Centro Metropolitano
de DiseƱo


El barrio de Barracas supo ser, junto a La Boca, motor del desarrollo de la ciudad hacia el sur. Hoy guarda un patrimonio urbano muchas veces desconocido. El abandono de los galpones industriales, playas ferroviarias del Ferrocarril del Sud, usinas, barracas y antiguos edificios de vivienda han sumido en el olvido a algunos grandes edificios que pugnan por ser rescatados.

El antiguo Mercado Concentrador Mayorista de Pescado es uno de ellos. Cuando fue inaugurado en 1934, contaba con instalaciones frigoríficas y una máquina elaboradora de hielo en escamas, que en ese entonces era la única de Sudamérica. La febril actividad de este mercado, que concentraba todo el pesado que ingresaba a la ciudad le dio un carácter particular al barrio y al entorno. Pero en 1983, cuando se dispuso el cese de actividades cuando se traslada el ingreso del pesado el Mercado Central, comenzó un lento e indeclinable abandono del edificio y el entorno.
Con la llegada del nuevo siglo, la ciudad de Buenos Aires que desarrollo una enorme crecimiento hacia el norte, vuelve a mirar al sur y surge la idea de crear un “distrito de diseño” en la zona de Barracas. El proyecto tiene la doble intención de dar impulso al barrio a la vez que termina de posicionar a Buenos Aires como Ciudad Unesco de Diseño.
Así fue como desembarcó en esta zona el Centro Metropolitano de Diseño, que hoy se aloja en el viejo edificio del Mercado de Pescado, completamente reciclado para este fin.
El conjunto se completa con otro edificio lindante, conocido informalmente como “el pescadito”, que antiguamente era un taller mecánico de principios del siglo pasado, restaurado según un proyecto de los arquitectos Adriana Pérez Moralejo y Carlos Blanco. (Proyecto que ganó el primer premio en su categoría en la Bienal 2004, otorgado por la SCA). 
La restauración del Pescadito comenzó en el 2001, y se inauguró en el 2002, con la premisa de alojar al CMD en la etapa inicial, mientras de llamaba a un concurso nacional de anteproyectos para restaurar en viejo mercado.
Entre ambos, conforman una superficie de 14.000 m2, con capacidad para albergar a 1500 visitantes. Alberga oficinas gubernamentales de promoción e industria y comercio exterior del diseño, 70 boxes de incubación de emprendimientos, auditorio, aulas, talleres y laboratorios, museo de sitio, biblioteca y centro cultural, además de 3000 m2 destinados a exposición.
El primer premio del concurso para el reciclaje del Mercado de Pescado fue adjudicado al arquitecto argentino Paulo Gastón Flores, quién dejó muy en claro en la memoria del proyecto que ese edificio sólo podía pertenecer a ese lugar. “Torres de agua, grandes naves, grúas y construcciones ferroviarias conforman el imaginario de Barracas. La intervención del edificio se manifiesta por medio de formas apropiadas del paisaje urbano circundante. Las torres de instalaciones, los volúmenes y las calles interiores se transforman en elementos plásticos y simbólicos que modelan el espacio”
Su bien el proyecto es complejo por la diversidad de actividades que comprende, básicamente se articula respetando la estructura original, con un espacio central y uno perimetral. En el borde, se disponen un programa de unidades repetitivas albergan las llamadas “incubadoras” de proyectos.
En el centro, una calle interior con doble altura que se transforma en el corazón del edificio, a cuyos lados se disponen dos niveles con planta en forma de U conformadas por naves paralelas. El espacio central está destinado a las actividades y programas de uso público. Las naves se transforman en verdaderos “barcos amarrados” que se conectan con el barrio.
Se utilizó casi toda la estructura existente, y se agregó un nuevo pabellón que competa la manzana, y se crearon dos patios interior con vegetación para mejorar la oxigenación. Desde el punto de vista ambiental, la adaptación climática del interior se basa en una adecuada ventilación y asoleamiento. El gran techo que cubre el edificio y organiza el interior es a su vez protección solar y térmica, creando espacios de doble y triple altura en un ambiente luminoso. El interior de las naves posee una sección que provoca re-circulación de aire de manera natural: el sol lo calienta en las bahías menores que tienen techo vidriado y por efecto chimenea el aire sube y sale por la cumbrera de las naves mayores.
Las obras duraron ocho años, soportaron los años de crisis y varios cambios de gestión pero finalmente el edificio se inauguró formalmente en octubre del 2010, en el marco del mes del diseño y previo al Buenos Aires Festival de Diseño y desde entonces ha potencializado la actividad que el CMD ya venía llevando a cabo, transformándose en una verdadera usina de innovación y diseño. ©

 

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