Museo de Arte Moderno
de Buenos Aires


“Lo que importa de un museo es su colección, más que el edificio"
Con estas palabras, el arquitecto Emilio Ambasz, intentó restarle (sin éxito) protagonismo a su proyecto, que instalaría definitivamente al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires entre los mejores de Latinoamérica.

El Mamba había sido creado por iniciativa del crítico de arte Rafael Squirru en 1956 y durante años fue una especie de museo fantasma, sin sede propia, cuya muestras tomaban como por asalto, distintos espacios de la ciudad. Así funcionó hasta que recaló temporariamente en el Teatro San Martín y en 1984 llegó a un viejo edificio que la tabacalera Nobleza Picardo había ocupado sobre la Avenida San Juan. Lo magnífico del edificio, con su típica arquitectura industrial de fines de siglo XIX, no lograba disimular la urgente necesidad de restaurarlo y adecuarlo a su nueva función.
La decisión se tomó n 1997, cuando se le encargó el proyecto a Emilio Ambasz, el arquitecto argentino residente en New York, célebre por sus “cubiertas verdes”. Ambazs donó el proyecto, pero tuvo que esperar doce años para que se pusieran manos a la obra.
“Soy más perseverante que creativo”, sostuvo en varias declaraciones, cuando por fin se impulsó el comienzo de obra y se cerró el museo para su restauración.
Cuatro años después, diciembre del 2010, el Gobierno de la ciudad inauguraba la primera fase del proyecto, aunque con algunas modificaciones sobre la idea original de Ambasz.
El proyecto contemplaba, como no podía ser de otra manera, una cubierta verde sobre la avenida San Juan, en la fachada histórica. Sobre el otro lado, de cara a la autopista 25 de Mayo, Ambasz había proyectado una fachada tecnológica y lumínica, que fue objetada porque podía significar un riesgo de distracción para los automovilistas. Por eso, también esa fachada estaría cubierta de plantas y se proyectaría un aparato que genere agua pulverizada y a la vez que hidrata la vegetación, crea un efecto visual único.
El proyecto se planteó en tres fases. La primera contempló 3000 m2 en total, la restauración de la fachada en su totalidad y dos salas, una en planta baja y una en planta alta, e insumió un costo de catorce millones de dólares.
Esta etapa incluyó el acceso público por la Av. San Juan y el sector de boleterías, guardarropas y gift shop en el hall de entrada, la escalera escultórica  y los medios de elevación, sanitarios general en primer piso y para discapacitados en PB, depósito para obras de arte, oficinas administrativas y dependencias del personal.
Las obras de remodelación y restauración incluyeron rodo el equipamiento e infraestructura para el funcionamiento del museo, como sistemas de seguridad física del edificio, salidas de emergencia, sistemas contra incendio, aire acondicionado, iluminación museológica, ascensores y control de acceso.
Las otras dos fases, cuyo costo se estima en otro treinta millones, se completa con dos alas nuevas, a la derecha e izquierda del edificio, alcanzando una superficie final 11.000 m2. Para eso, se sumó un edificio lindero (que pertenecía a la fábrica Iggam). Así, el Mamba contendrá, dentro de su predio, al Mueso del Cine.
El Mamba, con su edificio restaurado, se instala así entre las instituciones más importantes de la región. Pero más allá de ese posicionamiento, el museo tiene una enorme relevancia para el barrio en el cual se encuentra. El desarrollo urbano del sur de la ciudad, tantos años postergado, comienza a tomar un nuevo impulso a partir de éste y otros emprendimientos relacionados con el arte y la cultura.
El autor del proyecto confía en que el museo será para San Telmo y Barracas, lo mismo que fue el Rockefeller Center fue en su momento para esa zona de New York. “Cuando Rockefeller donó esas tierras, era una zona de mataderos. Hoy están allí las residencias más caras de la ciudad. Yo lo mismo sucedió en casi todas las ciudades del mundo en las que un área deteriorada mejoró cuando se levantaron edificios de importancia, construidos a partir de una arquitectura de calidad”

Una calidad que Ambasz resume en una sola frase que distingue a su estudio: “Green over the Gray” (Verde sobre el Gris). Esa es la idea fundacional de sus obras y proyectos, la sustentabilidad. El hombre que hace treinta y cinco años que hace arquitectura verde, tiene obras diseminadas por todos el mundo, algunas de ellas galardonadas en diferentes concursos , pero la primera vez que realiza un proyecto para la Argentina… y lo donó. ©

 

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