Edificio de
los Pavos Reales


Una muestra de Art Nouveau italiano en pleno Buenos Aires.

A veces, la vida nos da sorpresas. Eso le pasó a Kevin Dwyer, un actor neoyorkino que decidió cambiar las tablas por la hotelería y, por amor, desembarcó en Buenos Aires.
Durante un tiempo, recorrió la ciudad en busca un ph que se adaptara a su proyecto: instalar un Bed & Breakfast con pocas habitaciones, pero un servicio de calidad. Por eso, cuando una amiga lo llamó para comentarle que había un departamento muy interesante para visitar, Kevin desechó la idea. Estaba buscando una casa. Sin embargo, ante la insistencia de su amiga, se prestó a conocer el departamento… y de pronto se encontró debajo de un enorme pavo real de casi dos metros de largo esculpido en piedra. Era uno de los ocho pavos que ornamentan (junto a otras figuras) los veinticinco metros de frente de uno de los edificios que más llaman la atención de todos los que circulan por la avenida Rivadavia al 3200.
Demás está decir que Kevin no buscó más.
El lugar estaba impecablemente restaurado, y se adaptaba a las necesidades de un B&B exclusivo, con solo dos habitaciones y dependencias de servicio.  Pero lo más fascinante de la propiedad no era eso, si no el marco que le daba pertenecer al Edificio de los Pavos Reales, construido por Virgilio Colombo en 1912 y catalogado “con protección estructural” por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Colombo fue un arquitecto italiano que arribó a la Argentina en 1906, con sólo 21 años y un título recién obtenido. Si bien fue contemporáneo de Tamburini, Meano, Palanti y Buschiazzo, no se destacó como ellos en el desarrollo de grandes obras institucionales, con excepción del tratamiento de la fachada del Palacio de Justicia. Este arquitecto se hizo famoso entre la alta burguesía de origen italiano que en nuestro país invertía en ladrillos. Hasta su prematura muerte, en 1927, construyó más de cincuenta propiedades, que se encuentran diseminadas por todo Buenos Aires: casas familiares, pequeñas fábricas urbanas, villas suburbanas, petit hoteles y sobre todo casas de renta con locales.
El edificio de los Pavos Reales es uno de esos edificios. Colombo realizó este proyecto en 1912 para la familia dueña de los calzados Rossi. En la planta baja funcionaban los locales comerciales y talleres. En las plantas superiores vivían los propietarios, y el resto de los departamentos estaba destinado a renta.
En la distribución Colombo utilizó todo el ancho y el largo del lote, diseñando cuatro cuerpos, dos al frente y dos al fondo, separados por patios de luz. Los cuerpos del frente tienen  seis departamentos de tres ambientes y los de atrás tienen ocho unidades de dos ambientes. Cada cuerpo tiene locales en planta baja, y tres niveles superiores. En la época en que se construyó, el Edificio de los Pavos reales era la construcción más alta de esa zona.
Lo más llamativo del edificio (y de todas las obras de Colombo) es su fachada: usa piedras con relieve, ladrillos vistos sobresalidos del resto, y una serie de figuras talladas representando al mundo animal y vegetal que le dan una increíble riqueza ornamental. Colombo era uno de los representantes del “Floreale”, la versión italiana del Art Nouveau europeo. Este estilo se caracterizó por la inspiración en la naturaleza, el uso de las líneas curvas y envolventes, y las figuras entrelazadas.
En esta obra, no hay rincón de la fachada que no esconda una figura, pero lo más sobresaliente son los ocho pavos reales, que se convierten en el leit motiv del edificio. Se encuentran enfrentados de a pares en los balcones circulares de las ventanas del primer piso. También aparecen los leones, que Colombo repite en balcones y paredes de muchas de sus obras, junto a cariátides, querubines, halcones y dragones. También repite una forma curva que representa a un crustáceo en la herrería de las puertas y ventanas.
Otra característica del Art Nouveau es la tendencia al uso de imágenes femeninas, en actitudes delicadas y sensuales, algunas veces reyando lo erótico. Esto se nota en los murales de vitreaux que se encuentran en los palieres de ingreso a cada uno de los cuerpos del edificio y representan musas en distintos momentos del día.
El interior de los departamentos también responde a los lineamientos generales del modernismo. Las líneas curvas se ven sobre todo en las aberturas, y arcadas, además de las figuras geométricas que conforman la herrería de los cerramientos de los patios.
Con el paso del tiempo, los departamentos se han ideo modificando, adaptandose a los requerimientos de sus nuevos propietarios. Al ser apto para uso profesional, muchos de ellos hoy albergan oficinas. Sin embargo, el departamento que Dwyer compró para transformar en un pequeño hotel, respeta las líneas originales, ya que habia sido restaurado por su anterior propietaria. Su nuevo propietario hizo el resto. Compró muebles de época, y lo decoró acorde a su nueva función, haciendo alusión permanente a los pavos reales que le dan el nombre a su Bed & Breakfast. Entre los elementos que Kevin agregó, descolla el gran vitreaux de un pavo real que sus huéspedes ven ni bien pasan el umbral de la puerta de entrada. El motivo lo encontró en un libro de vitrales y lo mandó a confeccionar por un artesano, para ser colocado en ese lugar.
Si bien no se encuentra abierto al público masivo, El B&B de Kevin es, actualmente, el único departamento del mítico edificio que se puede conocer. Tiene solo dos habitaciones en suite, un comedor y un patio más que acogedor. Sus huéspedes se van maravillados por la atención, pero también por lo sorprendente de alojarse en un edificio con tan alto valor patrimonial.©

 

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