El Museo Evita

En el barrio de Palermo, un petit hotel que fué hogar de tránsito de la Fundación Eva Perón,
alberga el museo sobre la vida y obra de una de las mujeres argentinas
más destacadas del siglo pasado.
La Mansión de los Carabassa

“En mis hogares ningún descamisado debe sentirse pobre.
Todo debe ser familiar, hogareño, amable. Mis hogares son generosamente ricos”
(Eva Duarte de Perón)
Si existe un edificio que resume ese concepto, es el que hoy alberga el Museo del Instituto de Investigaciones Históricas Eva Perón. Más conocido como el “Museo Evita”, este edificio de la calle Lafinur al 2800 se ha convertido en el segundo más visitado por los turistas de Buenos Aires. Un edificio que encierra, además de la vida y obra de Eva, un trozo de historia argentina que supo salvarse de la intolerancia.
Una historia que comienza en las primeras décadas del 1900, cuando el país se perfilaba como el granero del mundo y la arquitectura Argentina era un fiel reflejo de esa sociedad que crecía a imagen y semejanza de Europa. El neoclasicismo y el pintoresquismo le dieron una impronta particular a los barrios más ricos de Buenos Aires. Fue la época de los grandes palacios institucionales, y también de los palacetes privados, muchos de ellos diseñados y construidos por arquitectos formados en el viejo continente.
Estanislao Pirovano, arquitecto nacido en Buenos Aires que comenzó su carrera en la Escuela de Arte de Glasgow y se recibió de arquitecto en la Escuela de Arquitectura de París, fue uno de los mayores exponentes del “Tudor Revival” en nuestro país, con edificios en los que se mezclan los característicos estilos ingleses (Tudor, Isabelino, Jacobieano y Georgiano) con elementos normandos y neocoloniales. Graduado en 1914, Pirovano regresó al país y en 1923 fue convocado por Don José de Carabassa para darle su impronta definitiva a un petit hotel que había construido una década antes en pleno barrio de Palermo.
La Mansión Carabassa está (como casualmente ocurre con muchas de las obras de Pirovano) emplazada en una esquina, y muestra el estilo ecléctico de su autor. Diferentes tipos de arcos, desagües de hierro a la vista, pináculos, frisos esculpidos y mansardas de tejas chatas conviven con aditamentos platerescos y neocoloniales. Pirovano amplió la casa existente, agregando un nuevo cuerpo con entrada de carruajes y la torre de cuatro pisos sobre la calle Lafinur.
En su interior, los ambientes se articulaban en torno a una escalera central, que une el gran salón recibidor de la planta baja con el importante comedor del primer piso. La decoración interna mezcla elementos del renacimiento español, con profusión de frisos con ángeles y demonios, y patios andaluces.
A pedido de los Carabassa, familia de comerciantes y banqueros que buscaban marcar su lugar dentro de la burguesía porteña, Pirovano dotó a la mansión de figuras fantásticas, escudos heráldicos y personajes relacionados con la navegación como Colón, Magallanes y Vasco da Gama.


El Hogar de Tránsito

“Hubo, al lado de Perón, una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo,
que luego Perón convertía en realidades.
Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera:
De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita”.
(Eva Duarte de Perón)

En enero de 1944, María Eva Duarte conoció al general Perón en un acto a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. Por ese entonces, Juan Domingo Perón ocupaba el Ministerio de Trabajo del gobierno de Farrel, y ella era una joven actriz en ascenso.
Evita y Perón se casaron el 22 de Octubre 1945 en Junín, apenas cinco días después de la gran manifestación que marcaría el inicio de una nueva era política, que llevaría a Perón al poder en 1946, enarbolando la bandera de la justicia social y convirtiéndolo en el líder del primer movimiento de masas del país.
Cuando Eva se convirtió en Primera Dama tenía apenas 26 años. Era provinciana, actriz e hija ilegítima. Encerraba en sí misma todo lo que la alta aristocracia despreciaba y temía. Tanto, que le negaron el cargo de presidenta honoraria de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires (que desde que fue fundada por Bernardino Rivadavia se le ortogaba a la primera dama). Las señoras adujeron como excusa que por su edad carecía de la experiencia necesaria, aunque también rehusaron la propuesta de Eva de designar en ese lugar a su madre. El resultado fue terminante: Perón prohibió la Sociedad de Beneficencia y el 9 de junio de 1948 Evita le daría carácter formal a su tarea de ayuda social, creando la Fundación María Eva Duarte de Perón. Lo hizo con un capital inicial de 10.000 pesos, pero rápidamente se multiplicó hasta tener un presupuesto millonario. Si bien el 70 por ciento de sus ingresos provenían de aportes sindicales, también recibía algunas donaciones particulares y parte del aparato del estado puesto a su servicio, ya que la fundación recibía dinero de diversos ministerios y secretarías de estado.
Las primeras obras edilicias que llevó a cabo la Fundación, fueron los Hogares de Tránsito. En Buenos Aires funcionaron tres hogares que en conjunto atendián un promedio de 2500 personas que acudían allí en busca de refugio provisorio: madres solteras, mujeres en situación de riesgo, hombres y mujeres con problemas de trabajo o alojamiento, muchos de ellos recién llegados del interior que no tenían dónde ir.
En 1948, la aristocrática casona de los Carabassa fue adquirida por la Fundación Eva Duarte, para instalar allí el Hogar de Tránsito Nº 2, destinado únicamente a mujeres y niños que Evita puso bajo la estricta mirada de la Hermanas del Huerto.
La mansión fue adaptada para su nuevo uso: llegó a tener una capacidad de 80 camas, más las cunitas de los bebés, sin perder un ápice de su lujo anterior.
En el primer piso se dispusieron varios dormitorios y baños, y el patio andaluz coronado por la virgen de Covadonga fue reacondicionado como lugar de estar. En esta planta también se instaló la enfermería, una capilla y la sacristía, y el gran salón comedor.
El segundo piso albergaba a más dormitorios y la “guardería”, como se llamaba a la salita de cunas, donde quedaban los bebés al cuidado de una de las monjas de la Orden del Huerto, mientras sus madres estaban fuera del hogar.
La decoración de los hogares no estaba librada al azar, se colocaron muebles y adornos de la mejor calidad posible, buscando crear en la persona que los viera, cierta reacción “buscaba que la gente pobre supiese porqué tiene que luchar, que si no sabían lo que existía, nunca sabrían a dónde tenía que llegar”.
Pese a la creencia generalizada, no importaban las creencias religiosas ni las ideas políticas de las mujeres alojadas, ni siquiera se les pedía una afiliación. Los requisitos para ingresar en el Hogar eran variables, muchas veces se trataba de personas que Eva Perón había recibido en su despacho en La Fundación, a quien le entregaba un simple papel que decía: Alojar.
El reglamento de la Fundación daba un plazo para resolver los problemas que oscilaba entre los 8 y 15 días, excepcionalmente y mediando razones especiales y justificadas, podrían excederse en 5 días más. De cualquier manera era muy difícil medir el tiempo exacto de permanencia, porque por regla general, no se despedía a nadie sin solucionar antes su problema.
Mucho se ha hablado acerca del dinero que recibía la Fundación, en medio de denuncias de extorsión y aportes obligados. Lo cierto es que casi todo se ha perdido cuando la Libertadora, en su afán de borrar todo lo que tuviera que ver con Perón y Eva, mandara a liquidar los bienes de la Fundación.



