Palacio San José

La construcción de la casa se inició en 1848, siendo esta la base de lo que finalmente sería, con la intervención de Jacinto Dellepiane primero y de Pedro Fossati después, el Palacio San José, el magnífico casco de la estancia principal de Justo José de Urquiza, lugar de residencia familiar y referencia política fundamental por dos décadas.

El Palacio San José fue proyectado con una arquitectura que reafirmaba el carácter y el protagonismo político de proyección nacional de su propietario, lejos de ser simplemente el casco de una estancia de un caudillo local.
El Palacio San José refleja, en su arquitectura, en su monumentalidad, una etapa de nuestra historia que reafirma en la figura del caudillo la presencia de un pueblo que se sumaba a la construcción nacional, aportando, desde el federalismo, una idea de nación construida desde las diversas identidades lugareñas.
El 11 de abril de 1870, habiendo vivido veinte años en esta casa que fue reflejo fiel de los adelantos tecnológicos, del refinamiento de la época y espejo de su personalidad, Justo José de Urquiza era asesinado en la galería del Patio de Honor, en su dormitorio, junto a su familia.

Primera Etapa 1848 – 1853


La arquitectura de mediados de siglo XIX, denominada poscolonial, se caracterizó por sus espacios de factura simple. El diseño y la construcción se realizaban a partir de un patio cuadrado alrededor del cual se iban ordenando las habitaciones principales, contando con una galería que marcaba la transición entre el adentro y el afuera. Un gran zaguán constituía el ingreso con una puerta grande y sólida. A esta disposición elegida por Urquiza, con una línea este – oeste, se le colocaron dos miradores que enmarcan una galería frontal que le daba carácter a la residencia. La construcción de esta primera etapa se realizó con muros de ladrillos asentados en barro, con cubiertas planas de losas, cielorrasos de lienzo en las habitaciones, las aberturas conformadas por puertas y ventanas de madera, protegidas éstas con rejas de hierro y pisos de baldosas cerámicas. El frente de la casa se orienta al este, hacia el camino que conducía a Concepción del Uruguay.
Una gran puerta de dos hojas de madera se centraba en la galería como puerta principal, y a sus laterales se disponían dos grandes ventanales de cada lado.
El amplio zaguán conducía al patio central, y en sus laterales dos grandes puertas de doble hoja dan lugar al ingreso a las dos habitaciones más importantes de la casa: la Sala a la izquierda, y el Escritorio a la derecha.

Segunda Etapa 1853 – 1856


En 1853, Urquiza contrató al constructor y Maestro de Obras Don Jacinto Dellepiane, quien de inmediato se hizo cargo de la continuidad de la construcción a lo largo de tres años. Dellepiane se dedicó a ampliar la casa para cumplir con las múltiples necesidades funcionales tanto de la vida cotidiana de la familia como de la vida política de Urquiza. A diferencia de la construcción del primero, donde la mampostería de ladrillo se asienta en barro, para los muros construidos por Dellepiane ya se utiliza la cal.
En una de las habitaciones se instaló una máquina productora de gas de carburo que iluminaba la residencia.
La sobria arquitectura poscolonial podía entonces vestirse con elementos clásicos. Dellepiane trabajó sobre la fachada, organizando una amplia galería de siete arcos de medio punto que descansan en ocho columnas toscanas, fundiéndose las de los extremos en los muros existentes de las torres.
Como remate del frente, en la parte superior encontramos un friso dórico, formado por símbolos guerreros y triglifos que recorre toda la fachada, integrando los muros de las torres. Una gruesa cornisa la corona, inmediatamente sobre el friso romano, ubicando los pretiles y las barandas de hierro.
En 1856, Paul Doutre realizó los primeros trabajos en la residencia para la instalación de agua corriente. En principio la cocina, y la sala de baños contaron con este adelanto tecnológico. Diversos aljibes, sistema de recolección de agua de lluvia en los patios, cañerías, bombas y malacates fueron elementos fundamentales en la estancia para la provisión de agua.

Tercera Etapa 1857 – 1860

En 1857, Urquiza toma contacto con el arquitecto Pedro Fossati, italiano nacido en 1827, que se había graduado en el Politécnico de Milán, uno de los centros más prestigiosos de Italia.
Fossati inicia las tareas en San José, reformulando la Capilla. Decide construirla con una planta octogonal entendiendo que ordenaba mejor los espacios.
La capilla se orienta de este a oeste, en un eje de simetría espejada. Desde la puerta principal se accede al espacio octogonal, cubierto con la impactante cúpula. Al oeste se ubicó altar y retablo, bajo un cupulín, con dos accesos secundarios a los laterales, que vinculan a las dependencias de servicio.
Con una visión clara de conjunto pudo controlar los espacios abiertos y redecorar los salones, diferenciar áreas y embellecer los accesos. Su maestría profesional se manifiesta en cada rincón de la casa.
Fossati sugirió la construcción de un parral en hierro para jerarquizar el segundo patio, cuestión que se encargará a Don Tomás Benvenuto, destacado herrero.
Urquiza le encargó, además, una nueva cocina, central, de hierro y con detalles en bronce. Fue de alta tecnología para la época, ya que permitía con el mismo fuego, cocinar comidas diferentes. Tiene a su vez en las tapas de los hornos reguladores de entrada de aire, lo que le permitía aumentar o disminuir la combustión, y por consiguiente graduar cada cocción a la temperatura deseada.
La última construcción monumental de San José fue el Lago artificial. Esta obra se realizó en el gran parque posterior. Con una extensión de 180 por 120 metros y cinco de profundidad. Un paredón de 80 cm de ancho lo circundaba, completando su diseño una vereda perimetral, una verja de hierro forjado y un templete. Un sistema de bombeo extraía el agua de una laguna cercana.©

 

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