Catedral de La Plata

Su construcción comenzó en 1884 y recién se terminó en 1994. Desde entonces, es considerada una de las diez iglesias catedrales más importantes del mundo.

Arcos de medio punto, bóvedas de crucería, arbotantes, torres y agujas que se elevaban hacia el cielo…Más allá de los elementos que definieron el estilo gótico en la arquitectura, las grandes catedrales de la Edad Media tuvieron una característica en común: tardaron siglos en construirse. Se iban levantando a lo largo de los años, con un concepto del tiempo característico de esta época en la que primaba el sentimiento religioso: era el concepto del “tiempo de Dios”, con toda la eternidad por delante.
Salvando las distancias de tiempo y espacio, la catedral neogótica de La Plata sigue estos principios. Claro que no fue la filosofía reinante en el siglo XIX la que hizo que tardara más de un siglo en terminarse, si no la falta de recursos y algo de imprevisión. Su construcción comenzó en 1884 y recién se terminó en 1994. Desde entonces, es considerada una de las diez iglesias catedrales más importantes del mundo.
La construcción de la catedral se inscribe en el contexto histórico de fines del siglo XIX.
Para 1880, Buenos Aires se había transformado en la capital de la República. La provincia, entonces, necesitaba su propia ciudad capital, y entre las opciones que se barajaron figuraban Chascomús, Dolores, San Nicolás y hasta el barrio de Belgrano. Cuando finalmente, la elección recayó en la ciudad de La Plata, el gobernador Dardo Rocha le encargó el proyecto al ingeniero Pedro Benoit. Este reconocido ingeniero y urbanista argentino había nacido en San Telmo, en 1836. Su padre, Pierre Benoit, un ingeniero francés que había emigrado al Río de la Plata por cuestiones políticas, lo había hecho ingresar en el Departamento de Ingenieros en 1850, con tan sólo catorce años, y desde allí desplegó una intensa actividad en toda la provincia. Comenzó realizando puentes de campaña, pero pronto se vio trabajando en la confección de los planos de Buenos Aires y en la rectificación del Riachuelo.
Dicen que Benoit tenía fuertes lazos con la masonería, y de allí las relaciones que le permitirían ir escalando en la esfera social y profesional. Su primera gran obra urbanística es la planta urbana del pueblo de Merlo, al que le siguió el de Santa Rosa de Ituzaingó. Pero sin dudas, su obra maestra sería la ciudad de las diagonales. Cuando proyectó la ciudad de La Plata, planeó hasta el más mínimo detalle, con sus manzanas, sus diagonales, sus plazas colocadas cada seis cuadras, sus pulmones verdes, y, por supuesto, todos sus edificios públicos.
Frente a la plaza principal Benoit, proyectó una catedral digna de la ciudad capital: un templo neogótico, con torres de 112 metros de altura, una superficie de 7000 metros cuadrados y un frente de 76 metros de ancho, totalmente revestido en piedra. Inspirado en las catedrales de Amiens (Francia) y Colonia (Alemania), el proyecto no es enteramente de Benoit, sino que lo realizó con la colaboración del arquitecto Ernesto Mayer y el Departamento de Ingeniería de la Provincia de Buenos Aires, entidad que presidía.
El diseño sigue las líneas clásicas del gótico, con forma de cruz latina constituida por cinco naves (una nave principal y dos secundarias a cada lado) coronadas por un importante ábside.
La piedra fundamental de la futura catedral se colocó en 1884, cuando comenzaron las obras, que se intensificaron a partir de 1889. En 1902, para el cincuentenario de la ciudad  de La Plata se inaugura la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en la planta baja. Un nuevo impulso constructivo surgió a partir de 1913, cuando el constructor italiano José Valli ganó la licitación de las obras.
Recién en 1932, cuando se inaugura en la planta superior la Iglesia de la Cátedra, puesta bajo la invocación de la Inmaculada Concepción, se considera inaugurada la Catedral, aunque distaba mucho de estar terminada.
Faltaban las torres, el campanario, el revestimiento exterior y los pisos interiores de granito pulido a espejo, que recién se concluyeron en 1942. El granito rosado es de Olavarría, el negro de Calamuchita y el gris de San Luis.
También faltaban los grandes vitrales que el proyecto original preveía, siguiendo los cánones medievales que hicieron un particular uso de la iluminación. Los mismos habían sido encargados a reconocidas fábricas de Alemania y Francia. Las primeras piezas llegaron en 1937, procedentes de Munich, y se colocaron como retablos detrás de los altares menores. Diez años más tarde llegaron ocho vitreaux de las casas Lorin y Maumejean, de Francia, que contenían 216 escenas del Antiguo Testamento, que representan pasajes desde La Creación hasta la llegada inminente de Cristo. Finalmente, en 1958, llegan los últimos veintisiete vitrales que realizó la casa Lorín de Chartres, que se pueden ver en el deambulatorio y el claristorio. Todos estos vitrales, además de crear un ambiente único debido al flujo de luz y color, forman parte del valioso patrimonio de la catedral.
Excepto la colocación de estos vitrales y algunas terminaciones internas, las obras de la catedral se detuvieron en la década del treinta, cuando se determinó que los cimientos originales no eran suficientes para completar las torres y soportar el revestimiento de piedras de la fachada.
Así permaneció durante sesenta años, hasta que en 1990, una Unidad Ejecutora de Obras de la Catedral anunció, luego de unos minuciosos estudios estructurales, que la obra sería completada, y se restaurarían los daños ocasionados por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Básicamente, encararon cinco tareas: reforzar los cimientos, detener el deterioro de ladrillos y juntas, completar las torres, instalar el carillón y sustituir la cruz de hierro del cuerpo principal.
La tarea principal sería la de reforzar los cimientos, para lo que se utilizó una técnica de micropilotaje de hormigón que se inyectó a través de pequeñas perforaciones.
Para evitar el peso que implicaría el revestimiento de piedras proyectado originalmente, se decidió dejar la fachada en ladrillo visto, lo que le da un aspecto diferente al común  de las catedrales góticas, evocando al llamado estilo gótico de ladrillos, característico del Báltico.
Las torres, que le darían su aspecto definitivo y característico al templo, implicaban dos torres laterales, seis torretas, 200 pináculos, y 800 agujas. En el campanario, se instaló un carillón de 25 campanas. Las dos gigantescas torres principales se completaron finalmente en 1999, dando por terminadas las obras más de cien años después de colocada la piedra fundamental.
Hoy, la Catedral de la Inmaculada Concepción de La Plata, es, junto a la basílica de Luján, uno de los dos templos más visitados de la Argentina. Tiene capacidad para alojar a 14.000 fieles y es reconocida por el Vaticano como una de las diez catedrales más importantes del mundo, cuyo nombre está inscripto en la Basílica de San Pedro. Ahora si, al igual que los grandes templos de la Edad Media, la Catedral eleva sus altísimas torres y torretas hacia las alturas. ©

 

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