POSTALES | USINA DE LAS IDEAS | FEB2012
Usina de las Ideas

El emblemático edificio de la Italo, en la Boca,
rebautizada como la Usina de las Ideas, está a punto de convertirse en la Sede
de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

Después de años de abandono, la usina vuelve a producir. Esta vez no es energía (… al menos no en el sentido estricto de la palabra) lo que saldrá de ese monumental edificio que alguna vez albergó las calderas, turbinas y los turbo generadores de electricidad de la Compañía Italo Argentina.
A partir de este año, la “Usina de las Ideas” se convertirá en la sede definitiva de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad y otras actividades artísticas.
Fueron necesarios dos años de arduo trabajo para recuperar y poner en valor el tradicional edificio que proyectara el arquitecto Juan Chiogna a principios del siglo pasado, para la que sería una de las principales empresas proveedoras de energía de la ciudad.
La Compañía Italo Argentina de Electricidad, que a pesar de su nombre era de capitales suizos, se había fundado en 1911, al obtener la concesión para la provisión de energía eléctrica para el sur de la ciudad de Buenos Aires, que luego se extendería hacia el Gran Buenos Aires y algunos lugares del interior de la provincia.
Apenas un año más tarde, la CIAE encaró la construcción de la que sería su usina principal, en la calle Pedro de Mendoza, en el corazón de La Boca.
Esta gran usina de vapor producía energía trifásica de alta tensión, que se distribuía por medio de una red especial. El sistema de distribución se completaba con las subusinas de transformación, en las que se convertía la energía a alta tensión en corriente contínua de baja tensión, y una red independiente de subestaciones de transformación estática que distribuían energía trifásica de baja tensión.
Casi todos los edificios, usinas, y subestaciones de la Italo fueron proyectados por el arquitecto italiano Juan Chiogna, quién dejó su impronta adaptando el estilo neogótico lombardo a la arquitectura industrial. Un poco por honor a su origen, y otro poco porque esta estética se integraba perfectamente con la arquitectura de los diferentes barrios residenciales en los que se instalaban.
Para la construcción de la usina principal, Chiogna proyectó un enorme edificio, de tres plantas con fachadas de ladrillos, sobre un basamento de piedra gris y ventanales de hierro. Si bien es un típico exponente de la arquitectura ladrillera de las industrias de principios del siglo, esta construcción tiene ciertas reminiscencias del palacio de los Sforza, en Milán.
La gran usina fue construida en etapas: la primera se inauguró en 1915, la segunda al año siguiente y una tercera etapa en 1926 que le dio el carácter definitivo a este edificio en forma de L, con un patio de honor entre ambos pabellones y la característica torre del reloj, que se convirtió en el símbolo del palacio.
Así como el Palacio de las Aguas, con su frente tan ornamentado, no contenía otra cosa que enormes depósitos de agua, el Palacio de la Italo guardaba en su interior un complejo sistema de calderas y turbo generadores.
En la nave principal se encontraban 12 calderas que producían vapor para impulsar las turbinas generadoras de energía. Los turbo generadores se encontraban en la nave contigua, más pequeña.
Las calderas trabajaban por combustión de petróleo (en épocas de escases, se quemaron otros combustibles, como carbón, maíz, fuel oil, y finalmente gas) Tanto el combustible como el agua, provenían de la Dársena Sud, por medio de cañerías que conectaban la usina con el río y con las lanchas de aprovisionamiento. El agua de refrigeración volvía al río por medio de un canal de descarga.
Durante muchos años, la usina fue generadora de gran cantidad de la energía que se consumía en Buenos Aires y alrededores, además de ser la mayor fuente de mano de obra del sur de la ciudad. Incluso había construcciones auxiliares al edificio principal, que estaban destinadas a personal técnico, administración y vivienda de jefes y funcionarios de la empresa.