El Museo Evita

“La Subsecretaría de Informaciones del Estado cumple con el penosísimo
deber de informar al pueblo de la República que a las veinte veinticinco
entró en la inmortalidad la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación”


Pasaron sesenta años de aquel día, y Evita sigue despertando amores y odios. No debe haber figura menos indiferente a cualquier argentino que la de esta mujer que supo ser la abanderada de los humildes para unos, y la mujer del látigo para otros. “Esa mujer” como la llamaban los que no querían ni nombrarla, hizo en siete años lo que no se había hecho en un siglo.
La mujer que había nacido como Eva María Ibarguren, reconocida como Duarte en la escuela, que había alternado el nombre de Eva Durante en los primeros años de su carrera y finalmente adoptó el nombre oficial de Eva Duarte de Perón al casarse con el General, acaba de fallecer víctima de un cáncer de cuellos uterino a los 33 años. El 26 de julio de 1952 moría Evita, nacía el mito.
El 16 de Septiembre de 1955, un golpe militar derrocaba el gobierno de Perón. A pesar de las palabras de Lonardi asegurando que no habría vecedores ni vencidos, la Libertadora intentó borrar todo rastro de esa época. La Fundación Eva Perón fue saqueada, y todo lo que relacionara directa o indirectamente a Perón y a su esposa fallecida, fue destruído, desarmado o subastado. Así como se subastaron obras de arte, vestidos y joyas, se quemaron sábanas y frazadas que ostentaban la etiqueta de la Fundación. Hasta se derrumbó la Mansión Alzaga Unzué de Austria y Libertador, en la que Evita murió, sin importar que la misma habia sido, durante décadas, la residencia oficial de los presidentes argentinos.
Extrañamente, el Hogar de Tránsito Nº 2, ex casa Carabassa, se salvó de la picota y la propiedad pasó a manos del estado, que la destinó a dependencias del Ministerio de Salud hasta el años 2000. El edificio fue declarado Patrimonio Histórico por la Comisión Nacional de Museos y protegido por la Legislatura Porteña, y finalmente fue cedido a la Fundación de Investigaciones Históricas Eva Perón para instalar allí la sede de su Museo.
Un Museo que intenta reconstruir la historia y la figura de quien fue quizás la mujer más emblemática de la Argentina, de tal manera que sea ella la que lo narra en primera persona. La tarea no fue fácil, sobre todo por que la Revolución Libertadora había prohibido por el decreto 4161, conservar todo objeto ligado al régimen peronista y a sus líderes. Muchos elementos fueron quemados y destruidos cuando se derrumbó la mansión Alzaga Unzué, otros fueron escondidos durante muchos años, y otros fueron a parar al depósito del Banco Ciudad hasta la década del 80, cuando fueron devueltos a la familia Duarte Ibarguren.
Vestidos, datos, fotos, discursos, objetos personales y de su obra, forman parte hoy de este museo, concebido como un espacio dinámico en el cual se puede entender a Eva desde aquella niña que fue despreciada en el funeral de su padre hasta la Primera Dama que fue admirada en Europa. El Museo Evita abrió sus puertas en julio del 2002, para el cincuentenario de la muerte de Eva y desde entonces, es el lugar en el cual amantes y detractores, pueden sentir y comprender a esta mujer desde su misma perspectiva. ©
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