La Biblioteca Nacional

En ese predio hubo una compraventa de esclavos, un cementerio y hasta un prostíbulo, que fue demolido para construir este edificio. En un principio destinado a la Lotería, albergó durante más de cuarenta años a la Biblioteca Nacional

Fue la Primer Junta, a instancias de Mariano Moreno, la que impulsó la creación de una biblioteca pública, convencidos de que el libre acceso a la ilustración era uno de los caminos para producir un verdadero cambio social. La Biblioteca Pública de Buenos Aires nació por un decreto del 13 de septiembre de 1810. La instalaron en la intersección de las actuales calles Moreno y Perú, en la Manzana de las Luces, y la conformaron, en principio, con los libros que la misma Junta le había expropiado al obispo Orellana, acusado y juzgado de conspirar contra el primer gobierno patrio. A este fondo se agregaron las donaciones del Cabildo Eclesiástico, el Real Colegio San Carlos, y los aportes particulares de Luis José Chorroarín y Manuel Belgrano.
Sus primeros bibliotecarios y directores fueron el doctor Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez, ambos hombres de la Iglesia. Luego, vendrían Chorroarín y el hermano de Mariano Moreno, Manuel.
Le seguirán Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol, Vicente Quesada, Manuel Trelles, José Antonio Wilde… todo ellos grandes figuras de la literatura nacional, que hicieron de la Biblioteca Pública una institución de envergadura. Pero fue Paul Groussac el que mayor impulso le dio en los más de cuarenta años que duró su gestión.
Llegó a la dirección en pleno apogeo de la generación del 80, cuando el país planeaba un gran desarrollo en todas las áreas, incluyendo la cultura. En ese marco, la Biblioteca paso a ser Nacional, y se transformó en el símbolo del reservorio patrimonial y cultural del país.
Una de sus primeras acciones fue gestionar un edificio destinado exclusivamente a albergar la colección de la Biblioteca, que para ese entonces ya contaba con muchísimos volúmenes.
Lo encontró en un edificio de corte academicista sobre la calle México 526. Este lugar arrastraba una historia que comenzó con una casa de compraventa de esclavos en la época de la colonia, un cementerio y hasta una serie de piringundines en los que se ejercía la prostitución. El flamante edificio había sido construido por el arquitecto italiano Carlos Morra para ser la sede de la Lotería Nacional. Pero finalmente, a instancias de Groussac, se cambió su destino para albergar a la Biblioteca Nacional. Se inauguró formalmente el 27 de diciembre de 1901, en un acto dirigido por el Presidente Roca. Un año más tarde, el mismo Morra fue el encargado de hacer las modificaciones necesarias para adecuarla mejor a la función de Biblioteca. También fue él quien volvió a realizar nuevas reformas en 1906.
Detrás de su imponente fachada de estilo clásico se esconde un edificio de tres pisos y un sótano en el cual alguna vez hubo un jardín. En la planta baja, un falso pórtico a modo de templo corintio comunica con una galería de columnas y arcadas. Una escalera une las tres plantas en las que se disponen diferentes dependencias y otras galerías. Durante casi un siglo, este edificio laberíntico levantado sobre un antiguo cementerio y un prostíbulo, albergó la mayor biblioteca del país, hasta que en 1992 comenzó a ser trasladada a su nueva sede de la calle Agüero.
El edificio volvió a quedar vacío hasta 1996, cuando fue destinado a sede del Centro Nacional de la Música. Además de ese organismo allí funcionan la Dirección de Música, y las dependencias del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega
Fue restaurado y declarado Monumento Histórico Nacional en 2004.
De la vieja biblioteca quedan la gran sala de lectura (ahora sala Williams), con sus cariátides, una hermosa cúpula y las viejas estanterías sobre las que se lee la especificación de las variadas materias que cada una contenía: filosofía, ciencias, literatura y enciclopedias. Y también quedan muchas de las páginas que Borges, su más célebre director, habría escrito inspirado en ese mítico edificio.
Como testimonio del primer destino proyectado, aquel nunca concretado de administración de la lotería, todavía hay una decena de bolilleros de bronce jalonan la baranda de la escalera que lleva al primer piso. ©


 

MAS FOTOS