor mexicano Rufino Tamayo (1899-1991). Con el objetivo de mantener un fuerte vinculo con el barrio, al año siguiente presentó la muestra del reconocido pintor argentino Rómulo Macció (1931-) “Pinturas de contaminación y olvido”, sobre paisajes del barrio de La Boca y las orillas rioplatenses. Desde su aparición, la Fundación Proa exhibió, en otras, las obras del neoimpresionista alemán Anselm Kiefer (1945-); de Dan Flavin (1933-1996), precursor del minimalismo; del pintor y escultor Lucio Fontana (1899-1968); del conceptualista norteamericano Jenny Holzer (1950-); del especialista en arte povera, o arte pobre, Mario Merz (1925-2003); del brasileño Candido Portinari (1903-1962); del italiano Alighiero Boetti (1940-1994), de la polémica alemana Rosemarie Trockel (1952-); del precursor del cientismo Jesús Rafael Soto (1923-2005) y, actualmente, del dadaísta francés Marcel Duchamp (1887-1968). Además, la fundación expuso un gran número de muestras fotográficas de reconocimiento internacional y patrocinó novedosas cuestiones artísticas, como fue el pintado de murales y la proyección de textos lumínicos en distintos puntos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Este año, la Fundación Proa se propuso incrementar su espacio para ofrecer nuevas comodidades y renovar su impronta. A partir de la compra de dos casas linderas, la superficie se incrementó a un total de 2.300 metros cuadrados, en los cuales se distribuyen un auditorio con capacidad para albergar conferencias y proyecciones cinematográficas y de video-arte, cuatro salas de exhibición y una biblioteca-librería especializada en arte y cultura. Además, en la terraza funciona un restaurante y se realizó una fachada vidriada con la intención de generar un vínculo y una comunicación directa con el barrio.
La reforma del edificio estuvo en manos del estudio milanés Carusso-Torriccella, el mismo que en 1996 adaptó la construcción original para el emprendimiento cultural que se realizaría. El arquitecto Giuseppe Carusso, responsable del proyecto aseguró que “en el edificio de Proa se preservó la estruc¬tura de vivienda, el patio en damero en la planta alta y el espacio abierto propio del almacén y depósito que funcionaba en la planta baja”, mientras que también se avanzó con la modernización que permite “un lugar de experimenta¬ción muy fuerte como La Boca, un barrio que combina muy bien lo contem¬poráneo y lo antiguo”.
Una de las inquietudes que movilizaron con más fuerza a la renovación fue la implementación de nuevas tecnologías. Así, actualmente en la nueva sede se cuenta equipamiento tecnológico de última generación para sostener nuevas formas de comunicación, articulación de las muestras integradas a lo audiovisual y experimentación fundada en la producción con las nuevas tecnologías, entra las que se destacan el videoarte, el arte sonoro, el net-art yel diseño industrial.
Ubicada en la avenida Pedro de Mendoza 1929, sus puertas están abiertas de martes a domingo, incluso los días feriados, de 11 a 19 horas. Es posible realizar visitas guiadas (también en inglés, para extranjeros) y de estudio, en las cuales se puntualiza en determinadas obras y artistas. La entrada general es de 10 pesos, con descuentos para los estudiantes que se acrediten como tales (6 pesos) y para los jubilados (3 pesos).
La Fundación Proa volvió a ratificar su posición vanguardista no sólo con la ampliación de su casa de La Boca, sino con una restauración integral que combina lo clásico y lo moderno. De este modo, cada una de las personas que se acercan a disfrutar de sus exposiciones o a realizar distintos trabajos encuentran un cálido y renovado ambiente que la pone entre los espacios artísticos más concurridos en la ruta cultural porteña. ©

 

 

MAS FOTOS