POSTALES | CERVECERÍA MUNICH | MAR2012
Cervecería Munich

El ecléctico edificio proyectado por Kalnay, que alguna vez fue centro de reunión de la aristocracia porteña alberga hoy a la Dirección General de Museos de Buenos Aires.

En 1920, arribó al Puerto de San Nicolás un buque sin bandera, que había partido de Nápoles con destino a Estados Unidos llevando refugiados europeos. Pero por una razón desconocida, cambió el rumbo en alta mar.
De ese barco bajaron dos hermanos húngaros que se habían embarcado de polizones, escapando de su tierra natal a causa de la ocupación comunista posterior a la Gran Guerra. Se llamaban Andrés y Jorge Kalnay, eran arquitectos y no hablaban una palabra de castellano. Sin embargo, pocos años después se convertirían en dos importantes referentes de la belle époque. Comenzaron como dibujantes y proyectistas de otros estudios, hasta que lograron instalarse por su cuenta y juntos proyectaron algunos edificios muy conocidos como el diario Crítica o el cine Florida. Más tarde, Andrés Kalnay fundaría su propio estudio, desde el cual construyó más de 120 obras.
A principios del siglo XX, la ciudad se encontraba en pleno proceso de modernización y desarrollo urbano. Argentina, “granero del mundo”, vivía un momento de riqueza que parecía no tener techo y Buenos Aires se miraba en el espejo de Europa. La población se multiplicaba por la inmigración y la urbe se extendía hacia los cuatro costados, incluyendo la ribera.
En 1918 se inauguró el Balneario Costanera Sur, dando el puntapié inicial para que la ribera del Puerto Madero se transforme en uno de los paseos más exclusivos de los porteños. Fue así que en 1926, el empresario catalán Ricardo Banus le encargó a Andrés Kalnay la construcción de una sucursal de la Cervecería Munich en ese balneario, con la premisa de que este edificio evocara las confiterías de la ciudad alemana.
El húngaro encontró en este proyecto, la oportunidad de desarrollar todo su talento creativo, incorporando un estilo ecléctico que mezclaba el art decó que hacía furor en la época, su gusto por la Escuela de Viena y el pintoresquismo tan característico de su tierra natal.
El edificio fue construido en tiempo récord: apenas cuatro meses y ocho días. Un poco porque Kalnay era famoso por su capacidad de producción, y otro poco porque todos sus elementos fueron prefabricados y montados luego sobre una estructura de hormigón armado que hubo que construir porque el suelo ganado al río era demasiado blando.
Kalnay proyectó un edificio con un sótano, planta baja y dos niveles con terrazas exteriores, inspiradas en las cervecerías- jardín de la ciudad de Munich. La cervecería tenía un cuerpo central, con un enorme hall rodeado por galerías perimetrales que lo separaban del exterior. Desde el hall salía una escalera helicoidal central y otras escalera secundarias que se comunicaban con las terrazas de la planta alta.
El arquitecto diseñó la totalidad del edificio: desde la estructura hasta los vitrales, las barandas, las lámparas y los muebles. Incluso la vajilla y las esculturas siguen su plan de obra, que remite al mundo de la cerveza y al folclore de la ciudad alemana.
Así, en las columnas (que fueron fabricadas a pie de obra) se pueden ver camareras alemanas llevando chops de cerveza, cabritos y cabecitas de animales. Si se observa con atención, unas de las figuras más repetidas son los cabritos y los monjes, una alegoría al origen de la cerveza negra: la historia cuenta que los monjes italianos de la orden de San Francisco de Paula en Baviera la utilizaban como sustituto de los alimentos durante los ayunos de Cuaresma. Además la palabra bock (negra) en varios dialectos germánicos significa macho cabrío.
Los frisos exteriores hacen alusión a la tradicional Oktoberfest y reproducen escenas de la vida cotidiana de Munich, tema que también se repetía en los vitrales originales. En los techos de los salones interiores están modelados los edificios de la Alcaldía y la catedral de esa ciudad.
En los pisos del salón principal, el león representa el principado bávaro; el pequeño monje símbolo y escudo de la ciudad; el barco representa el Río Isar que atraviesa Munich y, por último, el hombre vestido de levita y galera mostrando un chopp representa a los pobladores ricos que asistían a distintos patios cerveceros.
Entre las pocas creaciones que no llevan la firma de Kalnay, están las esculturas de las fachadas: las seis figuras que sostienen las letras de la palabra Munich. Fueron realizadas por el escultor alemán Enrique Swindsakcl.
Tampoco fueron diseñadas por el arquitecto las fuentes de Neptuno y Nayade que ornamentan los espacios verdes. Estas habían sido encargadas por el Presidente Mitre a la fundición francesa Val D`Osone, pero luego de peregrinar por varios parques encontraron su lugar definitivo en la cervecería.