A fines de los setenta, cuando se produjo la estatización de la compañía, los bienes pasaron a pertenecer a la esfera de SEGBA. El edificio de Pedro de Mendoza pasó por las manos de Edesur y también fue operado durante un tiempo por Acindar, hasta que se decidió cerrarlo por lo altos costos operativos de esta central. En 1997, las instalaciones fueron desmanteladas y sus componentes, vendidos. El viejo edificio pasó a integrar la larga lista de bienes de la ONABE, el organismo que administra los bienes residuales del Estado, quién le otorgó un permiso de uso a la Secretaría de Cultura de la Nación. Desde entonces se barajaron varios proyectos, incluyendo un convenio firmado entre esta Secretaría y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por el cual se intentó desarrollar allí un proyecto para instalar un auditorio musical.
Finalmente, el edificio fue adquirido por el Gobierno de la Ciudad, con la doble finalidad de resguardar el valor patrimonial, histórico y arquitectónico del edificio, además de reacondicionarlo como sede definitiva de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Durante casi dos años, se restauraron las fachadas, devolviéndoles su aspecto original a los ladrillos, carpinterías y molduras. Se reemplazaron las cubiertas metálicas existentes, para colocar una nueva cubierta en ambas naves que asegure la insonorización del edificio, sobre todo teniendo en cuenta la cercanía de la autopista.
En el interior, se ejecutaron todas las estructuras de sostén metálicas y en hormigón armado para las salas de Ensayo, de Cámara y Sinfónica, las escaleras y demás construcciones complementarias. Además, se realizaron las terminaciones y revestimientos interiores para acondicionar la acústica de las salas de música.
Hoy, el proyecto contempla una superficie de 15.000 metros cuadrados, compuestos por dos salas principales además del foyer y una serie de salones y anexos que lo hacen óptimo para diferentes eventos artísticos y culturales.
La Sala Sinfónica y Filamónica tiene capacidad para 1200 butacas, distribuidas en tres niveles de palcos, pullman y bandejas laterales. Tiene 18 accesos, contando los del público en general, y los de circulación interna de músicos e instrumentos. La Usina cuenta con una Sala de Ensayos, que es la réplica exacta del escenario de la Sala Sinfónica.
La Sala de Cámara es más íntima, con una capacidad para 400 espectadores, en dos nievels de palcos laterales y un nivel de platea.
El Foyer se proyectó en el centro del conjunto edilicio, y funciona como distribuidor entre las diferentes salas y demás espacios. Este espacio guarda el carácter industrial del edificio, dejando a la vista los muros originales, resguardados por una cubierta de vidrio que permite una iluminación cenital natural.
El complejo se completa con el Salón Dorado, que es un espacio de 12 metros de alto que permite ser utilizado para diversos fines, una Sala de Exposiciones ubicada debajo del Salón Dorado, el Patio de Acceso que conserva el adoquinado original, la torre principal con el reloj, el tanque cisterna y las antiguas vías.
En el anexo Pedro de Mendoza se proyecta instalar los sectores administrativos, en el anexo Calle Interna se encuentra el depósito de pianos de cola, biblioteca, salas de grabación, bar para músicos y un camarín para el director y para el solista. Debajo del Foyer se instaló una batería de 12 camarines para los músicos, cada uno con capacidad para cuatro personas.
El proyecto se llevó a cabo en dos etapas. En la primera etapa se hicieron dos entregas: en julio del año pasado se habilitaron el Patio de Acceso, el Salón Dorado, la Sala de Exposiciones y dos niveles del anexo Pedro de Mendoza.
En Septiembre se terminó el Foyer, la Sala Sinfónica, los vestuarios, los ascensores, la boletería y el resto de los niveles del anexo Pedro de Mendoza. Esta etapa concluyó 9000 metros cuadrados.
Actualmente se está ejecutando la segunda etapa del proyecto total, que finaliza con las obras de las Salas de Cámara y de Ensayo, las áreas de apoyo y el anexo de la Calle Interna.
La Usina de la Ideas, además de crear un espacio propio para la Orquesta Sinfónica que hasta el momento no lo tenía, se convierte en un ejemplo de restauración y puesta en valor de uno de los edificios más emblemáticos del sur de Buenos Aires. ©

 

 

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