Además de su característico diseño, la cervecería tenía la particularidad de tener una enorme capacidad de almacenamiento, refrigeración y distribución de cerveza.
El proyecto contemplaba la instalación de un equipamiento frigorífico tan grande que solo era superado por los establecimientos frigoríficos de exportación. Estas instalaciones, realizadas por el ingeniero Potthoff, se encontraban en el sótano e incluían una cámara para refrigerar 1000 barriles con un total de 50.000 litros de cerveza que llegaba directamente a las canillas de expendio de la planta baja.
La cervecería Munich inauguró el 21 de Diciembre de 1927, y con ella comenzó una época de apogeo de la Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires. Tan grande fue el impacto del edificio, que el gobierno de la ciudad proyectó un conjunto de establecimientos gastronómico a lo largo del paseo, a fin de concesionarla a distintas empresas. Con la premisa de mantener una unidad estética, los proyectos también fueron encargados a Andrés Kalnay, quién diseñó la cervecería Brisas del Plata, Juan de Garay (hoy demolida), La Alameda y Punch de Naranja. Un quinto edificio (que actualmente es el templo Beit Jabad) fue un “Chalet Modelo”, encargado por la Cruz Roja.
Durante treinta años la Munich, que contó con el financiamiento de Otto Bemberg, fue uno de los lugares preferidos de los porteños de la alta sociedad para disfrutar de tardes al aire libre como complemento del balneario, o exquisitas veladas durante las noches, acompañadas por la orquesta de señoritas desde el balcón.
Por sus salones pasaron personalidades de la política, el arte, el deporte y cuanto visitante ilustre pasara por Buenos Aires, como Antoine de St Exupery o el Príncipe de Gales. Nombres como Leopoldo Lugones, Lino Palacios, Alfonsina Storni, Belisario Roldan, Juan Manuel Fangio o Carlos Gardel, eran asiduos comensales de la cervecería en sus años dorados.
Pero en la década del sesenta, con la decadencia del balneario, el paseo de la costanera fue perdiendo su encanto, y la pintoresca cervecería no pudo sostener su viejo esplendor. El río estaba contaminado y de a poco se fue convirtiendo en un depósito de escombros y relleno que ganarían unos cuantos metros más al agua hasta poblarse de aves y plantas que hoy forman parte de la reserva.
A principios de los setenta, la Munich cerró definitivamente y el edificio fue abandonado. El vandalismo y los saqueos hicieron mella en su estructura y en ese período se perdieron muchos de sus elementos decorativos y sus valiosos vitrales.
El gobierno de entonces, que se debatía entre demoler el saqueado edificio o darle alguna utilidad, tuvo el tino de entregarlo a la vieja Entel con una concesión de veinte años, para que instale allí el Museo de Telecomunicaciones. Una acertada restauración, a cargo del arquitecto Rodolfo de Liechtestein, logró rescatar a la cervecería del abandono y salvarla de la demolición. Para esa tarea, se contactó con Kalnay quién brindó material de su archivo personal y planos originales. Su hijo Esteban (también arquitecto) se dió el lujo de participar en la restauración e incluso diseñó los nuevos vitrales “La dictadura se había empecinado con el edificio, y casi lo derriba. Por suerte, se pudo salvar del abandono y se recicló”, contó años más tarde Esteban Kalnay, en un reportaje brindado al Diario Clarín.
La vieja cervecería fue reacondicionada para una nueva función. Los pisos superiores se modificaron para albergar espacios de exposición, y en su vitrales y figuras aparecieron nuevos símbolos. Ahora, el logo de Entel convivía con los triángulos que conformaban la tradicional M, y los satélites de los vitrales reemplazaron las alegorías de las fiesta de la cerveza.
Con la privatización de Entel, el edificio pasó a manos de Telecom Argentina, que lo administró hasta el año 2002. Ese año, el Gobierno de la ciudad de Buenos Ares revocó la concesión vencida y recuperó la posesión de la cervecería con la intención de instalar allí la Dirección General de Museos de la Ciudad.
Por su historia y su morfología, este edificio ofrecía la posibilidad de llevar a cabo actividades de interés cultural. Además, la instalación del centro de museos potencia el Programa de Recuperación de la Rivera que lleva a cabo el Gobierno de la ciudad.
Hoy, el sótano que alguna vez albergó las cámaras de refrigeración, es un auditorio para conferencias, encuentros o seminarios, y sus terrazas y jardines vuelven a ser puntos de reunión cada vez que se realizan actividades artísticas o eventos. ©

 

 

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